Thomas Detry (-4) ha entregado este viernes una tarjeta de 67 golpes en Pinehurst y se ha colocado colíder del US Open a la espera de lo que ocurra en el turno de tarde. Está empatado con Bryson DeChambeau (-4).
Detry es un golfista belga de 31 años que lleva sobre sus hombros una pesada carga. Nadie pone en duda que es un jugador buenísimo, de swing impecablemente académico, pero sólo tiene una victoria en su carrera, en el Challenge Tour hace ya ocho años. Es el estigma que arrastra.
Frente a esta tozudez, Detry siempre ha hecho lo mismo, baja la cabeza, sigue trabajando y simplemente espera la oportunidad, confía en que algún día cambie su suerte. Que no haya ganado no significa que se carrera sea pobre. Es la gran demostración de que en el deporte no sólo vale ganar. Está asentado en el PGA Tour y apunta con fuerza a la pelea por estar en la Ryder Cup de Nueva York dentro de un año.
Su rendimiento en los Grandes había sido escaso y muy pobre hasta el Open Championship del año pasado, pero desde Royal Liverpool sus actuaciones son muy buenas. Será que es un diesel y hay que darle su tiempo. En sus primeras 18 rondas en los Grandes había acumulado un parcial de +34, mientras que en las diez últimas, cuatro del Open, cuatro del PGA y estas dos del US Open, suma -21. La noche y el día. Algo ha hecho clic en su cabeza.
Son ya seis vueltas seguidas en los Grandes por debajo del par. En el PGA Championship de Valhalla acabó en la cuarta posición, dejándose ver en la batalla por la victoria, aunque siempre en un segundo plano, y aquí ha empezado de nuevo como un tiro. Seguramente no es el que más rápido aprende del planeta, pero nunca deja de dar pasos hacia adelante.
Pese a que el juego largo es su principal fuerte habitualmente, hoy la realidad es que se ha sostenido en su putter. Ha empezado su ronda embocando cinco putts seguidos de más de cuatro metros, uno par par, tres para birdie y otro para bogey. Sobre estos ladrillos ha fabricado su buena vuelta. Ha llegado a ponerse en seis bajo par, el primero que ha llegado a esa cifra en Pinehurst, pero ha caído en los últimos hoyos con dos bogeys, curiosamente fallando dos putts de tres y metro y medio. Las cosas de este deporte.
Detry es la novedad, pero no tanto, mientras que DeChambeau es el martillo pilón. No está muy fino de tee a green, va cometiendo errores aquí y alla, pero se las arregla con su juego corto y el putt, qué putt, para estar en las primeras posiciones. Está con tal grado de confianza que parece imposible que se pueda caer en los dos días que quedan. Ganará o no, pero estará ahí. De una manera u otra. Con un golf aburrido o eléctrico, como esos dos putts de seis y ocho metros que ha metido en los hoyos 12 y 13 o el birdie que ha dejado dado en el 18 para acabar. Va y vuelve.
Rory McIlroy (-3) está a un solo golpe de la cabeza provisional. Hoy ha hecho 72 golpes. Se podría decir que ha dado la de arena, pero la realidad es que no sería justo. Ha jugado mejor de lo que dice su tarjeta, desde el tee ha estado descomunal, algo más frío que ayer con los hierros y, sobre todo, no ha conseguido brillar en los greenes. Ha metido un putt de menos de tres metros y otro de dos metros y pare usted de contar. Nada más. De hecho, su mejor momento ha sido embocando un chip desde fuera en el 17 para par. No ha sido el día más lucido, pero el juego de Rory sigue bien y si consigue que esta sea la vuelta mala, optará a ganar el US Open el domingo.
Completan la lista de jugadores bajo par de la mañana Hideki Matsuyama (-2), que ha entregado la mejor vuelta del día de momento (66 golpes), Tom Kim (-1), Tyrrell Hatton (-1), Xander Schauffele (-1), que volvió a sobrevivir a otro mal día desde el tee, y Akshay Bhatia (-1).
Las condiciones de juego han vuelto a ser muy buenas esta mañana. No ha soplado nada el viento y los greenes se mantienen con la misma velocidad y firmeza del jueves. Se pueden hacer birdies, pero están muy caros y, sobre todo, es muy difícil que los haga el mismo jugador. Las vueltas bajo par están en meter putts largos, de más de cuatro metros.



