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McIlroy y DeChambeau pelearán desde el partido estelar por la Chaqueta Verde del Masters

Esto ya es un duelo de época

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Rory McIlroy y Bryson DeChambeau.

Rory McIlroy y Bryson DeChambeau. Bryson DeChambeau y Rory McIlroy. Quién da más. Partido estelar del domingo del Masters de Augusta. La gran batalla. Mano a mano por su primera Chaqueta Verde. La gran revancha. 302 días después de que DeChambeau le birlara el US Open del bolsillo a McIlroy en Pinehurst. Es todo. Es el morbo. La pegada. El partido. Un duelo que ya es de época.

McIlroy (-12) saldrá con dos golpes de ventaja sobre DeChambeau (-10). Esta distancia se ha fraguado en un sábado excepcional de Rory. Mejor vuelta del día con 66 golpes empatado con Zach Johnson. El norirlandés comenzaba su ronda con un parcial superlativo de cinco menos en cinco hoyos. Birdie al 1 tras una bomba atómica desde el tee. Eagle al 2 metiendo un chip desde fuera. Birdie al 3 con un approach delicioso y birdie al 5 con un putt de cinco metros. Exuberancia de recursos. Rory al poder.

Si el golf fuera Fórmula Uno, se diría que Rory dejó a todos clavados en la salida. Scheffler no terminaba de arrancar en los greenes. A Rose se le volvía a atragantar la tercera jornada. Y el resto aguantaba como podía la estampida provocada por el norirladndés. Sólo DeChambeau lograba articular una respuesta contundente con dos birdies en los dos primeros hoyos.

En menos de una hora de moving day, el torneo quedaba bastante definido. McIlroy ponía tierra de por medio y se establecía un pulso con DeChambeau a la espera de que algún otro apretara de verdad el acelerador y se pusiera a su altura. Nunca sucedió. Sólo el silencioso Corey Conners (-8), que tira por la borda opciones de birdie con la misma facilidad que las convierte, ha presentado su candidatura a alternativa.

McIlroy pareció perder el rumbo a mitad de vuelta. Más de uno empezó a pensar que ya había visto esa película. Hizo bogey en el 8 y en el 10 y el torneo se volvió a apretar, aunque nunca llegó a perder ni a compartir el liderato. Mantuvo la calma y espantó a los agoreros como mejor sabe hacerlo. A sopapo limpio. En los dos pares 5. Sacó el birdie en el 13 con un magnífico chip desde el fondo de green y firmó una obra maestra en el 15. Pegó un drive de fábula y un hierro 6 para enmarcar. Bola a dos metros. Eagle al saco. Plis, plas. Entre medias también dejó alguna recuperación de muchos quilates como en el 7 y el 14 desde los árboles.

DeChambeau aguantaba. No ofrecía el despliegue de McIlroy. Sus hierros no eran tan buenos como otras veces, pero se las arreglaba con el juego corto y el putt para mantenerse. Se puso en situaciones difíciles más de una vez, pero se las apañó para no desaparecer a la espera de un zarpazo final. Éste llegó con un muy buen birdie en el 15, de nuevo con un gran putt, otro más en el 16 con un tirazo y de nuevo en el 18 con el mismo arma, el putter, embocando desde 15 metros tras fallar la salida al búnker. Tres menos en los últimos cuatro hoyos. De estar cinco atrás, a dos.

El rugido del público se escuchó en todo el estado de Georgia. DeChambeau salió del 18 como un púgil que sale del cuadrilátero con el cinturón de campeón del mundo en las manos. Parecía que ya había ganado, pero realmente lo que había hecho era reducir de tres a dos golpes la ventaja de Rory. El golf es también un juego mental y Bryson lo maneja de maravilla. Sólo le quitó un golpe, pero en ese momento parecía que lo hubiera empatado.

Este es ya un duelo de época. Porque ya se batieron en el US Open, con la diferencia de que en Pinehurst no iban en el mismo partido, más tensión si cabe en Augusta. Porque se seguirán viendo las caras en estos escenarios y luchando por estas victorias en el futuro. Porque al final también es un duelo entre LIV Golf y el PGA Tour y, qué narices, también de Ryder Cup.

A nadie se le escapa que sobre los hombros de Rory habrá más presión. Es muy simple. Marcha líder con dos golpes de ventaja, ergo tiene más que perder. Cayó en Pinehurst ante DeChambeau hace poco más de 300 días. Y hace once años que no gana un Grande, o lo que es lo mismo, es un década tratando de cerrar el Grand Slam. De cómo maneje McIlroy todos esos fantasmas que lo acechan dependerá en gran medida el resultado final del duelo.

En cualquier caso, será de época. Se recordará en los libros. Sucedió en el Masters.

Resultados en directo del Masters de Augusta