Collin Morikawa aterriza en TPC Sawgrass justo cuando empieza a recuperar la mejor de sus sonrisas: ha vuelto a ganar, brilló la semana pasada en Bay Hill y parece que le empiezan a encajar de nuevo las piezas del puzzle. No es que cayera muy abajo, pero está llamado a pelear por cada gran cita y parece que se encuentra en el camino de vuelta. Esta semana tiene un gran test.
En la previa del The Players, torneo que ha jugado seis veces, Morikawa no se ha escondido y ha puesto encima de la mesa tres cambios muy específicos que cree que han sido fundamentales para empezar a recuperar su mejor versión: físico, swing y calendario. El golf no son matemáticas, ya lo saben, pero siente que estos tres factores le están dando resultados.
El primero es el físico. Morikawa ha explicado que entre octubre y diciembre hizo, por primera vez con continuidad, un trabajo serio para “arreglar” el cuerpo. Venía de temporadas en las que competía con soluciones provisionales —lo dijo así, como ir poniendo “tiritas”— y llegó un punto en el que entendió que eso le servía para sacar vueltas, pero no para ganar con regularidad. La zona a la que señaló es la parte baja de la espalda. Necesita movilidad ahí para poder girar, separar tren inferior y superior y mantener la postura a través del impacto. Puede que en vídeo parezca todo correcto, pero si el cuerpo no acompaña, el golpe que quiere pegar no sale como lo imagina. Ha hecho mucho gimnasio para fortalecer la zona.
El segundo cambio es el swing, pero no como un mero ajuste. Es una consecuencia directa del primero: cuando la espalda se mueve, su swing vuelve a ser su swing. No habla de reconstruir la mecánica, sino de recuperar la capacidad de pegar el golpe que tiene en la cabeza sin que el cuerpo le pida permiso. Collin quiere reducir el margen de error y evita caer en la trampa de probar diez soluciones distintas hasta dar con una que funcione ese día. Confiesa que ha hablado varias veces con Viktor Hovland que es de sobra conocido en los problemas que se ha metido por los constantes cambios de swing.
Así lo explica el norteamericano: «De octubre a diciembre del año pasado— fue la primera vez que puse el tiempo y la energía suficientes en arreglar de verdad mi cuerpo. No significa que vaya a ser el mismo de cuando tenía 22 y me hice profesional. No significa que vaya a ser el mismo de hace tres años. Pero hice el esfuerzo de cuidarme, estar sano, asegurarme de que todo se mueve como debe. Así, cuando salgo a calentar y pegar bolas, no estoy calentando el cuerpo: estoy calentando mi juego y sincronizándome».
Las consecuencias no se han hecho esperar y es que de los dos primeros cambios ahora imprime más velocidad de palo en la bajada. Morikawa reconoce que está teniendo números más altos, pero insiste en que no lo buscó como objetivo y que llegó como efecto de estar más fuerte y más sano.
El tercer cambio es su calendario. Este año quiere competir por bloques para construir ritmo. Morikawa dijo que el formato “una semana sí, otra no” le rompía la rutina: entre viajes, trabajo físico y obligaciones fuera del golf, una semana en casa no son siete días reales. Prefiere encadenar torneos, aprovechar la inercia y llegar con sensaciones repetidas, no reiniciadas.
Centrados en esta semana, hay muchos expertos reconocen que este campo debería entrarle por los ojos, pero la realidad es que su bagaje no es ni mucho menos deslumbrante. Cinco cortes superados en seis años hablan de regularidad, pero la realidad es que apenas suma un top ten que llegó precisamente hace doce meses. Veremos si la nueva versión de Collin está lista para dar el salto definitivo y pelear por el quinto Major.


