
El objetivo de Bryson DeChambeau no era acabar en el búnker corto del hoyo 18. Cuando pega el segundo golpe desde las matas de la izquierda de la calle, pegado a una raíz y bajo unas ramas de un árbol que le impedían hacer el swing completo, su intención era llevar la bola a la entrada de green. Sabía que el US Open estaba en juego. Sabía ya que Rory McIlroy había hecho bogey y lo único que pretendía era evitar la arena. «Cuando estás peleando por ganar el US Open lo último que quieres es dejarte una sacada de 50 metros», aseguró ante los medios poco después de levantar el trofeo de campeón en Pinehurst.
Sin embargo, Murphy y sus caprichosas leyes entran en juego y, por supuesto, acaba en el búnker. Bueno, Murphy y que el golpe era realmente muy complicado. Apenas pudo pegar un golpe arrastrado sin apenas control. Las noticias no era buenas, pero ahí estaba su caddie, Greg Bodine, para bajar las pulsaciones de su jefe y darle justo en ese instante toda la confianza del mundo. La que necesitaba.
«La bola se quedó en uno de los peores sitios en los que podría haber estado. Pero G-Bo (su caddie) me dijo: Bryson, simplemente se trata de un up and down. Eso es todo lo que tienes que hacer. Has hecho esto muchas veces antes. He visto algunos tiros locos tuyos desde 50 yardas desde un bunker. Lo miré y le dije: tienes razón, pásame el 55 grados y vamos a hacerlo», relató.
La sacada fue perfecta. Impecable. Pegó el golpe que definirá para siempre este US Open, un tiro que recreó una hora y media después, ya de noche, desde el mismo sitio, con las cámaras de la NBC como testigo y el profesional Johnson Wagner de maestro de ceremonias. Genio y figura. Según Bryson, la clave secreta, si es que puede llamarse así, del golpe está, cómo no, en su equipamiento. «Siempre estaré agradecido de tener unos wedges más largos de lo normal, ya que me permite pegar más largo y poder dejarla más cerca del hoyo», explicó sonriente. Ya saben que los palos de DeChambeau tienen todos la misma medida, su hierro 4 es como su wedge de 55 grados. Es raro, nada habitual, pero hay momentos en los que viene bien, sobre todo si estás para ganar un Major. El campeón de dos US Open no tuvo dudas al calificar la sacada: «Es el golpe de mi vida».
DeChambeau aseguró que nunca dejó de estar pendiente de lo que iba haciendo Rory McIlroy por delante. «Iba mirando cada cosa que hacía, miraba sus golpes y escuchaba la reacción del público. Lo miraba todo para saber dónde estaba. Me fue empujando para no pararme. De hecho, cuando vi que estaba dos por detrás me dije: «No, no voy a dejar que eso ocurra. Ya me pasó en el PGA y no quiero que vuelva a ocurrir, no quiero acabar segundo», apuntó. En este sentido admitió que «tuve un poco de suerte. Rory no embocó un par de putts que podría haber embocado y yo hice una recuperación increíble en el último. No sé qué más decir. Es un sueño hecho realidad», remarcó.
Precisamente, en cuanto a McIlroy, tuvo palabras muy elegantes. «Rory es uno de los mejores de la historia. Poder luchar contra un grande como él es muy especial. Que fallara ese putt no se lo desearía a nadie. Simplemente sucedió de esa manera. Ganará muchos grandes campeonatos más. No hay duda. Creo que ese fuego que lleva dentro va a seguir creciendo. Le tengo mucho respeto por cómo juega al golf porque, para ser honesto, cuando estaba subiendo en la clasificación, estaba dos por delante, yo estaba como, Uh-oh, uh-oh», apuntó.
DeChambeau manifestó que sintió durante la vuelta el apoyo de Payne Stewart (ganador en Pinehurst en 1999), del que siempre se ha declarado admirador, y de su padre, que se murió hace un par de años, en el momento más bajo de su carrera. «Quería hacerlo por ellos. «En 2022 sufrí un duro revés por muchas razones, en muchos escenarios, por muchas cosas. El momento más bajo fue en el Masters, cuando me lesioné la mano. Tenía grandes amigos y grandes personas a mi alrededor que me decían: «Sigue adelante, sigue empujando». Así que salí de un agujero bastante profundo. El swing de golf no iba bien. El golpeo de la bola era terrible. El putt no era bueno. Paul Casey, que está en los Crushers, Anirban Lahiri y Charles Howell seguían apoyándome. Eso me ayudó mucho a mentalizarme en un momento tan bajo de mi vida. Honestamente, lo que aprendí en ese momento es que te tienes que rodear de la gente correcta», explicó.
Otro de los detalles de la ronda final que llamó la atención fue verlo en la cancha de prácticas, poco antes de salir a jugar, cambiando la cabeza del driver. «No debería haberla cambiado. Intentaba poner una cabeza nueva. Tenía un loft un poco más bajo y por alguna razón esas cabezas han estado fallando. En consecuencia, fallé todo el día, estuve mal desde el tee. Fue un poco frustrante, pero la cabeza que estaba usando los últimos tres días estaba empezando a ponerse plana, en lugar de tener una curvatura de nueve pulgadas y media. Por eso quise poner una cabeza nueva. Tendría que haberla trabajado más», señaló.
En cuanto a las negociaciones entre el PIF y el PGA Tour, DeChambeau confía en que su victoria pueda ayudar a acercar posturas. «Si he de ser franco, espero que podamos resolver las cosas rápidamente. Espero que esto pueda tender un puente y volver a unir el juego. Lo pasado, pasado está, vamos a resolverlo. Devolvamos el golf, un deporte con tanta positividad, a donde pertenece».
En este mismo sentido, DeChambeau recordó que lo que hace con los aficionados a través de su canal de Youtube va en esa misma dirección. «Mi misión es seguir expandiendo el juego, hacerlo crecer a nivel mundial y nacional. YouTube me ha ayudado mucho a conseguirlo. Creo que la gente ha visto quién soy en YouTube, lo que ha sido fantástico. Todo lo que quiero hacer es entretener y dar lo mejor de mí al juego del golf, ejecutar y proporcionar un entretenimiento impresionante a los aficionados. Al menos por lo que yo sé, eso es lo que quieren los aficionados, y se lo merecen».


