Stephan Jaeger (-12) ha ganado el Texas Children’s Houston Open después de firmar una última tarjeta de 67 golpes, consiguiendo su primera victoria en el PGA Tour y, a la vez, doctorándose como jugador sobresaliente, por todas las circunstancias que han concurrido en la ronda final. La primera de ellas, quizá la más importante, es que el alemán venía jugando en el partido estelar junto al Número Uno del mundo, Scottie Scheffler (-11), y ha sido capaz de mantenerse firme, muy sólido, sin apenas cometer errores, tomando los riesgos justos cuando seguramente había que tomarlos.
Jaeger ha ganado un torneo sobre la cuerda floja, dicho en el mejor de los sentidos y atendiendo al nutrido grupo de aspirantes que de una manera u otra, dependiendo más o menos de sí mismos, han llegado con opciones al mismísimo hoyo 72. Su triunfo es merecidísimo. Sin embargo…
Sin embargo, es obligatorio también señalar que ha habido dos jugadores que realmente se lo han puesto al alemán un poco más fácil. Es la ley del deporte, por otro lado, en el círculo de los ganadores: exprimir tus aciertos y sacar ventaja de los errores del rival. Uno de estos dos jugadores es Thomas Detry (-11), que ha terminado en segunda posición, a un solo golpe del ganador, y que en la recta final no se ha cansado de perdonarle la vida a todos en los greenes. En el hoyo 14 erraba un putt de algo más de un metro para salvar el par, en el 16 otro de dos metros y medio para eagle y en el 17 uno desde la misma distancia, algo más de dos metros, para birdie. Es cierto que también Jaeger perdonaba un putt más bien corto en el 17, pero lo del belga, una vez más, ha resultado especialmente llamativo. No termina de encontrar el modo de dejar que las cosas sucedan como pueden y hasta deben suceder en la hora de la verdad.
El otro es Scottie Scheffler, por supuesto. Si el texano se ha marchado al hotel con la sensación de haber sido demasiado generoso en los greenes del fantástico Memorial Park, no anda desencaminado, a la vista de lo ocurrido. Y no es sólo porque errara un putt de birdie desde metro y medio en el 18 para hacer un birdie que lo hubiera llevado al desempate con Jaeger. Es que antes ya se había dejado por el camino un buen manojo de putts, la mayoría de ellos para birdie (también uno de par en el hoyo 15) desde distancias que iban de los dos metros y medio a los tres metros largos…
No son distancias desde las que siempre se convierta, de acuerdo, pero sí en un porcentaje mucho más elevado, en los niveles del golf profesional de élite. Y él sólo ha enchufado una, la que tenía en el hoyo 2, desde algo más de tres metros. Scottie ha cerrado la semana en Houston en el puesto 37º de la estadística de SG:Putting, apoyándose sobre todo en las rondas primera y tercera, en las que pateó de manera notable. Sus números no son desastrosos esta semana, ni mucho menos, pero ni siquiera a él, excelso Número Uno, le llega siempre para ganar con tal déficit, sobre todo cuando se comprueba que el resto de los jugadores que han estado en la pelea hasta el final no bajan del puesto 12º en dicha estadística, incluyendo a Detry, que en realidad ha estado muy fino en los greenes hasta ese maldito tramo final. Bueno, todos no: Tony Finau (-11) ha dado incluso más ventaja al resto con el putter en las manos (puesto 75º en SG:Putting), y eso que el viernes firmaba un poderoso 62.
El éxito de Jaeger ha sido el de estar ahí hasta el último momento, sin ceder terreno, después de haber jugado un golf de alta escuela por los primeros nueve. No es poca cosa. A Jaeger había que echarlo de ahí arriba, porque él no se iba a deshacer, esta vez no. Y nadie ha sido capaz. Alejandro Tosti (-11), por ejemplo, no ha estado muy lejos de tales coordenadas, pero cerraba la ronda con un bogey, lo mismo que el bravo inglés David Skinns (-10). Con este triunfo se mete en el Masters de Augusta por primera vez en su carrera y se estrena igualmente en el top 50 mundial.
A Scheffler, en líneas generales, por armar de alguna manera una objeción que seguramente no merece, se le ha visto un poco más irregular, incluso crispado, de lo habitual, y de todas maneras ahí lo teníamos, tirando un putt de birdie desde metro y medio en el hoyo 72 para salir a jugar un desempate. Se mire por donde se mire, si se hace con objetividad, sigue marcando unas diferencias abismales con el resto.



