Hay semanas que cambian una carrera y luego están las que cambian toda una vida. Para Maja Stark, esta semana en Wisconsin han sucedido ambas.
La sueca, de 25 años, ha conquistado este domingo quizás el título más prestigioso del golf femenino, el U.S. Women’s Open, y lo ha hecho cargando con algo mucho más pesado que una bolsa de palos: la duda. Entre 2021 y 2023 la joven Stark acumuló siete victorias profesionales, entre el LET y el LPGA, pero desde febrero de hace dos años que se encontraba un poco más estancada y sin tocar metal.
Esta temporada su mejor resultado había sido un quinto puesto en el T-Mobile Match Play y con tres cortes fallados por el camino en el LPGA. No atravesaba la mejor de las rachas.
“Justo la semana pasada, mi confianza estaba por los suelos”, confesó tras su victoria. “Un buen amigo me dijo hace unos días: tienes que confiar en ti misma, y eso fue lo que intenté hacer. Quería estar orgullosa de mi y que mi equipo también lo estuviera». La tecla ha funcionado. Nunca sabes cuando un consejo en un momento oportuno o unas palabras acertadas en un momento de necesidad pueden influir tanto en las personas.
Eso sí, no parecía el US Open el mejor test para poner a pruebas las dudas. La longitud del campo, los greenes infernales y un rough de los que hacen sudar no son, a priori, el mejor contexto para acallar el monólogo interior. Más bien todo lo contrario. Para la sueca curiosamente ha sido un bálsamo, una medicina.
Maja había sentido el vértigo de cerca: “La realidad es que estaba preocupada porque sentía que iba a pasar mucho tiempo antes de volver a jugar un buen golf. Esto es muy grande, surrealista te diría.” Y es que así es el golf, a veces cuando las expectativas ruedan por los suelos, se libera inconscientemente esa presión que atenaza y estruja hasta dejar sin aliento.
Y es que el reto de Erin Hills fue feroz. “Probablemente lo más difícil fueron los greens”, admitió Stark. “La USGA simplemente ama ponernos las cosas difíciles. Ponen las banderas en pequeñas lomas, y se ven aterradoras. De hecho, estoy agotada…”
No lo dice con lamento, sino con ese realismo crudo de quien ha sobrevivido una semana brutal. Porque, sí, las banderas estaban en laderas, los greens eran rápidos y traicioneros, y el campo no perdonaba. Pero al final, Stark ganó. No solo al campo, sino a su propio miedo.
“No vi los marcadores hasta el hoyo 17. Eché un vistazo. Fue bonito. No estaba tan nerviosa como pensé que estaría. Sentía que tenía algo de control de mi juego.” La espera en el 18, mientras Julia combatía contra Erin Hills, se pudo hacer eterna, pero contaba con un arma infalible: «Mi caddie es un show, podría dedicarse a la comedia y estuvo haciendo bromas todo ese rato e hizo que se me pasara rápido, así que no ha sido tan duro».
No es casualidad que la palabra más repetida en sus declaraciones haya sido “confianza”. En un deporte que se juega en silencio y se pierde en la mente, Stark encontró la forma de seguir creyendo. Este domingo su nombre ha quedado grabado en uno de los trofeos más icónicos del golf femenino. La historia de Maja quedará como recordatorio de que a veces, solo hace falta que alguien te diga: confía.



