José María Olazábal (+9) ha terminado el Masters de Augusta con una vuelta de 72 golpes, par del campo. En cualquier caso se trata de un resultado excepcional para un golfista de 58 años, pero mucho más si tenemos en cuenta que ha jugado más de tres cuartos de la ronda con un molesto dolor en la parte baja de la espalda, a la altura de la lumbar.
El golfista de Fuenterrabía ha sentido el latigazo en el hoyo 5 y ya lo ha ido arrastrando hasta el final de su ronda. El dolor era bastante intenso en el momento de la bajada, poco antes de impactar a la bola. Tanto es así que se ha tenido que tomar un anti inflamatorio que le ha propocionado Camilo Villegas, su compañero de partido.
Pónganse en situación: Olazábal tiene 58 años, sólo ha jugado tres semanas en 2024, Augusta National es un campo larguísimo, sufre un pinzamiento al poco de empezar la vuelta… y hace el par. Sobrehumano. Una absoluta proeza. En el momento de acabar su vuelta sólo había doce resultados mejores.
Chema se marcha de Augusta preocupado por su estado de salud, mirando al cielo para que no sea nada serio, pero muy feliz por el juego que ha desplegado. Estaba como un niño con zapatos nuevos. «Esoty muy contento. Hacía mucho tiempo, muchísimo, que no me sentía así en un campo de golf, que no le pegaba al driver y a los hierros de esta manera… No sabría decirte, puf, pues fácil cinco, seis años, si no más que no le pegaba de esta manera a la pelota», explica.
Preguntado sobre la posibilidad de ganar en el PGA Tour Champions si logra mantener el juego que ha demostrado en el Masters, se le ha iluminado el rostro. «Ojalá, Dios te oiga… Yo sé que si consigo sacar el golf que llevo dentro, sí tengo posibilidades de ganar en el Champions, lo sé y en eso estamos, en tratar de sacar ese golf y mantenerlo, a eso me dedico», afirma. Tiene ganas de verse de nuevo en esa posición. No gana desde el Mallorca Classic de 2005. «Lo estoy deseando. No he ganado nada desde entonces. Nada es nada, no el torneo social, ni el del club, ni con amigos, siempre me mojan la oreja, así que me encantaría poder estar otra vez ahí en la pelea por ganar», señala sonriente.
Olazábal tiene claro que la sesión de trabajo con Butch Harmon hace dos semanas y media ha sido muy importante en esta dinámica positiva. «Sin duda ha sido clave. Más que descubrir nada, Butch lo que ha hecho es confirmar que el problema era lo que yo pensaba. Es tan importante que te confirmen como que te descubran algo nuevo. La clave estaba en la transición entre la subida y la bajada. Yo me aceleraba un poco y eso descontrolaba el movimiento. Tengo que darle más tiempo para tener una línea de bajada más neutra. Pero claro, cambiar eso que llevas haciendo tantos años no es nada fácil. Estamos en ello», asegura.
Olazábal está deseando volver a jugar un torneo para dar continuidad a lo que se ha visto estos días en Augusta, aunque ahora tiene sobre su cabeza la espada de damocles de esa molestia muscular en la espalda. Si no es nada, todos cruzando los dedos, Olazábal estará en su casa esta semana y acto seguido volverá a competir tres seguidas en el PGA Tour Champions.
Algunos datos que corroboran la tremenda felicidad con la que se marcha José Mari de Augusta, más allá de la inquietud por la espalda:
– Ha cogido 44 calles esta semana. Es su número más alto desde el Masters de 1998. Sólo en cinco ocasiones en sus 35 presencias estuvo más veces en el fairway durante toda la semana.
– Ha cogido 38 greenes. Es la cifra más alta desde 2014, hace diez años.
– Es su mejor posición final en el Masters desde 2014.
– Los 72 golpes de hoy suponen su mejor vuelta desde la segunda del Masters de 2021.



