
Quedan pocos minutos para la siete de la tarde. El sol empieza a ocultarse. En Valhalla sólo se escucha el ruido de las cortadoras de césped, las sopladoras de hojas, algún destornillador neumático y el contacto del palo con la bola de un golfista en el campo de prácticas. Es Viktor Hovland. No hay un alma más en el campo. No se atisba otro jugador en unos 20 kilómetros a la redonda. Quedan poco más de doce horas para el inicio del PGA Championship y los golfistas se encierran en sus cuarteles generales con la única idea de estar listos para la gran batalla. El noruego tiene otros planes.
No debe extrañar que Hovland sea el último en abandonar la cancha de prácticas. Define su momento. El noruego, aseguran los que están cerca de él, no termina de encontrar la tecla que vuelva a activar su juego. Como tantos otros en el pasado, se metió en el berenjenal él solito. Al poco de terminar la mejor temporada de su carrera deportiva, después de ganar la FedEx Cup, ser uno de los héroes más destacados de la victoria en la Ryder Cup de Italia y rozar con los dedos la gloria en su primer Grande (curiosamente acababa segundo en el PGA Championship del año pasado), decidió que debía darle la vuelta a su swing como a un calcetín.
Los cambios técnicos son asuntos delicados y complicados, pero simplificándolo mucho, Hovland arrasó en 2023 jugando al draw (efecto de derecha a izquierda) y decidió cambiar al fade (efecto de izquierda a derecha) en 2024. Lo explicó con pelos y señales en la previa del Arnold Palmer Invitational. «Había conseguido arreglármelas bien jugando al draw, encontré la manera de hacer resultado, pero realmente cuando mejor he pegado a la bola, que para mí fue en 2021, cuando mejor swing he hecho, fue pegando al fade. Por este motivo, me he metido en algunos cambios para encontrar esa sensación que tenía antiguamente. Sé que puede parecer extraño, pero yo soy un jugador que nunca he tenido dificultades para encontrar la manera, ya fuera una u otra, de pegar bien a la bola. Estoy convencido de que no me va a costar mucho», explicaba.
Pues parece que el bueno de Hovland erró en su predicción. Los cambios en los que se ha metido no han terminado de salir, al menos de momento. Esa es la razón por la que está jugando tan pocos torneos en 2024. Se ha dejado ver apenas seis semanas y su mejor resultado ha sido un 19º en el Genesis Invitational, lejos de los cinco top 10 y dos victorias con lo que despidió 2023. Scheffler, por ejemplo, ha jugado ya diez torneos.
Hovland falló el corte en el Masters y no jugó un nuevo torneo hasta la semana pasada en el Wells Fargo. La razón es que decidió encerrarse en su casa. Es como hace las cosas este chico. Si el swing no funciona hay que machacarlo. Lo explicó también en Bay Hill. «Prefiero no jugar torneos y dedicarme a entrenar, lo prefiero, pegar bolas, trabajar en casa, encontrar la manera de sentirme a gusto y competitivo. De nada sirve jugar torneos si no estás convencido de lo que estás haciendo», dijo entonces.
Hoy Hovland es la gran incógnita de este PGA Championship. En el Wells Fargo logró acabar entre los 25 primeros, por lo que parece, al menos parece, que está en el camino de algo, aunque obviamente, estar a las siete de la tarde en el campo de prácticas la tarde antes de un Grande no parece la mejor señal. En unas horas sabremos si el sonriente golfista nórdico ha conseguido encontrar el Santo Grial.


