
Ludvig Aberg pasea por Valhalla sabiendo que todo el mundo le mira y se pregunta: ¿será capaz? ¿mantendrá el nivel una semana más?, ¿añadirá otra gesta a la mochila?. En algún momento flaqueará, es pura y dura matemática, pero ¿será en el PGA? o por el contrario, ¿seguirá haciendo disfrutar a propios y extraños?
Como diría José Mota: «y si sí, y si sí». Es el y si sí el que nos hace esbozar una sonrisilla imaginándole alzar el trofeo Wanamaker esta misma semana. La tarea es ardua, compleja y llena de quince mil obstáculos, pero y si sí, señores, y si sí.
El sueco tiene un aurea fascinante que deslumbra allá por donde pasa. Un carácter nórdico introvertido, pero a la vez sonriente y con cara de disfrutar como un enano lo que hace. No necesita aspavientos para conectar con el gran público, su presencia ejerce una especie de imán que te atrae sin saber muy bien porqué. Por supuesto, si a todo eso le suman un juego excelso y agresivo, el cóctel está servido dispuesto a ser disfrutado.
Se habla de Ludvig como si de un veterano se tratara, atiende a los medios en rueda de prensa como un favorito más y se encuentra una semana más en boca de todos. Diez meses lleva como profesional, diez. Va a disputar el segundo Major de su carrera.
Quizás, tras la noticia de su retirada la semana pasada, las expectativas se han rebajado un pelo. Hoy, el sueco ha pasado por los micrófonos de la sala de prensa, y para continuar la conversación sobre sus posibilidades en el torneo, lo primero era aclarar su estado físico.
La semana pasada anunciaba su retirada del Wells Fargo y aunque su comunicado sostenía que era por precaución, la realidad es que se encendieron todas las alarmas. Ludvig ha querido tranquilizar a los medios dejando claro que se encuentra en buen estado: «La rodilla está bien. La semana pasada no jugué por precaución. Estoy en contacto con mis médicos, pero la realidad es que no me molesta en absoluto esta semana. Estoy deseando jugar». Ha reconocido que está entrenando con una rodillera, pero que no siente dolor.
La realidad es que Aberg entrena esta semana para jugar el primer PGA Championship de su carrera y su segundo Major en absoluto tras debutar de forma brillante en Augusta National el mes pasado. Menos de un año lleva como profesional y ya sabe lo que es ganar en el PGA Tour y en el DP World Tour. Además ya es todo un ganador de la Ryder y ostenta junto a Hovland la victoria más apabullante de la historia de los foursomes de la competición. 9&7 a unos tales Scottie Scheffler y Brooks Koepka, por cierto dos de sus grandes rivales esta semana. A ese currículum súmenle un segundo puesto en Augusta National. Qué diez hoyos nos ofreció en el arranque de la jornada final del Masters. Solo una bola al agua le impidió un precioso cara a cara con Scottie Scheffler. Desde 1979 nadie gana en su debut en Magnolia Lane y durante un rato pareció una posibilidad real. A esto hay que añadir que, como se ha dicho antes, era su estreno en un Grande. Qué modo más espectacular de perder la virginidad. Hablamos de que ya el sexto mejor jugador del ranking mundial.
Llega con ambición y con la intención de emular a Keegan Bradley que ganó el trofeo Wanamaker allá por 2011 en su debut. Las condiciones de juego y del campo le vienen bien. No es algo que digamos nosotros, es que lo dice el propio Aberg: «Me gusta pensar que en estas condiciones húmedas yo puedo pegarle alto y largo. De ese modo elimino muchos obstáculos, o eso espero. Es bastante agradable porque la hierba zoysia de las calles te permite lanzar la bola bastante alto con los hierros porque hierba está muy alta. Puedes pegarle un poco más». Donde muchos ven obstáculos, el ve una oportunidad de que su juego agresivo y potente se imponga al resto de jugadores.
Mientras tanto, con victorias o sin ellas, él se dedica a disfrutar de las experiencias: «Siento todas esas cosas que sientes la primera vez que haces algo. Esto es lo que he querido hacer desde que era pequeño y me encanta hacerlo. No veo el golf necesariamente como mi trabajo, es algo que tengo el privilegio de poder hacer, y trato de verlo de esa manera. Intento pegar golpes diferentes y asegurarme de no perder la alegría de jugar al golf. Creo que es muy importante y lo hablo con mi equipo muy a menudo». La ilusión de las primeras veces, la sabiduría de una persona bien formada y el nivel de todo un experimentado, probablemente la mejor combinación posible en deporte.
Por repetición uno se puede acostumbrar a escuchar las alabanzas al jugador formado en Texas Tech, pero no es ni medio normal lo del sueco. La duda ronda por la cabeza de todos, en algún momento pinchará en hueso, pero no tengan tan claro que vaya ser esta semana. Siempre y cuando su rodilla responda, claro está. Es el y si sí lo que te reconcome… ¿y si sí Ludvig Aberg?


