No es fácil realizar un análisis objetivo de la primera vuelta de Tiger Woods en el Masters de Augusta. El garabato de la tarjeta indica que ha hecho 73 golpes y que se encuentra a nueve impactos del líder, Jordan Spieth. Objetivamente es un mal comienzo para el jugador californiano, pero las valoraciones subjetivas dependerán de dónde tuviéramos el umbral de nuestras expectativas respecto a Tiger.
Si uno toma como referencia el 82 de Phoenix o la retahíla de filazos y saltos de rana que produjo entre diciembre y febrero, casi habría que darle la enhorabuena a Woods por el trabajo que ha realizado para llegar a punto al Masters. Sin embargo, si uno piensa en todo lo que ha hecho este jugador y en sus propias sensaciones esta semana, donde aseguró que estaba listo para competir por la victoria, entonces su primera ronda sólo puede ser mediocre. Todo depende del cristal con el que se mire.
La realidad es que Tiger ha hecho una vuelta decente, adjetivo que no era fácil aplicar a sus últimas actuaciones, pero sin más. Es cierto que ha mejorado sus prestaciones alrededor de green. Su juego corto, de hecho, fue de lo mejor de Tiger en la primera vuelta. Sin embargo, sigue dejando dudas con su drive, escapadas como la del 9 a la calle del 1 no ayudan nada, o su putt. No metió ninguno importante y comenzó con un tripateo para bogey.
Sí recordó al Tiger de siempre en los pares 5. Consiguió hacer birdie a tres de los cuatro, y birdies fáciles. En el 15 se tuvo que conformar con el par, pero fue un gran par después de irse al agua.
Lo que más llamó la atención fue la actitud de Woods. Se le vio muy desesperado desde el principio. Ya cuando falló el putt de par en el hoyo 1 hizo un gesto feo, agresivo, un desplante de rabia. Después, durante la ronda, se quejó cada vez que dio un mal golpe. Dejó caer el palo hasta en tres ocasiones y en el tee del hoyo 15 dijo en voz alta «Tiger, idiota», tras fallar por la derecha el drive.
Tiger está convencido de que su juego está lo suficientemente bien como para pelear por la victoria y confiaba en que abriría el Masters con una vuelta bajo par. De ahí su desesperación. Es cierto que ha dejado buenas sensaciones y algunos golpes, especialmente alrededor de green, de mucha calidad, pero no consigue mantener una línea sólida y regular en su juego. Al menos, de momento. «El juego corto es la parcela más fuerte de mi juego y es la razón por la que he estado trabajando tan duramente estos días, para recuperarlo», señaló. Un consuelo.



