Daniel Brown (-6) es el primer líder de la 152ª edición del Open Championship y la Cenicienta imprescindible de un torneo que ha arrancado de modo y maneras formidables. Lo es después de firmar un 65 y además una de las dos únicas tarjetas sin bogeys de la jornada. La otra es la de Shane Lowry (-5). Digamos, con todo el respeto y la prudencia del mundo que el inglés, que disputa su primer Grande a sus 29 años, es el líder oficial, con todos los merecimientos, y Lowry, por nombre y palmarés, es el líder oficioso. Brown, que se metió en este Open enchufando un putt final de seis metros en la previa clasificatoria de West Lancashire y que había fallado seis de sus últimos siete cortes en el circuito europeo, se ha hartado de meter metros y metros de putt. Igual que Lowry, qué curioso. No, si al final esto es más sencillo de como tratamos de contarlo… Ambos, eso sí, sobre todo Brown, que salía a jugar en el penúltimo partido del día, han aprovechado la sensible mejoría en las condiciones de juego que se ha ido dando según pasaban las horas, cada vez con menos agua y menos intensidad en el viento.
Un Open formidable, decíamos. El viento, aunque fuera yendo de más a menos, ha ejercido de aliado necesario del campo para hacerlo todavía más complicado (no le hace falta demasiada ayuda al vetusto recorrido de Troon, todo sea dicho) y buena parte de los mejores jugadores del mundo han presentado ya mismo sus credenciales, para qué esperar más. Otros, sin embargo, se las verán y desearán mañana para sencillamente pasar el corte. Es la ley inexorable del golf, del Open y de los Grandes. Entre este segundo grupo, que mañana va a tener que remar duro (o muy duro) para pasar el corte, es obligatorio destacar a Cameron Smith (+9), ganador del torneo hace dos años, Rory McIlroy (+7), Wyndham Clark (+7), Tommy Fleetwood (+5) o Bryson DeChambeau (+5).
Entre los primeros, los que ya son candidatos con galones, despunta Lowry, claro. Hoy, como ya se ha explicado, se ha hartado de embocar metros y metros de putt, para birdie y para lo que hiciera falta, pero no nos quedemos en ‘banalidades’… El irlandés, de tanto en tanto, se conecta en perfecta armonía consigo mismo (swing libre, manos libres), con la tierra, con la brisa y el agua de la lluvia si hiciera falta… Con el golf. Entonces, es en sí mismo un disfrute ver como agarra el palo, como mueve el putter, como entiende y doma estos greenes rudos, como camina por estos pagos legendarios. Y como siente el juego.
Terminaba pegando un tirazo en el 18 para redondear con birdie esta excelente apertura del último major del año. Y no, lo normal es que no siga embocando con semejante porcentaje de acierto, pero cuando Lowry se sube a la grupa del trance, hay que tenerlo en cuenta. Es inevitable no acordarse de su victoria en Portrush, hace cinco años, tan poderosa e incontestable.
Scottie Scheffler (-1) ni siquiera se ha acercado a los registros de Lowry en los greenes, más bien todo lo contrario. Nada que sorprenda demasiado. Pero ahí está. Ha sido uno de los escasos diecisiete jugadores que han terminado por debajo del par y probablemente uno de los mejores a la hora de procurarse opciones, de dejarla cerca o a distancias muy razonables de birdie. Tampoco esto sorprende en absoluto del Número Uno del mundo. Ni que decir tiene que su candidatura al triunfo con esta ronda de 70 golpes es de las que más peso tiene.
Entre Lowry y Scheffler, además, se ha concentrado un excelso ramillete de jugadores. Este Open apunta muy alto desde el inicio. Justin Thomas (-2), Alex Noren (-2), Nicolai Hojgaard (-2), Justin Rose (-2), Russell Henley (-2), Xander Schauffele (-2), o Adam Scott, Matt Fitzpatrick y Brooks Koepka, los tres con -1, igual que Scheffler.




Justin Rose también ha tenido un día sin bogeys. 3 d las islas libres de bogeys