Josele Ballester perdió el avión de vuelta a casa el domingo. Lo que para cualquier persona puede ser un engorro incluso asfixiante, para un golfista acostumbra a ser una excelente noticia. Lo perdió porque acabó tarde el Mexico Open at Vidanta World, su segundo torneo regular en el PGA Tour. Y acabó tarde porque pasó el corte, lo primero, y segundo porque salió con la jornada avanzada. Acabó decimoséptimo, sin tiempo para llegar al aeropuerto, pero con una buena sonrisa. Su premio por una más que notable semana ha sido quedarse una noche más en el magnífico complejo de Puerto Vallarta y homenajearse a sí mismo con un buen brunch hoy lunes antes de ir al aeropuerto para regresar a Arizona. Precisamente, de camino al restaurante atendía a Ten Golf unos minutos para hacer balance de la semana mexicana.
«Lo mejor de todo es que sin haberme sentido cómodo del todo con mi swing he terminado en el puesto 17º. Esto me demuestra que si llego sentirme un poco mejor podría haber estado perfectamente en la pelea por ganar»
Lo primero que hace Josele es parar los pies a aquellos que tengan (tengamos) prisa por lanzar las campanas al vuelo por su primera gran semana en un torneo profesional. «El balance es muy positivo y estoy contento, pero no ha sido un resultado como para celebrar, ni nada así especial. Ha estado bien, ha sido una buena semana, pero esto no es lo que quiero. Busco más», asegura con esa ambición sincera que desprende en cada reflexión. Está bien acabar en el top 20, pero es insuficiente.
La primera conclusión que saca de Vallarta, aún en caliente, es poderosa, de las que dejan huella. «Lo mejor de todo es que sin haberme sentido cómodo del todo con mi swing he terminado en el puesto 17º. Esto me demuestra que si llego sentirme un poco mejor podría haber estado perfectamente en la pelea por ganar», explica. Josele tiene la prisa justa, pero tiene claro que la experiencia es un grado. Está deseando jugar esta semana en Los Cabos, de nuevo en México, el próximo torneo universitario que le toca en el calendario, pero al mismo tiempo habría firmado con sangre jugar el Cognizant Classic del PGA Tour, porque aprende rápido y quiere seguir probándose y progresando en estos escenarios. Pero entiende los tiempos.
Una de las reflexiones más interesantes de Josele tras el Mexico Open tiene que ver con el corte y la presión que supone. «Es algo distinto. Es una presión nueva, a la que no estoy acostumbrado en los torneos universitarios y se nota. Salvo que empieces con un vueltón el primer día, sientes que cada golpe importa mucho. Que una mala salida, un mal hierro o un putt corto que fallas te puede costar quedarte fuera. Es una barrera mental que está ahí y me ha costado soltarme y jugar relajado. También entiendo que con experiencia y torneos se pasa, pero estaba ahí. Por esto tenía tantas ganas de ir paso a paso, pasar primero el corte y poder jugar de otra manera el fin de semana, más liberado. Sabía que tenía la capacidad y lo he demostrado, sobre todo el domingo. Ya el sábado jugué bien, pero me costó hacer resultado. El fin de semana me encontré más libre, pensando ya sólo puedes ir a mejor. Es lo que más he notado», afirma. Ahí, por ejemplo, explica que lo ha notado sobre todo todo en el putt, a la hora de liberar el putt. «Sobre todo en los de izquierda a derecha. Con presión los pusheaba un poco, pero el fin de semana me encontré mucho mejor, sobre todo esos dos putts seguidos de birdie/eagle en el 5 y 6″, precisa.
«Es una barrera mental que está ahí y me ha costado soltarme y jugar relajado. También entiendo que con experiencia y torneos se pasa»
El repertorio de cosas buenas que hizo el domingo es generoso. «De lo que estoy más contento es que tomé grandes decisiones, tuvo mucho acierto alrededor de green y estuve muy bien con el putter. Además, para mí fue muy importante acabar con dos pares los hoyos 8 y 9. He acabado tres de los cuatro días que he jugado por esos dos hoyos y siempre había hecho uno o dos bogeys. Llevaba una buena vuelta y quería acabar bien, aunque no fuera a cambiar demasiado el resultado. Jugué dos hoyazos, con muy buenos hierros y dos putts largos perfectos. Me dejó una buena sensación cerrar bien el torneo», apunta.
Otra de las tareas que se trajo del Phoenix Open fue seguir sus rutinas al ciento por ciento en los greenes. Está satisfecho con ello. En este sentido, también está buscando aún la mejor química con su caddie Javier Erviti. Lo explica de manera cristalina y, de nuevo, con una sinceridad que cualquiera puede comprender. «Es un caddie profesional, sabe mucho, tiene experiencia y al principio se metía mucho más de lo que a mí gustaba. Me costaba aceptarlo. Yo soy un jugador de feeling y, de alguna manera, siempre he ido con un caddie amigo en la bola. Por decirlo de algún modo, a mí lo que me gusta es que me hagan la pelota, que me digan que sí a todo, que qué bien lo hago y lo veo. Pero claro, Javier tiene que dar su opinión si no está de acuerdo en algo. Es su trabajo y lo entiendo. Se sigue metiendo, porque debe hacerlo, pero cada vez respeta más mi visión, mis tiempos y mi espacio. Me deja más a mí y estamos más cómodos», explica. Al fin y al cabo, todo es una adaptación a un mundo nuevo.
Por cierto, sacamos el tema de la distancia y Josele demuestra una vez más una tremenda madurez, mucha más por ejemplo de la que tiene el que pregunta. Qué se siente al acabar primero en la estadística de distancia de un torneo del PGA Tour. «Pues verás, lo primero es que tampoco me sorprende mucho, no necesito la estadísticas para saber que voy muy largo, lo veo cada vez que juego. En cualquier caso, está claro que mola porque está bien eso de pegar duro, pero preferiría mil veces antes haber terminado en mitad de tabla en la distancia y sin embargo estar el domingo con opciones de ganar», sentencia.



