Justin Rose (-7) es el primer líder del Masters de Augusta después de firmar una tarjeta de 65 golpes, igualando su mejor registro en el Augusta National. Es la quinta vez que lidera este torneo después de la primera ronda, el que más lo ha hecho en la historia, por delante de Jack Nicklaus (4), con el que ha roto hoy este curioso empate. La cuestión es que el Oso Dorado ganó este torneo seis veces, además de llevarse otros doce Grandes, y Rose se quedó parado en aquel US Open de 2013 que ganara brillantemente en Merion…
No se trata de hacer de menos al inglés, que atesora méritos en su carrera para aburrir. Y, además, cualquiera saldría mal parado en cualquier comparación con el Oso Dorado. Pero es muy cierto que Rose nunca ha sido considerado un auténtico gallo del golf mundial. Hay, de hecho, otros jugadores con menos méritos, o recién llegados, que sí que aparecen en más quinielas y de alguna manera en la relación permanente de favoritos. Rose, por lo que sea, no. Y mire usted que llegó a ser Número Uno del mundo, aunque sólo lo fuera durante trece semanas y nunca más de ocho seguidas; que ganó aquel US Open; que ha escrito páginas legendarias en la Ryder Cup (aquel partido con Phil Mickelson en Medinah, por ejemplo); y que son muy pocos los años desde 2007 en los que no consiguiera algún top ten en un major…
Y sin embargo, no es un gallo. Hoy, sin embargo, como ya ha hecho otras muchas veces, ha asaltado el corral y ha puesto a todos los de la cresta en fila. El corral donde mandan Scottie Scheffler y Rory McIlroy. El primero, eso sí, ha dado buena réplica al vueltón del veterano inglés y se confirma como lo que ya era, claro favorito. El norirlandés iba por el mismo camino, con un parcial de cuatro menos y la bola en mitad del fairway del hoyo 15, pero terminaba pidiendo la hora y con una tarjeta de 72 golpes. Una bola al agua en el 15 y un horroroso hoyo 17 tuvieron la culpa. Rory no está descartado, ni mucho menos, pero ya va a remolque. Hoy ha dado una clase magistral de orden y paciencia durante buena parte del recorrido, pero de nuevo ha sido cazado por los demonios de Augusta. Seamos claros y rotundos: Rory, a pesar de los pesares, no está tan lejos, pues sólo lo separan dos golpes del top ten del torneo, pero la posibilidad de mantener vivo el reto del Grand Slam pasa seguramente por lo que haga este viernes, en la segunda vuelta, porque son demasiados los gallos que andan ya picoteando en la zona alta de la tabla, como es lógico y normal en un Grande. Tyrrell Hatton (-3) y Bryson DeChambeau (-3), por ejemplo. O Ludvig Aberg (-4), uno de los recién llegados al corral, por más que luzca presencia de querubín. No debiera el de Holywood dejarse todo el trabajo para el fin de semana, que luego vienen las prisas. Nos quedamos, en todo caso, con el espléndido trabajo que ha hecho en los primeros catorce hoyos y nos negamos por tanto a considerar ya la edición de 2025 como otro intento fallido.
Rose terminaba con bogey en el 18 para dar un ligero respiro al resto. Y tampoco sería normal que patease todos los días como hoy lo ha hecho, impecable (tampoco puede quejarse Scheffler de su rendimiento en los greenes: vaya dos puros que enchufaba en los hoyos 4 y 16). Pero estamos hablando de un gallo de cresta rala, dejémoslo ahí, muy capaz de llevar lejos este desafío en su vigésima edición del Masters (ese sería otro récord que podría superar, el de Sergio García, que se estrenaba aquí como ganador en el intento decimonoveno).
Hay algunos que siendo más o menos favoritos de entrada sí que contaban en algunas quinielas y ya se han quedado fuera de juego a las primeras de cambio. Serían los sorprendentes casos de Russell Henley (+7) o Sepp Straka (+6). Lo de Jon Rahm (+3) es distinto: él sí era un rabioso e indiscutible candidato y ahora anda ya con todos los pilotos de emergencia activados. No le queda otra vía que la épica.



