Sergio García (PAR) ha firmado un buen inicio en el Masters de Augusta, aunque es muy legítimo que él piense, y todos los que han seguido su vuelta golpe a golpe, que se le ha escapado un resultado un mejor. Se le ha escapado y lo ha merecido.
No es cuestión de ponerse estupendos con las cuentas de las lechera, ni hurgar en la herida, ni barrer todo para casa. En un análisis frío, a poco que Sergio hubiera metido dos putts habría firmado una tarjeta más acorde a su excepcional juego de tee a green. Realmente ha metido un putt en toda su vuelta. Sólo uno. Ha sido de poco más de dos metros en el hoyo 5 para par. El resto de sus putts han sido de un metro hacia abajo. Es un balance demasiado exiguo para meterse arriba a pelear el liderato. De tee a green ha jugado para pegarse con los Scheffler, Rose, Aberg y DeChambeau, pero le ha faltado la suerte suprema del putt.
García ha demostrado en Augusta que ha llegado con su golf perfectamente afinado. Su inicio ha sido arrollador. Ha sacado un birdie en el 1 pegando el golpe del día, dejando su bola a un metro para birdie. Acto seguido se le escapaba un putt de metro y medio para birdie en el 2. Ay, lo que en ese momento parecía sólo un accidente, después se ha convertido en una constante.
En el 3 ha vuelto a fabricarse una magnífica opción de birdie. No llegaba a dos metros. Tampoco ha entrado. No ha fallado su primer golpe hasta el hoyo 6, una bola que salía más por la izquierda de la cuenta y le dejaba en una situación muy delicada. Bogey. Decíamos primer fallo, pero realmente la cuenta se puede parar ahí. No ha cometido más errores.
Se ha dejado otras buenas opciones por el camino en el 8, donde ha tripateado tras cazar de dos este siempre exigente green, se le ha escapado también un putt de tres metros para par en el 9, después de un segundo golpe que ha sido el segundo peor del día, aunque no ha estado tan lejos de ser bueno. Por último, en el 13 se le iba otro putt de menos de tres metros para birdie y remataba la faena en el 17 con otro tirazo a metro y medio que no conseguía convertir.
Lo que acaban de leer es una descripción objetiva de la vuelta de Sergio, por lo que no es ninguna exageración decir que al de Borriol sólo le ha faltado hoy meter un par de putts más. Hubiera sido lo más justo. Si es que se puede apelar a este tipo de justicia en el deporte y en el golf en particular. Sea como fuere, Sergio debe hacer la lectura positiva. Ha desplegado un golf de muchos quilates y a poco que el putt entre en combustión los próximos días, ha demostrado que tiene todo lo demás para pelear por la victoria.
Por contra, Jon Rahm (+3) no ha conseguido despejar las dudas con las que llegaba al Masters. Su juego no está redondo. No es ningún desastre, no nos equivoquemos, pero tiene lagunas. Van cayendo golpes aquí y allá que lo van desinflando. Se agarra con todo porque es un titán, pero le falta la brillantez necesaria para mostrarse arrollador. Al menos, tan arrollador como antaño. En los último torneos de LIV Golf sobrevivía por el putt, encendido cada semana, pero hoy no le ha acompañado tanto y por eso se ha quedado tan lejos.
La pregunta del millón es si ya ha perdido la posibilidad de ganar el Masters. Es muy pronto para ser categórico, pero desde luego se lo ha puesto muy, muy, muy cuesta arriba. No es tanto por los diez golpes de diferencia con Justin Rose (-7), líder en solitario, como porque en una diferencia de seis o más golpes están DeChambeau, Hatton, Aberg o el mismo Scheffler. ¿Le puede quitar Jon seis golpes a esos cuatro jugadores en tres días? Por supuesto, pero no es algo normal. Tendrá que empezar a sacar su versión extraterrestre, una versión, por otro lado, que hace tiempo que no saca.
Por último, José María Olazábal (+5) ha pagado muy caro su hoyo 10. Ha cometido un triple bogey que ha pesado como una losa en una ronda que llevaba más o menos controlada hasta este momento. En cualquier caso, el corte provisional está en +1, pero mañana se podría ir a +3 o incluso +4. Todavía hay opciones, aunque realmente una vuelta bajo par de Olazábal en Augusta es casi una proeza por lo largo que está el campo para él.



