Bahamas. 14:48 de la tarde. A ocho días de la Solheim Cup, Albane Valenzuela responde a la llamada de Ten Golf. Se encuentra la suiza con su familia reponiendo fuerzas y entrenando para lo que se viene en apenas una semana, su debut en una Solheim.
«Es un sueño, obvio, es una de las cosas que siempre he soñado desde pequeña, cuando Suzann me lo dijo no me lo podía creer. Sabía que tenía muchas opciones, pero era un manojo de nervios», cuenta la suiza. En los últimos meses la actual 62 del mundo no había tenido ninguna pista en un sentido u otro. No tenía ni la menor idea.
Pettersen quiso darle emoción e incluso hacer cierto teatrillo. Nada más acabar la cuarta ronda del Open en Saint Andrews, una persona del equipo de comunicación del Ladies European Tour le dijo a Valenzuela que el R&A quería hacerle una breve entrevista comentando sobre el campo y la experiencia de la semana.
Llegó al set, se puso delante de la cámara y nada más comenzar la entrevista apareció la capitana por detrás: «En ese momento yo la vi, entré medio en pánico y solo quería que se acabara la entrevista para que me dijera si iba o no. Lo divertido fue que en ese momento la que me hacía las preguntas, me dijo ¿dónde te ves en dos semanas?, y ahí Suzann interrumpió y le dijo que esa pregunta le correspondía a ella, así que me dijo ‘¿Albane quieres jugar en Virginia la Solheim?’. ‘Pues claro’, le contesté y empecé a saltar de alegría y emoción», cuenta con una sonrisa la jugadora de 26 años.
Fue también una gran liberación, ya que hace un año, siendo la primera reserva, se había quedado fuera de la cita de Finca Cortesín: «Me ha servido de motivación durante estos doce meses».
Para entender la emoción de Valenzuela conviene saber un poco sus orígenes. Nació en Nueva York por motivos laborales familiares, su padre es mexicano y al poco de nacer se mudaron allí, no fue hasta los cinco años cuando Albane pisó suelo europeo y se instalaron en Suiza donde vivió hasta los 18 años que se fue a Stanford. Sus padres residen actualmente en Bahamas. A esta particular mezcla hay que añadir que la madre de Albane es francesa. Es decir la golfista tiene cuatro pasaportes (suizo, mexicano, francés y estadounidense) y domina tres idiomas y medio: inglés, español y francés. El alemán sostiene que no lo domina, pero también explica que lo estudió durante doce años. Más bien podemos decir que es la golfista del 4×4: cuatro pasaportes y domina cuatro idiomas.
Alguno podría pensar, que ante el batiburrillo de residencias y pasaportes, la golfista podría tener dudas sobre cuál es su verdadero hogar. No tiene ni media duda: «En Suiza crecí y me desarrollé como persona y como golfista, lo siento como mi verdadero hogar. En el día de mañana cuando forme una familia tengo claro que allí es donde quiero hacerlo. Además me encanta cómo funciona todo, la vida, la educación, el paisaje… corre mucha sangre suiza por mis venas». En mi carrera hay pocas cosas más grandes que defender la bandera suiza en los Juegos Olímpicos. Ya lo ha hecho hasta en tres ocasiones (Río de Janeiro, Tokio y París).
En lo que a Europa se refiere también lo tiene muy claro: «Desde muy pequeña he jugado todas las competiciones en las que he podido defender los colores del continente. Mi mayor emoción con 17 años fue jugar la Junior Solheim Cup. En aquella ocasión perdí. Toca el momento de la revancha». No hay dudas. Pocas jugadoras sienten más el espíritu de jugar por y para Europa.
El reto de Virginia lo asume con emoción y responsabilidad: «Si estoy allí es porque he demostrado que tengo el nivel para jugar este torneo. Estoy a disposición de la capitana para lo que haga falta. Como si tengo que jugar con una piedra», afirma riéndose.
No tiene preferencias, es jugadora de equipo y lo hará cuándo y con quien toque: «Me llevo bien con todo el mundo, tengo especial afinidad con Carlota, con Celine Boutier, con Linn Grant y con Henseleit, pero estoy allí para sumar mi granito de arena y haré lo que se necesite. Creo que una de mis mayores virtudes es la de saber hacer equipo».
Con Carlota Ciganda tiene una relación especial. Desde hace años que son amigas y se da la curiosidad que desde hace tres semanas le está haciendo de caddie el novio de la española, Jamie, y lo será también en Virginia: «Carlota lleva todo el año diciéndome que tengo nivel para estar ahí, que simplemente deje que mi juego hable y que no tuviera dudas de que conseguiría el objetivo. Me ha servido de mucha ayuda».
En marzo parte de la estructura del equipo viajó a Robert Trent Jones, el escenario de la Solheim, para realizar un test sobre el terreno. Albane, no. Fue justo después de su segundo puesto en Tailandia, su mejor resultado del año:»Pensé, Albane, te tienes que esforzar más, trabajar más y jugar mejor si quieres ir a Virginia». Lo hizo y lo ha conseguido. El único déficit es que no conoce todavía el campo, no lo ha jugado nunca: «Todas llegaremos el domingo y el lunes me tocará sesión extra para irme acomodando. Todo el mundo dice que es un gran campo, pero tengo deberes por delante».
Más allá de la cita de la semana que viene, Albane también tiene claro cual es su siguiente gran objetivo: «La Solheim era lo más importante para mi este año, pero mi siguiente gran paso y sueño es ganar. En Tailandia me demostré que puedo y trabajo cada día para conseguirlo. Soy muy competitiva».
Sobre sus planes de futuro la suiza es sincera: «Mi sueño es retirarme después de los Juegos de 2032 en Brisbane. Serían mis quintos Juegos, ojalá sea con una medalla sobre los hombros. Me encanta el golf, pero tengo muy claro que hay otras cosas más allá de la jugadora. Quiero poder formar una familia y hacer otras cosas. Brisbane puede ser un broche espectacular», afirma con una mente muy clara la jugadora de 26 años. Después de Brisbane tendrá 34.
De momento, lo siguiente viene en apenas una semana. No todos los días se cumplen los sueños y ella tiene claro que la Solheim la quiere disfrutar con una victoria, claro está.



