Rory McIlroy también va a jugar con un nuevo putter esta semana, aunque sus motivos son mucho menos científicos que los de Scottie Scheffler. Básicamente andaba algo aburrido, se metió en su garaje, vio todos los putters antiguos que tenía y escogió uno para ponerlo en juego esta semana en el FedEx St Jude Championship. Como que necesitaba un cambio, pero tampoco algo demasiado sesudo. Por si acaso, eso sí, lleva también su putter habitual, no vaya a ser que la decisión salga rana.
Lo que sí tiene mucho más claro McIlroy es su calendario más inmediato, así como el de la próxima temporada. En estos tiempos en los que los agentes parecen marcar los ritmos de cuándo se debe anunciar en que torneo sí y en que torneo no va a jugar el golfista, se agradece la claridad de Rory. De aquí a la Ryder Cup lo tiene bastante completito. Serán seis de ocho semanas: los tres playoffs, Irish Open, BMW PGA Championship y Ryder Cup. Además, entre Wentworth y la Ryder tendrá tiempo para ir a una isla griega a celebrar la despedida de soltero de un amigo. «Tengo la despedida de soltero de un amigo en Mykonos después de Wentworth y durará unos días. Después tendré unos días para secarme antes de la Ryder Cup», asegura. Mola la utilización del término secarme.
Ha dado más pistas sobre su calendario. Tras la Ryder sólo va a jugar la Final de Dubai y no regresará hasta el Dubai Dessert Classic de 2024. «No soy muy fan de Hawái», ha advertido. Es decir, va a pasar de jugar seis de ocho semanas a dos en casi cuatro meses. Rorylandia en estado puro. También ha avanzado que jugará en Pebble Beach el próximo año y que está encantado de que antes del PGA Championship se juegue en Quail Hollow y de que antes del US Open esté el Memorial. En cuanto al Masters, no tiene muy claro qué jugará antes a modo de preparación, aunque ha dejado caer que será muy probable verlo en San Antonio. Se agradece la claridad.
En cuanto al FedEx Cup, no hay nadie más experto en ganarla que McIlroy, por lo que conviene escucharlo cuando explica cómo, a su juicio, hay que afrontarla: «yo lo veo como un torneo de doce rondas de golf donde puedes fallar en algún momento y tienes margen de reacción. Si llegas al Tour Championship a cuatro golpes del liderato como máximo estás perfectamente colocado. Yo tengo la ventaja de que me encanta y me siento muy cómodo en East Lake. Creo que mis tres victorias en la FedEx Cup tienen que ver con haber jugado muy bien al golf y, sí, también algo de sentido de la oportunidad».
Lo que no ha explicado, aunque tampoco se le ha preguntado, es por qué prefirió levantar algunas pesas en el gimnasio este martes en lugar de acudir a la reunión prevista con Jay Monahan con todos los jugadores. Tampoco necesita Rory decir alto y claro lo que todo el mundo sabe, la decepción que sufrió al ver cómo ha hecho las cosas el PGA Tour y el acuerdo marco con los saudíes. Es como si no quisiera saber nada de ese asunto.
Eso sí, bendice, cómo no, la llegada de Tiger Woods a la junta directiva. «Tiger ha dado un paso adelante por todos nosotros en el TOUR. Creo que se da cuenta de que los jugadores que están en la junta directiva también están jugando y es difícil navegar por ambas cosas. Tal vez tenga un poco más de tiempo libre que nosotros. Le agradecemos mucho que haya dado un paso al frente y nos haya quitado un poco de trabajo de encima», señala.


