– Rory McIlroy (-12) y J. J. Spaun (-12) tendrán que salir este lunes a jugar el clásico play off a tres hoyos del THE PLAYERS (hoyos 16, 17 y 18) después de terminar igualados en lo alto de la tabla y de quedarse sin luz para rematar el torneo. Una suspensión de cuatro horas por culpa de una tormenta eléctrica ha sido la causante de este pequeño desorden, que por otro lado estira la emoción unas cuantas horas.
– El norirlandés, que salía hoy a jugar a cuatro golpes del líder ha remontado con una tarjeta de 68 golpes, arrancando de manera explosiva, con birdie en el hoyo 1 y un eagle fabuloso en el hoyo 2, aunque luego ciertamente no encontrara la manera de llevarse el gato al agua tras la reanudación del juego, sobre todo después de hacer bogey en el 14, tras una salida desde el tee horrorosa, y de errar una magnífica opción de birdie en un hoyo 15 que había jugado de modo perfecto. A decir verdad, ¿quién no ha perdonado? Tampoco Spaun, por ejemplo, ha sido capaz de hacer buena su ventaja, con una ronda final de 72 golpes, aunque acertaba a dejarse dado el birdie en el 16, último par 5 del Stadium course del TPC Sawgrass, para alcanzar el coliderato.
– McIlroy, tal y como ha venido explicando él mismo en los últimos tiempos, está tratando de jugar con más cabeza, dándole prioridad a la estrategia y, por tanto, a ese llamado golf ‘aburrido’, y no se puede decir que le haya ido mal esta semana. Ahí está metido en un desempate a dos bandas. Además, Rory, se ponga como se ponga, nunca resulta aburrido. No hay más que ver su segundo tiro en el hoyo 5 en esta ronda final, desde la pinzza y entre los árboles, forzando un fade-slice para llevar la bola mansa al green. La cabra tira al monte.
– En cuanto a Spaun, y a pesar de no haber sido capaz de jugar por debajo del par, de ninguna manera se debe concluir que la situación o el escenario le hayan quedando grandes. De hecho, en el hoyo 72 todavía estaba a punto de embocar un putt de nueve metros para hacer birdie y evitar el desempate.
– Bud Cauley (-9), que marchaba en el partido estelar junto a Spaun y Lucas Glover (-10) y que salía a un solo golpe del líder, sí se quedaba fuera de la ecuación demasiado pronto. O mejor dicho: en realidad nunca se ha descolgado demasiado pero tampoco transmitía la sensación de poder meterse en la lucha por la victoria. Sea como sea, su sexto puesto final le asegura los derechos de juego en el PGA Tour, pues ha cumplido ya con el mínimo de puntos que le exigía el circuito a sumar en 27 torneos por una exención médica (éste era su torneo 22º tras superar ese infierno de casi tres años médicos, hospitales y quirófanos). Bravo por él. De alguna manera, le ha dado definitivamente la vuelta a la situación.
– Por delante de los dos últimos partidos Akshay Bhatia (-10) dejaba también escapar muy buenas oportunidades para, al menos, haberse metido en el desempate. Nadie dejaba la bola más cerca que él de manera regular en el último tercio de la vuelta. Pero fallaba un putt de tres metros en el 15, otro de metro y medio en el 16 y uno postrero desde dos metros y medio en el 18. Todos para birdie. Podría incluso añadirse otra buena oportunidad en el 14, algo más lejana. Demasiadas concesiones.
– La gran decepción de la semana, más por ser quien es que por el resultado final (20º) ha corrido a cargo de Scottie Scheffler (-4). Tom Hoge (-10) ha demostrado en la ronda final que viniendo desde incluso más lejos en la tabla se podía aspirar a meter miedo a los líderes, pero el Número Uno del mundo no está en su mejor momento. Le basta y le sobra para acabar arriba, incluso muy arriba, pero de momento no ha conseguido meterse de verdad en la lucha por la victoria en los cinco torneos que lleva disputados en 2025. Y hay que decirlo alto y claro: eso ya es en sí mismo un hecho noticiable, casi extraño, para un jugador que había gobernado el golf mundial con mano firme las dos últimas temporadas. Él dice que está muy cerca y habrá que creerle. Los hechos tampoco describen ningún desastre, desde luego, pero es evidente que ha perdido chispa, don de la oportunidad, solidez y control de la situación. Nada grosero, es cuestión de algunos matices que además se reparten en la enormidad que es un torneo a 72 hoyos, pero si en la medida suficiente para sacarlo de la ecuación ganadora. Porque aquí nadie espera a nadie. Sea el Número Uno o no lo sea.



