Aseguran los mentideros de Augusta National que Danny Willett era el más contento de todos los asistentes a la cena de campeones del Masters. El inglés es un fanático de la cocina española, chico listo, y estaba casi con la lágrima saltada con el festival opíparo que ofreció Jon Rahm este martes por la noche.
No era para menos. El menú que ofreció el golfista de Barrika, con la inestimable inspiración y guía del chef José Andrés, ha sido uno de los más celebrados de los últimos tiempos. Acudieron al ágape para homenajear al campeón otro 32 ganadores del Masters y Fred Ridley, presidente del club.
El más veterano de todos los comensales fue Gary Player, al que contemplan 88 años y quien parece haber hecho un pacto con el diablo para aparentar mucho menos. No faltaron tampoco Sergio García y José María Olazábal, que ejercieron de perfectos acompañantes del maestro de ceremonias. Quizá la ausencia más destacada fue la de Sandy Lyle. El escocés, que se retiró el año pasado del Masters, decidió no acudir, al contrario que Larry Mize, que también jugó el año pasado por última vez en Augusta.
La cena de campeones del Masters es una de las tradiciones más arraigadas de Augusta. Se celebra en una habitación llamada Masters Club, el nombre que se inventó Ben Hogan en 1952, primer año en que se celebró este convite, para designar este exclusivo cónclave.
Rahm, vestido con camisa blanca y corbata rosa, ya tiene su foto rodeado de campeones del Masters, con Ben Crenshaw a su derecha y Fred Riley a su izquierda. Crenshaw, por cierto, tomó la palabra también durante la noche para recordar a Jack Burke, ganador del Masters fallecido el pasado mes de enero a la nada despreciable edad de 100 años de edad.
Además de la comida, de marcado carácter español, y especialmente vizcaíno, hubo presencia española en los adornos de las mesas, con los colores rojo y gualda muy presentes. Tampoco pasó desapercibido el uso de clavel rojo para adornar la cena.
Como entrantes para la Cena, el de Barrika ha elegido pimiento verde de Guernica, gildas (aunque ha desvelado que particularmente no le gustan mucho, pero no pueden faltar en un menú de cocina vasca), lentejas de la ‘amá’ (o lo que es lo mismo, lentejas al estilo de las que cocina su madre), jamón ibérico, lomo ibérico, chistorra, queso Idiazábal con trufa, croquetas de pollo y un revuelto de rebozuelos (unos famosos hongos que se cocinan en su tierra).
Después se servirá una ensalada de txangurro, otro famoso plato de la cocina vasca. Y como plato principal, a elegir, un chuletón a la parrilla o un rodaballo al pil-pil. Como postre, milhojas de crema y nata, una delicia que según Jon, «quien no haya probado, tendrá que hacerlo». Y todo ello regado con txakoli como opción de vino blanco y un Imperial Gran Reserva de 2017 como vino tinto, un Rioja que tiene un valor muy especial para el campeón de Barrika.
Augusta National agasajó a José Andrés con una chaquetilla de chef especial para la ocasión, personalizada con su nombre.



