El Texas Children’s Houston Open está resultando ser este año, en la presente edición, una verdadera joya en el abigarrado calendario del golf mundial. Lo tiene todo. Comenzando por un campo, el Memorial Park, que cumple su tercera edición como sede del evento después de la remodelación del campo y que es un sensacional escenario que verdaderamente pone a prueba a estos grandes jugadores (sobre todo si cuenta con la ayuda del viento, tal y como está ocurriendo), sin que aparentemente haya necesidad de apretar las clavijas hasta límites que puedan rayar con la neurosis.
El torneo lo tiene todo, decíamos. Tenemos en Houston, por ejemplo, a cinco líderes apretujados en lo alto de la tabla, cada uno de una nacionalidad distinta: un inglés, David Skinns (-9); un alemán, Stephan Jaeger (-9); un belga, Thomas Detry (-9); un argentino, Alejandro Tosti (-9)… Y un estadounidense, cómo no, que para más señas es el Número Uno del mundo, Scottie Scheffler (-9), y que busca su tercera victoria consecutiva.
Tenemos, por cierto, de cara a la última y decisiva ronda, a doce jugadores separados por un exiguo margen de dos golpes. Y a más de veinte que saldrán con una diferencia de cinco.
Volvemos también a tener luchando por el triunfo a Nick Dunlap (-8), el joven que ganaba como amateur hace unas semanas y que aspira a reditar la campanada, ya como profesional. Y lo tenemos ahí porque hoy ha firmado una tarjeta sobresaliente de 63 golpes, rondando el récord del campo.
Tendremos mañana, con toda seguridad, lo mismo que hemos tenido hoy: una clasificación que no para quieta, llena de alternativas. Y un final de recorrido de los que quitan el hipo, con numerosas y variadas situaciones de riesgo-recompensa y con mención especial a lo que ha ocurrido este sábado en el hoyo 15, un par 3 que hoy apenas tenía 120 metros de longitud y en el que el drama no ha dejado nunca de estar a flor de piel (Scheffler, por ejemplo, salía de allí con un doble bogey a cuestas). ¿No está ya suficientemente demostrado que a los mejores jugadores del mundo se les puede buscar las cosquillas sin recurrir a la longitud extrema? Los pares 3 más famosos del mundo, por ejemplo, no suelen irse más allá de los 130 metros… Y sin son famosos es porque el drama sobrevuela el green, nadie lo dude.
Tenemos a un David Skinns que se resiste a ser flor de un día, cenicienta marchita. Este jugador de palmarés discreto salía en el partido estelar de la última ronda hace unas semanas en el Cognizant de Florida y volverá a hacerlo mañana, rompiendo como extraordinario jugador de golf pasados los cuarenta. Tenemos arriba a un novato como Tosti, que hoy se ha sobrepuesto a una dolencia muscular en el cuello para seguir empujando. Tenemos a Detry, permanente candidato a la excelencia…
Por tener, seguimos teniendo en la pelea a Tony Finau (-7), el líder destacado al inicio del día, a pesar de que hoy haya sido superado por el Memorial Park (tarjeta de 72 golpes). Tenemos a Jaeger, deseoso de dejar de ser un animador recurrente, y a Taylor Moore (-8), que el año pasado, al fin, parecía haber puesto rumbo hacia otra dimensión, la de los muy buenos, y luego no terminaba de confirmar el vertiginoso salto. Tenemos a Askhay Bathia (-8), otro que todavía anda buscando el permiso para entrar en el salón de los grandes jugadores…
Tenemos a Scheffler, si se permite la insistencia. Otra vez arriba, con los mejores, luchando por el triunfo. Otra vez en un partido estelar del domingo. Hoy venía llevándoselo todo por delante, como una estampida de bisontes (cinco birdies entre los hoyos 6 y 12), luego se frenaba en seco (bogey en el 13 y doble bogey en el 15), a continuación pateaba para eagle en el 16 y pegaba un tirazo en el 17 (birdie)… No termina de sentirse completamente a gusto, entre otras cosas porque este campo no da tregua, ha tirado ya tres bolas al agua en las dos últimas jornadas, ha firmado dolorosos dobles bogeys (antes de que le cayera el primero esta semana en Houston llevaba 218 hoyos firmar ni uno), todo lo que ustedes quieran, pero ahí lo tenemos, colíder. Es un jugador supremo, un dolor de cabeza para todo aquel que coincida con él en un torneo de golf y aspire a ganarlo.
Mañana domingo también se espera viento. Y tendremos con toda seguridad un final dramático. Y puede que algún outsider inesperado que vaya por delante y que todavía no haya sido nombrado, capaz de firmar un 63 como el de Dunlap. Y tendremos seguramente a Scheffler, yendo, viniendo. Afortunadamente.



