Igual los más jóvenes no dan crédito a esta afirmación, pero Sergio García era uno de los mejores pateadores del mundo. Así lo decían, sin pestañear, todos sus rivales durante sus brillantísimos años como amateur, así como en sus primeros escarceos entre profesionales. «¿Sergio? Que sí, por supuesto, que ha sido siempre muy bueno de tee a green, pero con el putter era un abuso, lo metía todo», afirman sus contemporáneos.
El propio Sergio, en petit comitè, lo admite. No es el de Borriol muy de echarse flores, más bien al contrario, se castiga más que se adula, sobre todo en público, pero cuando se alcanza cierta intimidad, lo reconoce: «yo era un buen pateador en mis primeros años». Tanto es así que, en cierto modo, sus luchas y fatigas con esta parcela del juego en los últimos años, tienen que ver entre otras cosas con su anhelo de recuperar aquella versión en los greenes de hace un cuarto de siglo.
Esta semana en Miami, donde se disputa la quinta prueba de la temporada de LIV Golf, ha hecho un nuevo intento por viajar al pasado. Ha rescatado a un viejo amigo al que regresa de vez en cuando para reverdecer antiguos laureles. Se trata del Scotty Cameron Del Mar Prototype, el mismo putter que utilizaba en el año 1999. Bueno, el mismo exactamente no. El palo sí es igual, pero está tuneado para los nuevos tiempos.
Los recuerdos con aquel viejo compañero de viaje son fantásticos. El 99 fue el primer año de Sergio como profesional, ganó dos veces (Irlanda y Alemania), quedó segundo en su estreno en el PGA Championship en Medinah, tras aquella mítica batalla frente a Tiger Woods, se clasificó para la Ryder Cup y acabó entre los diez primeros en once de los 24 torneos que disputó. Tenía 19 años y era conocido en todo el mundo como ‘el Niño’.
Pues bien, 25 años después de aquella irrupción fabulosa en la escena del golf mundial, Sergio ha vuelto a echar mano de aquel putter. Lo utilizó ayer en la primera jornada en el Trump National Doral y, obviamente, a la vista de los resultados, líder empatado, seguirá en la bolsa un tiempo, seguramente también en el Masters de Augusta, aunque con Sergio nunca se sabe.
«Los chicos de Golf Fire, el putter (peculiar donde los haya) que estaba usando, están trabajando en construirme una versión más pequeña. Me siento más cómodo con ese tipo de putter, un poco más compacto, un poco más pequeño. Así que mientras tanto he vuelto a mi Scotty Cameron de 1999 que tenía en casa. Obviamente no es el mismo, lo han ajustado y lo han dejado como nuevo. Ni que decir tiene que guardo un montón de buenos recuerdos de ese putter y quería traerlo de vuelta. Hoy funcionó muy bien», explica el español.
Precisamente, su actuación en los greenes resultó clave para su liderato, y es que Sergio no se sintió del todo cómodo de tee a green, a pesar de entregar una tarjeta de 67 golpes sin bogeys. «El par salvado en el 13 fue enorme para mantener el ritmo en mi ronda, ya que no estuve espectacular con mis hierros. Aunque cacé muchos greenes, la realidad es que no las dejé muy cerca. Sin embargo, mis putts largos estuvieron muy bien, así que no me estresé mucho. Obviamente, eso me ayudó», remata.
Nunca es malo sentirse a gusto en los greenes a unos días de visitar el Augusta National.



