Las dos victorias consecutivas de Scottie Scheffler en el Arnold Palmer y el THE PLAYERS, dos torneos de altísimos vuelos, han disparado las expectativas y, parece, convencido al más escéptico de los aficionados o analistas: no sólo es un Número Uno legítimo y de pleno derecho, sino que además lo parece. No sólo lo es, sino que además se valora si no estará definitivamente llamado a instaurar una hegemonía. Bienvenidos a la Era de Scottie Scheffler, titulaba ayer Golf Digest su crónica final del torneo.
Ante la avalancha de datos y opiniones acerca de este gran campeón, puede ser un excelente momento para viajar diez años atrás en el tiempo en busca de referencias genuinas, cristalinas, de ninguna manera contaminadas. ¿Y por qué exactamente diez años? Muy sencillo: hace casi una década (el 15 de mayo de 2014) Scottie Scheffler jugaba por primera vez un torneo del PGA Tour, el Byron Nelson Championship de aquel año, en el TPC Four Seasons Resort (Irving, Texas). Lo hacía con una invitación y como lo que era entonces, un imberbe amateur de 17 años que nunca hasta la fecha había jugado un torneo de profesionales, y mucho menos del mejor circuito del mundo.
No era ninguna tontería aquella cita, aunque tampoco fuera de las más señaladas en el calendario, con dos top ten del mundo presentes (Matt Kuchar, Número 5, y Jordan Spieth, Número 8) y más de la mitad del top 50 mundial en la parrilla de salida. Scheffler pinchó en el tee del hoyo 10 el 15 de mayo de 2014 a las dos de la tarde, iba en el último partido de la jornada, y sus compañeros de juego fueron Kevin Kisner y Hudson Swafford. A la misma hora, pero por el tee del hoyo 1, salía a jugar un joven de Florida que ya venía pisando fuerte al otro lado del charco, en Europa, pero que todavía no era miembro de pleno derecho del PGA Tour, un tal Brooks Koepka…
El arranque del adolescente Scottie fue el que cabía esperar, nada que fuera a escandalizar o decepcionar a nadie: parcial de +4 por sus primeros diez hoyos y algo más que zozobras en su juego, pues apenas había cazado tres greenes en regulación. Sin embargo, después de hacer bogey en el hoyo 1, el décimo de su vuelta, algo comenzó a cambiar, si no lo hizo radicalmente: los últimos ocho greenes los cazaba en regulación y firmaba un parcial de tres menos, gustándose y pegando tirazos, dejándose además por el camino buenas opciones de birdie. Se habían acabado las tonterías y comenzaba a mostrarle al mundo quién era y a qué aspiraba.
Su hermana Callie, dos años mayor, le hizo de caddie, igual que ocurriera cuando el verano anterior, en 2013, Scottie ganó el US Junior y luego cayó en los cuartos de final del US Amateur. Y fue ella quien en aquel Byron Nelson, que hoy cobra mayor trascendencia como punto de partida de una leyenda, durante la tercera ronda, se dirigió a su hermano con astucia en el hoyo 2, un par 3 de 218 yardas, para susurrarle casi al oído si estaba seguro de que no prefería pegar con el hierro 5… Scottie había cogido el hierro 4, pero le hizo caso y el asunto, unos segundos después, terminaba en hoyo en uno, para estupor de Kevin Kisner, que había sido su compañero de partido en las dos primeras rondas y también lo era en la tercera.
Scheffler cerraría el torneo en una fantástica 22ª posición, un acumulado de cuatro menos y tres rondas por debajo del par (71-68-69-68), una sobresaliente actuación tratándose de un amateur de sólo 17 años que aún no había pisado la universidad y para el que sólo la remota posibilidad de pasar el corte ya debiera ser motivo de celebración. El viernes, por cierto, pasó dicho corte con cierto margen, aunque no fuera hasta el hoyo 17 cuando lo certificaba, embocando un putt de birdie desde unos diez metros.
El domingo, según contaba ESPN.com en su día en un brillante artículo, la salida de Scottie en el hoyo 72 se fue muy cerca de un árbol. Allí mismo, unos metros por detrás, alguien observaba con curiosidad y se preguntaba qué sería capaz de hacer el imberbe para evitar las ramas bajas del árbol que cerraban cualquier posibilidad de realizar un disparo medio normal. Era Randy Smith, su entrenador de entonces, como lo es hoy. Scottie sacó el hierro 5, otra vez el bendito hierro 5, el del ace del día anterior, y pegó un misil tierra-tierra, a ras de hierba, para llevar la bola a la entrada del green y luego felizmente completar la recuperación.
Seguramente poco le importaba a Randy lo que hiciera su pupilo, a esas alturas del torneo. Incluso le hubiera parecido razonable que Scottie decidiera sacarla sencillamente a calle. Pero una vez ejecutó aquella pequeña maravilla Smith esbozó una sonrisa, sacó el puño y acertó a decir “que increíble golpe de golf”, complacido con el hecho de que Scottie hubiera mostrado la confianza para llevarlo a cabo.
Una vez finalizado el torneo, el resumen final del joven jugador, la última sentencia, fue un sencillo “ha sido divertido”. ¿Nos suena de algo? Diez años después sigue siendo una de sus sentencias preferidas ante los medios. Genuino Scheffler.
(Contémoslo todo: tres semanas después Scheffler volvió a jugar otro torneo del PGA Tour, el Fedex St. Jude Classic, y esta vez fallaba el corte. Sólo faltaría. Pero la semilla ya estaba a buen recaudo, enterrada en tierra fértil).



