Inicio Grandes Circuitos “Es uno de los momentos más duros de mi vida”
el último capitán del equipo habla por primera vez tras la derrota de Bethpage

“Es uno de los momentos más duros de mi vida”

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Keegan Bradley, durante el domingo de individuales de la Ryder Cup.
Keegan Bradley (Photo by Michael Reaves/PGA of America)

Han pasado ya unas semanas desde la Ryder Cup de Bethpage, pero Keegan Bradley sigue sin poder dormir tranquilo. El capitán estadounidense aún se atormenta con lo que pudo haber sido y no fue. Lo ha confesado esta semana en el media day del Travelers Championship, su primera aparición pública desde la derrota ante Europa por 15-13.

“Cuando ganas, es gloria para toda la vida. Cuando pierdes, sabes que vas a tener que vivir con eso el resto de tu vida”, ha dicho sin rodeos. “No hay una parte de mí que piense que algún día podré superarlo”.

Bethpage Black se convirtió en el escenario de una pesadilla. Estados Unidos llegó al domingo con el marcador hundido (11,5-4,5), pero protagonizó una reacción casi heroica en los individuales. “Pones tanto en ello… haces planes durante meses… y los dos primeros días fueron tan malos como jamás hubiéramos podido imaginar”, explicó. “Luego llegó esa increíble reacción del domingo”.

Bradley no solo habla de golf, habla de desgaste. “Desde la Ryder Cup hasta hoy ha sido uno de los periodos más duros de mi vida”, reconoció. “Incluso cuando ganas te dicen que sufres la ‘resaca de la Ryder’, porque quedas mental y físicamente agotado. Pero cuando pierdes, el vacío es enorme.”

El capitán también hizo autocrítica. Volvió a admitir que habría preparado Bethpage de otra forma: “Ojalá hubiéramos configurado el campo de otra manera”, dijo, recordando que incluso los europeos se sorprendieron —para bien— del montaje.

Y luego está su gran espina: no haberse incluido en el equipo. Su victoria en el Travelers de junio, que lo catapultó al top 10 mundial, desató el debate. Bradley, dos veces jugador de Ryder, decidió centrarse solo en dirigir. Ahora, reconoce que le dolió: “El primer día de prácticas estaba en el tee viendo a los chicos caminar juntos por la calle y pensé: ‘Ojalá estuviera jugando. De eso va todo esto. Me lo estoy perdiendo.’ Pero al segundo o tercer día me di cuenta de que era mejor así. Estaba agotado. No podría haber hecho las dos cosas.”

A sus 39 años, sabe que probablemente ha dejado pasar una de sus últimas oportunidades de vivir la Ryder como jugador. Solo Justin Rose, con 45, era mayor que él entre los 24 participantes. Aun así, su relación con el torneo sigue siendo intensa, casi adictiva.

“Este puñetero torneo ha sido brutal conmigo. No sé si quiero volver a jugarlo… bueno, sí quiero”, reconoció entre risas y resignación. “Es algo muy extraño: amar tanto algo que no te devuelve nada.” Quizás ahí resida la grandeza de la Ryder Cup: en que duele tanto como marca. Bradley lo sabe mejor que nadie.