Rory McIlroy cambió el driver y las maderas de calle antes del Arnold Palmer Invitational. El norirlandés estaba más que a gusto con las que venía utilizando en 2024 y así, entre otras cosas, lo reflejaban sus resultados. Llegaba a Bay Hill con una victoria en Pebble Beach, otra más en el DP World Tour Championship, un cuarto en el Dubai Desert Classic, tercero en Abu Dhabi, segundo en Irlanda y Wentworth… Su peor resultado desde agosto del año pasado había sido un 25º en el Alfred Dunhill Links Championship. ¿Para qué cambiar, pues? Pues muy fácil, por la presión de las marcas que todos los años sacan palos nuevos y pagan un pastizal a los jugadores para que los promocionen. Se trata de vender. Mucho se había resistido ya Rory al cambio y entendió que el Arnold Palmer, justo antes del THE PLAYERS podría ser un buen momento.
Sin embargo, las cosas no le fueron bien. Acostumbrado a liderar las estadísticas desde el tee prácticamente cada semana, Rory no terminaba de estar cómodo en Bay Hill. Acabó la primera jornada en el puesto 21º de 72, el segundo día, aún peor, cayó al 30º y el tercero finalizó el 32º… de 51, pues ya se había establecido el corte. Ni los más viejos del lugar recuerdan la última vez que McIlroy fue peor que la media desde el tee. Sirva de ejemplo que en Pebble Beach, donde ganó, y en el Genesis, donde acabó 17º, sus dos torneos anteriores en el PGA Tour, fue el mejor del torneo en este mismo apartado.
A la vista de los datos y, sobre todo, las sensaciones, McIlroy decidió el domingo dar marcha atrás. No recordaba la última vez que había tenido un stroke gained negativo desde el tee (en un torneo de field completo hay que remontarse al Memorial del año pasado), por lo que sacó de la bolsa el nuevo material y metió el driver y las maderas del año pasado. «Como lideré la estadística de golpes ganados desde el tee tanto en Pebble como en Torrey, se ve que fue una gran idea cambiar (riendo)… Al ver que el sábado perdí golpes desde el tee, que es la primera vez que me pasa en mucho tiempo, decidí volver a lo que me era más familiar y cómodo. Probé maderas nuevas los primeros tres días y no funcionaron como quería, así que volví a mi equipo viejo», explicó ayer tras acabar el torneo.
Tampoco le fueron demasiado bien las cosas a McIlroy el domingo. Volvió a perder golpes desde el tee y acabó aún más atrás en esa estadística (39º), aunque en esta ocasión lo achaca más al hecho de mostrarse más agresivo para buscar una gran remontada y al propio hecho de llevar varios días trabajando y jugando con los otros palos que a una sensación de incomodidad.
Así las cosas, Rory ha tomado una decisión que se puede considerar drástica en los tiempos que corren. «Voy a seguir utilizando el driver antiguo (del año pasado, tampoco crean que tiene más tiempo) al menos hasta el Masters. Eso lo tengo claro», asegura. Por cierto, también confirmó que hará una o dos visitas a Augusta antes de abril, algo que no solía hacer últimamente. «Creo que se han caído varios árboles desde el último huracán y han cambiado el green del 16, así que quiero verlo antes de llegar a la semana del torneo», apunta.
En cuanto al material y los cambios cada año, McIlroy invita a una reflexión a las marcas. «Hay que intentar adaptarse a lo nuevo lo más rápido posible. Hay pros y contras. Es una bendición y una maldición al mismo tiempo que tengamos que pasar por estos ciclos de palos cada 12 meses. Lo más probable es que no me haya dado suficiente tiempo. Es completamente diferente verse bien en el Trackman y en la cancha de prácticas del Bear’s Club a hacerlo en un torneo y en unas condiciones como Bay Hill. Esta semana se ha demostrado que no estaba del todo listo», concluye.


