A dos días del arranque del US Open 2025 en Oakmont Country Club, Rory McIlroy ha comparecido en rueda de prensa con una advertencia para todos: este campo no perdona. El norirlandés, que viene de conquistar el Masters de Augusta hace apenas dos meses completando así el Grand Slam, ha revelado que en su última ronda de preparación en el recorrido de Oakmont hace apenas ocho días, firmó 81 golpes. Sí, ochenta y uno: «y eso que hice birdie en los dos últimos hoyos… pero la realidad es que no sentí que jugara tan mal”, ha reconocido entre resignado y asombrado.
Esa frase resume bien el espíritu de Oakmont, uno de los campos más temidos y venerados del mundo. «El lunes pasado el campo estaba imposible», explicó McIlroy. «Los greenes rodaban a 15,5, las banderas estaban en posiciones ridículas, y aunque ahora está más benigno, sigue siendo un monstruo. Hay que estar alerta en cada golpe, desde el tee hasta el putt”.
Este infierno no es nuevo para Rory. En 2016 ya se celebró allí el US Open, y el recuerdo no es precisamente grato para el norirlandés. «Intenté borrar ese torneo de mi memoria», confesó. En aquella edición, McIlroy falló el corte, una constante entre 2016 y 2018, una época en la que el US Open parecía el ‘major’ más esquivo para su estilo de juego.
Eso ha cambiado. Desde 2019 ha encadenado seis top-10 consecutivos en este torneo, incluyendo dos segundos puestos en los últimos dos años. ¿La clave? Un cambio de mentalidad y una transformación en su juego. «Decidí que quería construir mi juego alrededor de los tests más duros del golf”, explicó. «Y ahora, de ser el Major que menos me gustaba, el US Open probablemente sea mi favorito”. El año pasado sólo un dramático final le impidió hacerse con el triunfo.
Uno de los aspectos más llamativos que ha destacado el norirlandés es la dificultad de jugar desde el rough. “Hay veces que ni siquiera puedes encontrar la bola”, bromeó. “La semana pasada, si te salías de calle estabas buscando durante minutos. Penaliza incluso cuando no fallas”.
Esa crudeza del campo es lo que más lo motiva. “El que tenga más paciencia y mejor actitud será el que gane”, afirmó con convicción. Sabe que la receta en Oakmont no tiene secretos: calle y green. “Aquí no puedes jugar al golf de recuperación. Si fallas calle, lo más probable es que tengas que sacar la bola y confiar en tu wedge para hacer par”, ha explicado este martes y recalcando la diferencia con campos como Augusta o The Players, dónde es más fácil encontrar vías de escape tras errores desde el tee.
Sin duda, la victoria en el Masters de Augusta ha marcado un antes y un después en su carrera. Rory ha completado el Grand Slam, algo que solo cinco hombres en la historia del golf han logrado. Lo soñó durante más de una década. Lo alcanzó. ¿Y ahora?: «No tengo un plan a cinco años. Estoy yendo torneo a torneo”, admitió. Una frase simple, pero que refleja una etapa de transición en su vida. Ha tocado una cima, una de las más altas, y todavía no tiene claro cual será su siguiente ocho mil.
Ha confesado las dificultades para reencontrar la motivación. «Después de algo tan grande, cuesta encontrar el empuje para seguir trabajando igual de duro», explicó. «Soñé tanto con embocar ese último putt en Augusta, pero nunca pensé en lo que vendría después”.
McIlroy ha aprendido a convivir con esos altibajos. “Siempre me cuesta rendir la semana después de una gran victoria. Quieres disfrutarlo, saborear lo que has conseguido. Y creo que me lo merezco después de perseguir ese objetivo durante quince años”.
En este 2025, además de trofeos, Rory se ha propuesto pasarlo bien. “Uno de mis objetivos este año era divertirme más. Hacer más cosas que me gustan. Volver a tener aficiones”, contó. Ha vuelto a jugar al tenis, algo que había dejado por miedo a lesionarse. “Harry y yo jugamos bastante el fin de semana pasado. Fue muy divertido”. También ha encontrado en los viajes familiares una fuente de alegría. “Poder enseñarle el mundo a Poppy a tan temprana edad es una oportunidad maravillosa”, dijo con una sonrisa.
En lo técnico, se siente más confiado con el driver tras haber trabajado mucho en casa. De hecho, reconoció que una de las claves fue cambiar de palo: “Aprendí que no estaba usando el driver correcto”. Esta semana llevará un TaylorMade nuevo —aunque no quiso dar más detalles— y espera que esa mejoría se traduzca en más calles encontradas y más oportunidades.
Preguntado sobre por qué se expresa con tanta soltura en rueda de prensa, respondió entre risas: “Supongo que porque me gusto a mí mismo… y me gusta el golf”. Bromeó, pero también añadió con sinceridad: “Creo que sé mucho sobre golf, sobre todo sobre mi juego, y siempre me ha gustado compartirlo”.
A sus 36 años, McIlroy buscará su segundo US Open —el primero fue en 2011— y demostrar que el US Open sigue siendo su Mejor favorito…


