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Interesante reflexión del jugador español tras el colapso final en Quail Hollow

Jon se agarra a la filosofía de Charles Barkley para superar el mal trago

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Jon Rahm volvió a soñar con una victoria en un Grande. No sólo él. Tuvo a España en vilo durante un buen tramo de la decisiva jornada del PGA Championship. El final fue doloroso con un parcial que no hizo justicia a lo visto en los 13 hoyos anteriores. Así es el golf. Un pequeño bote o un delicado swing pueden hacer que las sensaciones se vayan al traste. Así le sucedió a un Jon que vio como el trofeo Wanamaker se le escapaba en un visto y no visto. Remar para morir ahogado en la playa.

Sin embargo, el colapso final no impide al de Barrika ver las muchísimas noticias positivas que le deja la semana. Ha vuelto a pelear por un Major. Ha demostrado y se ha demostrado que estaba a menos de lo que parecía de pelear por los mejores torneos, tal y como lleva unos meses afirmando. El semblante tras el colapso podría haber sido de depresión o enfado. Todo lo contrario. Rahm está de vuelta y el mismo es consciente. ¿Le dolió? Pues claro. El emotivo abrazo con su mujer Kelley así lo demuestra y su expresión también lo dejaba claro.

Sin embargo, según iban pasando los minutos, algo se fue rumiando en el interior del dos veces ganador de Major. Rahm al micrófono nunca defrauda y en esta ocasión volvió a dejar reflexiones muy interesantes. Al de Barrika le fue apareciendo la alegría del que sabe que ha tocado una pieza que llevaba mucho tiempo deseando afinar: “He estado muy cerca”, dijo Rahm. “Dios, hacía mucho que no me divertía tanto en un campo de golf durante 15 hoyos. Incluso al principio, cuando las cosas no salían, me mantuve en juego”. Diversión, hacia mucho que no decía algo del estilo.

“Me quedo con muchas cosas positivas de esta semana”, continuaba reflexionando Rahm tras la ronda. “Es una herida todavía reciente, pero han pasado muchas cosas buenas y me llevo buenas sensaciones para lo que queda del año”. Pesa más el volver estar ahí…

Es cierto que el español ha afrontado una situación inédita. Las dos veces anteriores que llegó a ser líder un domingo de Major se lo llevó a la buchaca: “Las otras veces que lideré un major en domingo, lo cerré con victoria. Esta fue una situación completamente distinta”, reflexionó.

Entre otros factores reconoce que los nervios hicieron acto de presencia y admite que influyeron. “Si alguien dice que no ha sentido nervios en esa situación, está mintiendo. Es lo que hacemos como deportistas: controlar lo que pasa por nuestra cabeza. Creo que fue un poco de eso. No sentí que me apurara ni que el proceso estuviera mal, pero claramente algo no salió bien”.

No es la primera vez que lo expresa, pero el Jon padre es un jugador más maduro en ciertos aspectos. “Con suerte, llegaré a tiempo para acostar a los niños. Para ellos, gané o perdí, no les importa. Eso siempre ayuda a poner todo en perspectiva”.

El golfista vasco ha adoptado una filosofía que atribuye al exjugador de la NBA Charles Barkley que resume todo lo dicho hasta ahora: “Juego al golf para ganarme la vida. Es increíble. ¿Estoy un poco avergonzado por cómo terminé hoy? Sí. Pero tengo que superarlo. No es el fin del mundo. No soy médico ni rescatista, donde un mal día realmente puede significar una tragedia”.

Insiste en que prefiere quedarse con lo positivo: “Me recuperaré. Hay más cosas positivas que negativas esta semana. Estoy feliz por haberme puesto en posición de ganar y espero aprender de esto para intentarlo de nuevo en el US Open”.

¿Significa esto que Jon tiene menos hambre? Todo lo contrario, pero la ilusión de volverse a ver ahí en esta ocasión pesa más.