Jon Rahm (+9) ha despedido su primera defensa del Masters de Augusta con una tarjeta de 76 golpes este domingo, la segunda peor de su carrera, con tres bogeys, dos dobles bogeys y tres birdies. Han pasado muchas cosas en su vuelta, algunas extraordinarias, como el birdie desde la calle en el 7, pero la gran mayoría negativas, caso de la liada en el 10 o el parcial de +2 en los pares 5.
Asegura el de Barrika que hoy se ha sentido mejor con su swing, pese a que el resultado diga lo contrario. «Ha sido una de esas semanas en las que no ha salido nada, da rabia jugar tan mal el año que tú tienes que poner la chaqueta verde, pero es lo que hay». Rahm termina en el puesto 45º, empatado con Olazábal, su peor clasificación en el Masters de siempre con su peor resultado acumulado. También es la primera vez que no consigue ninguna vuelta por debajo del par.
No obstante, más allá de estas cuestiones negativas, que son absolutamente evidentes y a las que Jon tampoco le pone paños calientes ni quiere ir más allá (es de los que prefiere hacer borrón y cuenta nueva rápido cuando las cosas van mal), la semana deja también dos sorpresas adversas. Una para la que piensa poner remedio ipso facto, y otra a la que prefiere darle la importancia justa.
La primera tiene que ver con LIV Golf. Rahm ha reconocido hoy que el trato de algunos golfistas hacia él ha cambiado para mal desde que se ha marchado a la liga saudí. Hay que tener en cuenta que esta semana era la primera vez que se veía con muchos desde que decidió dar el salto del PGA Tour a LIV. «Sí que he notado algunas actitudes hostiles. Hay jugadores con los que antes tenía una relación cordial y ahora no me saluda. Es así. Sabía que podía ocurrir y venía preparado. No le doy más importancia. Si alguien decide cambiar su relación conmigo por mi decisión, allá él. También ha habido algunos jugadores que no sabía muy bien qué esperar de ellos y que, sin embargo, me han dado un abrazo cuando nos hemos visto. No le doy más importancia», señala el golfista vizcaíno.
La otra sorpresa pertenece a la esfera técnica del juego, o más bien a la estrategia en Augusta. Hasta esta edición, el hoyo donde mejor resultado acumulado tenía Rahm era el 2, primer par 5. Su parcial en sus siete primeras participaciones era de -20. Era el mejor de largo, con cinco golpes de diferencia respecto al 13. Pues bien, esta semana el parcial en ese hoyo 2 es de +1.
¿Qué ha cambiado? Tiene una explicación. El Masters ha estrenado este año en ese hoyo un nuevo tee situado un poco más a la izquierda y más atrás. El nuevo ángulo y la distancia añadida han hecho que Rahm, en tres de los cuatro días, haya terminado en el búnker derecho de la calle, una posición desde la que ya es imposible tirar de dos a green. Necesita cerrar un poco más la bola desde el tee para librar la trampa y no lo ha conseguido ningún día.
Lo cierto es que a Rahm, aunque puede hacerlo en ocasiones, le cuesta cerrar la bola con el driver. Por ese motivo, ha tomado buena nota de lo que ha pasado y asegura que cambiará la estrategia en el futuro. «Creo que a partir de ahora voy a salir en ese hoyo con madera 3, aunque la deje arriba, al menos tendrá una opción de tirar de dos», afirma. Además, si consigue cerrar la bola también puede llevarla abajo. Dicen que siempre se aprende algo nuevo en el Masters. Jon se lleva esta nueva hoja de ruta.
Por último, aún es pronto para pensar en el PGA Championship, el próximo Grande. Prefiere tomárselo con tranquilidad. «No creo que ir picado a un Grande sea lo mejor. Calma. Ya habrá tiempo de hacer la lectura adecuada de lo que ha pasado esta semana, que tampoco me va a llevar mucho tiempo, y a pensar en el PGA. Antes tengo un largo viaje a Australia y Singapur para jugar en LIV. Ya habrá tiempo de pensar en el PGA».
Lo que síi va a ser una motivación va a ser poner hoy la chaqueta verde a otro jugador. «Será una imagen bonita que quedará para siempre. Va a estar bien. Si se la pongo a Scottie, sería gracioso. Él me la puso a mí y ahora yo, como hicieron Nicklaus y Palmer y Tiger y Phil, aunque no me estoy comparando con ellos. Eso sí, ponerle la chaqueta a otro, seguro que me va a servir de motivación para el próximo año», remata.



