El Mexico Open es el octavo torneo del año del PGA Tour y, aunque parezca increíble, el primero con presencia española. Ya saben, cuestión de dólares. Jorge Campillo abrirá este jueves su temporada americana en el Vidanta Vallarta, un recorrido a pie de playa y con vistas al Pacífico Norte desde la Bahía de las Banderas. Una esquina del mundo parida para atraer turismo a espuertas, aunque no hay que engañarse con el campo…
Cualquiera podría pensar que estando en un punto tan extraordinariamente vacacional como Puerto Vallarta, el campo sería un estilo resort, pensado para el goce y disfrute del visitante, un caramelito en manos de los profesionales. Pues bien, no es Riviera Country Club, ni mucho menos, tampoco tiene las hechuras de un escenario de US Open, no engañemos a nadie, pero tiene más guasa de lo que aparenta.
La clave de la casa del Mexico Open es la distancia. Es un campo muy, muy largo, el sexto con más metros del PGA Tour. Tiene dos pares 5 por encima de las 600 yardas (5 y 12) y otros dos pares 4 por encima de las 500 (4 y 16). Total: 7.456 jugando desde atrás. Y además, en este campo no hay trampa ni cartón. Como es obvio, está al nivel del mar, por lo que la bola vuelva lo que vuela, tirando a poco. «Hay un par de pares 4 que no tengo del todo claro si llego de dos con viento en contra», confesaba Campillo a Ten Golf esta semana.
Es un campo para pegadores. Nadie lo pone en duda. No sólo por la distancia, sino por la anchura de las calles. Tienen de media cerca de 40 metros, así que ancha es Castilla. Hay que endiñarle y el trazado se deja. Fue el sexto campo del PGA Tour en 2023 donde más calles se cogieron. Y en el peor de los casos, escapada legendaria, el rough no es muy penalizador. Hora de soltarse e ir con todo. Quien vaya más lejos, tiene mucho ganado, ya que más del cuarenta por ciento de los golpes a green que se dieron el año pasado fueron desde más de 200 yardas. Hay que tratar de estar en otro lado del porcentaje. Toca apretar.
Más pruebas. De los 14 jugadores que terminaron el año pasado en el top 10, el peor clasificado en la estadística de distancia desde el tee fue Austin Smotherman, puesto 51º con una media de 310,40 yardas. Jugaban 144 golfistas. La mitad de esos 14 primeros finalizaron entre los 25 más largos. Al rico bombazo.
Si nos vamos a 2022, el asunto es aún más evidente. Entre los diez primeros clasificados del torneo, se colaron los tres pegadores más largos esa semana, incluido el ganador, Jon Rahm, que fue también el que más distancia hizo con una media brutal de 340,50 yardas. Ocho de los diez primeros de la tabla terminaron entre los doce mejores en pegada. A darle duro.
Que la estadística arroje este dato, no significa que sin ser un pegador no se pueda competir en Vallarta. Ahí está el ejemplo de Brandon Wu, con dos top 10 consecutivos siendo 140º y 137º en la media de distancia desde el tee en los dos últimos años en el PGA Tour. O David Lipsky, top 10 hace dos años pegando menos que la media. Las excepciones que confirman la regla.
Campillo necesitará soltarse esta semana, pero lo más importante seguirán siendo los tiros a green, y ahí Jorge siempre ha sido y será un garantía. Nunca temió el extremeño a un hierro largo. Saldrá a jugar a las 16.20, hora peninsular española este jueves y a las 19.05 el viernes, en el último partido del día. Juega con Blaine Hale Jr. y el amateur mexicano José Antonio Safa.
El gran favorito al triunfo es, por motivos más que obvios, Tony Finau. Es el campeón defensor, acabó segundo hace dos años y ocupa el mejor puesto en el ranking mundial de todo el torneo. Tampoco habrá que perder de vista a Patrick Rodgers, el citado Brandon Wu, Cameron Champ, David Riley, Emiliano Grillo o Nicolai Hojgaard. Además de Campillo, Thorbjorn Olesen estrena su tarjeta americana este año.



