Hovland ha ganado el Valspar en un gran final ante Justin Thomas, pero todavía no las tiene todas consigo en el aspecto meramente técnico. Todavía siente que su swing está cogido con alfileres y no está cómodo en el campo. Una verdadera paradoja, casi incomprensible para los terrícolas, cuando acaba de ganar un torneo en un campo muy exigente.
“Sí, mi juego sigue sin ser genial. Sigo pegando los mismos golpes que todo el año, la verdad. Pero esta semana he logrado un ritmo excelente. Sentía que cada buen golpe que pegaba en realidad lo estaba salvando a la perfección, porque el palo no está en el mejor lugar para mí al bajar. Ya no es lo que era. Así que ya no puedo confiar en mis sensaciones anteriores porque el palo está en una posición diferente y tengo que cambiar mi patrón de lanzamiento para que funcione. Increíblemente, lo he logrado y pude ganar, y creo que es algo de lo que estoy muy orgulloso: poder presentarme a un evento del PGA TOUR en uno de los campos de golf más difíciles que jugamos durante todo el año y aun así ganar sin mi mejor juego. Así que creo que es genial, algo de lo que estoy muy orgulloso, pero al mismo tiempo hace que este juego sea mucho más estresante de lo que creo que debería ser”, ha razonado en la rueda de prensa del ganador.
¿Y cómo se las ha arreglado para poder producir la enorme cantidad de golpes buenos que hacen falta para ganar un torneo a 72 hoyos y en un escenario, hay que insistir, muy complicado? Esta era su explicación:
“He estado grabando muchos videos y enviándoselos a Grant, y Grant estuvo aquí a principios de semana e hicimos un buen trabajo (se refiere a Grant Waite, coach que trabajó con él el año pasado y ha vuelto a incorporarse al equipo del nórdico hace unas semanas, después de fallar el corte en el Arnold Palmer). Siento que impulsamos las cosas en la dirección correcta. No solucionó nada en absoluto, pero definitivamente mitigó algunos de los problemas que ya estaba haciendo. Así que me sentí un poco más cómodo gracias a eso. Pero sí, los problemas siguen siendo los mismos. Pero obviamente, cuando logras impulsar las cosas en la dirección correcta, al menos te da algo cuando estás en el campo de golf”.
El nórdico, que se apuntaba al Valspar a última hora, reconoce que está muy orgulloso de haber sido capaz de volver a ganar, pero se sigue mostrando muy escéptico cuando, por ejemplo, se le habla de esta gran cita que está ya a la vuelta de la esquina, el Masters de Augusta. “Algunos de los problemas que estoy teniendo me van a dificultar mucho competir en Augusta si no los corrijo, si no veo mejoras. Es simplemente un campo de golf diferente. Vas a usar muchos hierros largos en pares 4 y tienes que golpear bastante lejos porque las calles son bastante anchas; es más como un paraíso para los bombarderos, a diferencia de este lugar, donde se trata más de ser preciso desde el tee. Así que todavía hay algunas cosas que necesito mejorar, pero por suerte tenemos dos semanas y es bueno tener esto en mente antes de Augusta”.
La victoria en el Valspar, por tanto, ha sido algo así como un poderoso analgésico que le ha quitado el dolor de cabeza, pero que en ningún caso le ha servido para sentir que los malos tiempos han quedado definitivamente atrás. Muy al contrario, Hovland cree que todavía no ha encontrado la naturalidad en su swing y que el éxito en el Coperhead se debe más bien al magnífico funcionamiento de unos parches de urgencia, si se puede decir así. Viktor ha vuelto a ganar, pero no da por finalizada la rehabilitación. Así es el golf. Y así es Hovland.



