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Al menos una vez en la vida

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Tiger Woods, durante la tercera ronda del Masters de Augusta. © Golffile | Fran Caffrey
Tiger Woods, durante la tercera ronda del Masters de Augusta. © Golffile | Fran Caffrey

Como recoge Tripp Bowden en su libro Freddie & Me, Freddie Bennet, legendario caddy master de Augusta National, decía que había que ir al club de Georgia al menos una vez antes de ponerte tu última camisa limpia (es decir, antes de palmarla, doblar la servilleta, irte a criar malvas, estirar la pata, irte al otro barrio). Supongo que es un sueño compartido por la inmensa mayoría de los aficionados al golf, una aspiración que yo pude cumplir en 2014 en las filas del equipo de Canal+ Golf/Movistar Golf desplazado al Masters de aquel año.

Crónica: Molinari se lo pone a todos muy crudo (incluso al mejor Tiger)

Después de superar la fase Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí, lo cierto es que viví una semana intensísima y disfruté hasta el último instante de la experiencia, aunque terminé baldadito. Fue todo un privilegio compartir aire y algunas palabras con Arnold Palmer, Jack Nicklaus, Gary Player, José María Olazábal, Craig Stadler y otros chaquetas verdes, y en el plano competitivo Miguel Ángel Jiménez no anduvo demasiado lejos de un título que finalmente se adjudicó Bubba Watson pese a la resistencia de un novato de oro, Jordan Spieth. Por la ventaja con la que llegó Watson al hoyo 9, el final fue un tanto deslucido y se escuchó poco al público en el trecho decisivo de Augusta National, los hoyos en los que los rugidos de los espectadores miden mejor la temperatura del torneo que los propios marcadores. Por la entidad (y cantidad) de los rivales en liza, cabe esperar que el desenlace de la edición de 2019 sea muy distinto.

Pablo Larrazábal: Francesco está jugando al golf como el que lo inventó

Que me perdonen Finau, Koepka, Simpson, Poulter y el resto de la tropa por la injusticia de dejarlos a un lado, pero este tango es para dos. Huelga decir que Tiger Woods acapara miradas y titulares, pese a que Francesco Molinari parezca empeñado en convertirse en la piedra del camino que le enseñó que su destino era palmar y palmar. Así ha ocurrido las tres últimas veces que se han cruzado. El transalpino ya se cruzó con él en los individuales de aquella inolvidable Ryder de Medinah, volvió a dejarlo sin título en el Open Championship del año pasado en Carnoustie y le ganó los tres partidos de foursomes y fourballs (con Tommy Fleetwood) en la Ryder de París 2018. Visto lo visto, nos guardamos para otra ocasión el socorrido topicazo de David y Goliat. Por cierto, solo ha habido cuatro jugadores en la historia de este deporte que hayan ganado el Masters después de haberse impuesto el año anterior en el Open Championship, algo que puede lograr el italiano. La lista impone: Arnold Palmer en 1962, Seve Ballesteros en 1980, Tom Watson en 1981 y… Tiger Woods en 2001.

solo ha habido cuatro jugadores en la historia de este deporte que hayan ganado el Masters después de haberse impuesto el año anterior en el Open Championship, algo que puede lograr el italiano. La lista impone: Arnold Palmer en 1962, Seve Ballesteros en 1980, Tom Watson en 1981 y… Tiger Woods en 2001

Nada malo se puede decir de un Molinari que escapa al estereotipo que impera en la zona alta del ranking mundial y que se ha ganado su sitio con esfuerzo y método. Todo lo bueno que le pasa se lo merece, pero en absoluto es fruto del azar. Su única desgracia en este Masters de Augusta: haberse cruzado con el favorito del público, con un Tiger Woods que busca, once años después, adjudicarse otro grande. Es la historia que todo periodista querría escribir, que todo locutor querría narrar. Esa será la principal dificultad para Molinari: superar el «síndrome Stewart Cink contra Tom Watson» y luchar por la victoria sabiendo que el 99% de los espectadores presentes en Augusta National (y un porcentaje similar de los periodistas acreditados) desea fervientemente que te derroten.

La principal dificultad para Molinari será superar el «síndrome Stewart Cink contra Tom Watson» y luchar por la victoria sabiendo que el 99% de los espectadores presentes en Augusta National (y un porcentaje similar de los periodistas acreditados) desea fervientemente que te derroten

No es la primera vez que se da una circunstancia así en este major. En abril de 1946, el Masters de Augusta volvía al calendario después de un parón de tres años a causa de la Segunda Guerra Mundial y había muchas ganas de ver golf de calidad. A la cita acudieron, cómo no, Ben Hogan, Sam Snead, Byron Nelson, Jimmy Demaret y otros astros de la época. Sin embargo, de la nada salió un modesto profesional de Springfield, Herman Keiser, un tipo a quien apodaban «el Sepulturero de Missouri» por lo serio y circunspecto que era. Hogan, favorito del público, tenía que embocar un putt para birdie de unos cuatro metros en el último hoyo del torneo para enfundarse la chaqueta verde. En cambio, hizo tres putts y un asombrado Keiser se adjudicó el título, culminándose así una de las mayores sorpresas de la historia del golf. La comparación no es muy acertada porque Keiser no tenía el pedigrí con el que ya cuenta Molinari, pero no deja de ser un ejemplo, otro más, de que los sentimientos del público van por un lado y la realidad, por otro.

Hogan, favorito del público, tenía que embocar un putt para birdie de unos cuatro metros en el último hoyo del torneo para enfundarse la chaqueta verde. En cambio, hizo tres putts y un asombrado Keiser se adjudicó el título, culminándose así una de las mayores sorpresas de la historia del golf

Desde luego, si por los sentimientos del público español fuera, alguno de los nuestros lucharía en la jornada decisiva por el título, pero parece que Jon Rahm, decimocuarto a siete golpes de Molinari, tiene demasiados rivales por delante. El 14 de abril, no obstante, no es mal día para los españoles en el Masters, aunque anteriormente nos (permítanme este plural inclusivo absurdo) hayamos quedado cerca. Tal día como hoy, Seve Ballesteros terminaba segundo en 1985 después de disputar el desempate contra Larry Mize y Greg Norman, y seis años después era José María Olazábal quien finalizaba en ese puesto a un solo golpe de Ian Woosnam. No sería mal objetivo para el astro de Barrika, aunque todo lo que estuviera cerca de su cuarto puesto de 2018 sería muy meritorio.

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Pase lo que pase, envidio a quien esté allí hoy para vivir lo mismo que pude vivir yo hace cinco años. Me conformaré con seguir la retransmisión de mis excolegas de Movistar Golf y, por supuesto, disfrutar con la espectacular cobertura de la jornada de mis compañeros de Ten Golf. Esperamos contar con todos ustedes… y no les vamos a pedir que se pongan su última camisa limpia.

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