Ángel Hidalgo la ha metido desde la calle para eagle en su último hoyo de la previa del Open Championship para jugar el primer Grande su carrera. El golpe ha sido extraterrestre, igual que la historia que se oculta detrás. Retrocedemos en el tiempo para añadir contexto y que todo se entienda a la perfección. Advertencia: Netflix debería hacer una serie con esto.
Contexto uno. Semana del European Open en Hamburgo. Tres días antes de la final de la Liga de Campeones, Hidalgo pide que le serigrafíen su wedge de 55 grados con lo siguiente: Real Madrid 15ª. Algún supersticioso merengue se lo echa en cara, pero ya saben cómo acabó la final.
Contexto dos. Semana pasada en el Open de Italia. Hidalgo, que se reconoce abiertamente supersticioso, detecta que por alguna extraña razón cada vez que saca una bola nueva durante el torneo de Italia hace birdie.
Contexto tres. Cuando Scheffler gana el Masters de Augusta, los mortales nos quedamos con el juego sublime que desplegó durante toda la semana. Inabordable. Hidalgo, además, se da cuenta de que el Número Uno del mundo juega con números altos en sus bolas de golf (ya saben que las pelotas, además de la marca llevan un número). ¿Recuerdan lo que les comentábamos de sus supersticiones? Esa misma semana, Hidalgo le pidió a Titleist que le mandara únicamente bolas con números altos. Para entrenar utiliza el 7 y para jugar alterna el 5, 6 y 8.
Conocido el contexto, ya verán que es crucial para entender esta maravillosa historia, nos vamos al tee del hoyo 7 del Dundonald Links. Hidalgo marcha tres bajo par, quedan tres hoyos para acabar y sabe que necesita un birdie para meterse en el Open. La necesidad aprieta y se plantea sacar una bola nueva. Sin embargo, le da dos pensadas y decide que es mejor guardarla como última bala. Ya llegará el momento.
En el hoyo 7 pega un buen drive, pero la bola se queda en una chuleta. En otra maldita chuleta. Igual que le ocurrió en la primera ronda por la mañana. No daba crédito. Tenía menos de 80 metros a la bandera y lo que parecía una opción de birdie, se convierte en un sufrimiento para salvar el par. Le pega como puede y la deja justo a la entrada de green. Hace dos buenos putts para par desde unos ocho metros.
El hoyo 8 es uno de los más complicados de Dundonald Links. Ahí ni se plantea poner la bola nueva. Hay que hacer el par como sea. La salida es mala. Se marcha al único pot bunker que protege esa calle. A la izquierda. Muerto. Muerto, muerto. Injugable. La tiene que sacar de lado. Sí, uno de esos temidos búnkers de los links. Es el segundo búnker de calle que coge en todo el día. Vaya momento. La saca a calle. Lo único bueno es que en el hoyo 16, en el otro búnker que se comió, logró salvar el par. Tiene 72 metros a la bandera, con viento fuerte a favor, recibe cuesta abajo y la bandera corta. Pega un gran golpe, pero los greenes, algo húmedos por la lluvia lateral, cómo no, que ha caído durante el día, hacen que la bola patine en el primer bote y se deja un putt de par de ocho metros. Sabe que con el bogey no tiene opción.
Es un putt a vida o muerte para tener alguna opción de estar en el Open. Ángel y Gonzalo Vicente, su caddie, se ponen de acuerdo en la caída. Borde izquierdo. Lo tienen claro. Sin embargo, cerraron un trato al principio de la temporada. Si una vez puesto encima de la bola, Hidalgo ve la caída de otra manera, la tira según esa última sensación. Es lo que ocurre. Ángel siente que va a caer un poco más y la saca una bola por la izquierda. Entra por todo el centro. Gritos. Varios. Puño. Uno muy fuerte.
Ahora sí, en el tee del 9 saca la bola nueva. La primera que sale es una Titleist número 5. El destino haciendo de las suyas. Hidalgo pega un gran drive y la pone en calle. Tiene 99 metros a la bandera. Es la distancia perfecta para… su wedge de 55 grados. Por supuesto. El destino. Desde la calle no se ve el hoyo, pero el golpe sale tal y como lo había dibujado en su cabeza el malagueño. Bota a la izquierda de la bandera con efecto lateral. Saben que es buena y de pronto ven a algunos aficionados alzando los brazos y a un periodista del Open que está radiando en directo levantando también la mano. Hidalgo pregunta en la distancia: «It’s in?» «Yes, It’s in», le responden emocionados.
La locura. Hidalgo no recuerda bien qué pasó en el siguiente minuto. No sabe cómo su wedge de 55 grados apareció a 35 metros de donde había pegado el golpe, no sabe por qué de pronto estaba llorando como un crío abrazado a sus compañeros de partido como si hubiera metido un gol para ganar la Decimoquinta, no sabe cómo llegó hasta el green, ni sabe cómo pudo firmar la tarjeta… Lo único que sabe es que estaba temblando, llorando y riendo. Todo al mismo tiempo. Y que le mandó un mensaje al grupo de whatsapp que tiene con sus padres y su hermano para decirles: la he metido desde 100 metros.
Hidalgo jugará su primer Grande tras hacer -5, con una bola marcada con el número 5, pegando un wedge de 55 grados para hacer eagle desde la calle y con la 15ª del Real Madrid serigrafiada en el palo.
Y ahora, vayan ustedes a decirle a Hidalgo que lo de sus supersticiones es una locura.



