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Exhibición de Jon Rahm en los nueve últimos hoyos de prácticas jugando con David Puig contra Mickelson y Ogletree

Esta no es una historia para supersticiosos

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Phil Mickelson y Jon Rahm, durante la ronda de prácticas del miércoles en el PGA Championship.
Phil Mickelson y Jon Rahm, durante la ronda de prácticas del miércoles en el PGA Championship.. (Pedro Salado/CAPTURASPORT)

Un tirazo de Jon Rahm en el 16 liquida el partido. La Armada triunfa. David Puig y el golfista de Barrika derrotan por tres arriba a Phil Mickelson y Andy Ogletree. Partido a cara de perro. Poca broma. Es miércoles, última jornada del PGA Championship. Una buena manera de entrar en calor antes de la competición.

El birdie de Jon, de libro, a un palmo del hoyo, no es una casualidad, ni una rara avis. Es uno más para la colección. Han jugado del 10 al 18 de Valhalla y su despliegue de golf ha sido excepcional. Está fino. Una maza desde el tee y brillante con los hierros. Sí, de acuerdo, estamos a miércoles, aquí nada cuenta, lo importante es mañana, es el propio Jon quien lo recuerda, quien pone el agua a enfriar, pero la realidad es la que es. Los más supersticiosos que dejen de leer. Los que sean más de palpar el suelo que pisan, adelante.

Los más intuitivos se habrán dado cuenta. El partido lo forman tres golfistas de Arizona State (todos menos Ogletree, producto de Georgia Tech) y los cuatro de LIV Golf. El público los sigue y los vitorea. Los aficionados no entienden de líos, no quieren rupturas, pasan olímpicamente de polémicas, simplemente se juntan para disfrutar del juego corto de Phil, como el approach delicioso del 17, corto de green, por encima de un búnker, a unos 30 metros del hoyo… Dada. O de los power fade de Jon desde el tee. Engrasados. A punto para la batalla.

Hay un síntoma revelador, Dave Philips, entrenador de Rahm y de Puig, va en el partido. No cruza palabra con Jon. No es necesario. No se toca lo que va bien. Mira, lo ve todo, analiza cada golpe, pero no habla. Para qué. Se limita a recordar casi como un papagayo: «good swing, Jon». Bendito disco rayado. Con David sí que ajusta alguna cosa. El de La Garriga ha jugado muy bien, está relajado, maduro, es un jugador más hecho que en el US Open del año pasado, pero el drive le sigue dando algún que otro dolor de cabeza, su gran caballo de batalla. Está mucho mejor que hace algunas semanas, pero alguna se le marcha por la derecha y le sale humo de la cabeza…

Eso sí, alrededor de green es un mago. No descubrimos nada, pero conviene recordarlo. En el hoyo 17 ha firmado un approach que ha dejado con la boca abierta a Rahm y Mickelson. Palabras mayores. Ha abierto la cara del palo hasta decir basta. No se puede poner más horizontal al suelo, con la bola reposando en la zona peladita alrededor de green, a unos diez metros de la bandera. Esa situación en la que usted, estimado amateur, (y yo), sabemos que lo más probable es que salga filazo y le arranquemos una oreja al de enfrente… La bola de Puig ha rozado el borde del hoyo y se ha parado a un dedo. De locos.

Rahm y sus birdies han llevado el peso del partido, pero Puig ha estado ahí cuando ha hecho falta. Tres arriba en nueve hoyos contra Mickelson y Ogletree hay que hacerlos. La prueba del 9 antes del PGA está superada, aunque el duelo no ha terminado ahí. El ‘tito Phil’ es incapaz de marcharse con una derrota tan severa sin pedir revancha. Lía a Puig y pactan un doble o nada en los dos últimos hoyos. «Ha cogido por banda al novatillo y le ha buscado las vueltas. A mí no me lo plantea. No le dejo. Se puede aceptar otro partido a dos hoyos, pero dejando claro que el primero ya está ganado y que es el que contaba», reivindica Rahm ejerciendo de veterano.

El segundo partido se decide en el hoyo 18, un par 5. Ogletree y Jon lo juegan de cine. Salida a calle y opción de eagle de menos de cuatro metros. Otra más de Rahm para la galería. Al vasco se le escapa el putt y le duele. El norteamericano lo mete para ganar con eagle. Mickelson reclama el empate total. No hay más remedio que dárselo porque estaba pactado. Testigo del duelo, los nueve hoyos, ha sido David Novak, el dueño de Valhalla. Ayer invitó a los españoles y otros jugadores a una recepción en su casa. Es un gurú del liderazgo en Estados Unidos.

Más allá del resultado final, hay que quedarse con el juego de Jon. Si usted no es supersticioso y ha llegado hasta el final, tiene motivos para tenerle fe a Rahm esta semana. Después, la competición dictará sentencia, como siempre. Mientras tanto, les dejamos una reflexión de Puig que lleva año y medio jugando con él: aunque parezca increíble, Jon es bastante mejor jugador hoy que hace año y medio… Más poderoso, más asombroso. No lo decimos nosotros.

En definitiva, el juego de Rahm está listo para el PGA Championship, aunque para ganar un torneo de este tipo se tienen que alinear muchas más cosas que un swing engrasado y buenos golpes. Por supuesto, la cabeza tiene que estar en su sitio, los niveles de paciencia bien cargados, el putter convenientemente afilado y la suerte, pues claro, de tu lado.