
Matteo Manassero ha escrito hoy en Sudáfrica una de las páginas más bellas de la historia reciente del golf. El italiano ha vuelto a ganar en el DP World Tour. Ha conquistado el Jonsson Workwear Open encadenando cuatro birdies consecutivos en un final de torneo majestuoso. Su triunfo es la demostración más pura de que los cuentos de hadas existen en el deporte.
El golfista veronés de Negrar ha sumado hoy la quinta victoria de su carrera en el circuito europeo. La ha conseguido casi once años más tarde que la cuarta. Concretamente, 3.491 días después. En aquel entonces, mayo de 2013, Argo había ganado el Oscar a la mejor película, el papa Benedicto acababa de presentar su renuncia y el Bayern de Munich había conquistado la Champions con golf de Robben.
En más de diez años han cambiado muchas cosas, pero hay una que se mantiene igual. La extraordinaria capacidad que tiene este bendito deporte para generar estas maravillosas fábulas. Manassero, siempre enamorado de Severiano Ballesteros, fue uno de los mejores golfistas del mundo hace una década. Llegó a estar entre los 25 mejores del planeta, ganó el BMW PGA Championship y nadie se atrevió entonces a imaginar cuál podría ser su techo. Simplemente, no lo tenía.
A partir de ahí, comenzó una paulatina y pertinaz cuesta abajo. Sin duda, uno de los puntos de inflexión para su declive, no el único, pero sí uno de ellos, fue la búsqueda de más distancia, tal y como reconoció a Ten Golf. Fue cayendo y cayendo hasta tocar fondo. Se quedó sin derechos de juego en ningún circuito. Simplemente, no podía jugar al golf salvo que alguien le diera una invitación.
En plena caída, como tantos otros, buscó mil y una soluciones, atajos, remedios pseudomilagrosos que, de golpe y porrazo, lo volvieran a situar en el top 25 del mundo. Pero eso no existe. O, al menos, él se dio cuenta de que no existen y decidió poner el contador a cero. Reseteo bestial. Empezó tan desde la base que se puso a jugar torneos del Alps Tour. Él, Matteo, el chico que con 16 años ganó un British Amateur y jugó un Open Championship compartiendo partido en Turnberry con Tom Watson y Sergio García. Y terminó 13º. Él, Matteo, el ganador más joven de la historia del circuito europeo. Él, Matteo, el vencedor más precoz en Wentworth. Sí, ese Matteo que saltaba escalones de cuatro en cuatro. Ése mismo tuvo humildad, el coraje y la fuerza de empezar de cero.
Hace tiempo que Manassero se quitó los guantes y se bajó del cuadrilátero
Su plan de regreso no tenía una fecha inmediata, ni siquiera a corto plazo, y seguramente ahí radica el secreto de su éxito. Se lo tomó con calma, con paciencia, paso a paso casi literal. Ganó en el Alps y no se volvió loco. Regresó al Challenge, empezó a sumar buenos resultados y tampoco se volvió loco. Falló en su intento de volver al DP World Tour en 2022 y siguió tranquilo. Ya en 2023 llegaron dos victorias en el Challenge y, ni aún así, se volvió loco. No quería prisas, no quería ansiedad, no tenía expectativas. Había un plan y sólo tocaba seguirlo.
Hoy, en su décimo torneo desde su vuelta al DP World Tour, ha ganado de nuevo. Es la esencia de Manassero. La seña de identidad del niño prodigio. Hace las cosas a más velocidad que nadie, pero no por obligación o forzando la máquina, sino porque le salen de manera natural cuando se reconoce al mirarse al espejo. Cuando es fiel a sí mismo.
Manassero ha vuelto a ganar como siempre lo ha hecho. Mostrando una determinación extraordinaria. Pegando los tiros que tenía que pegar cuando tocaba. Aguantando cuando las cosas no terminaban de salir. Su final ha sido sublime. Birdie en el 15, 16, 17 y 18 para imponerse finalmente con tres golpes de ventaja sobre Shaun Norris, Jordan Smith y Thriston Lawrence.
Su vuelta a los altares se ha hecho de rogar por una interrupción de unas dos horas y media por tormenta eléctrica. Una minucia para alguien que lleva más de diez años aguardando este momento, sin duda la victoria más popular del DP World Tour en los últimos años.
¿Y saben qué es lo mejor de todo? Que el muchacho sólo tiene 30 años. Matteo.


