Dos momentos distintos. Apenas treinta minutos de diferencia. Dos detalles que muestran a las mil maravillas lo importante que es esta competición para las jugadoras.
Empecemos por el abrazo. Son las 11 de la mañana hora local. Nos encontramos en el hoyo 17 de Robert Trent Jones Golf Club. Instantes antes, en la calle del 16, ha habido cónclave entre la capitana europea y sus ayudantes. No se escucha, pero se entiende a la perfección que están ultimando las parejas para la tarde. No es certeza, pero se percibe que es así. Mientras, toda la atención se concentra en el partido que enfrenta a Nelly Korda y Allisen Corpuz contra Carlota Ciganda y Emily Pedersen. Está emocionante y todo por decidir.
Sin embargo, en un costado de la calle del 17, y junto a un buggie del equipo europeo, sucede una imagen que cobrará sentido unos minutos después. Maguire se encuentra junto a sus compañeras animando al equipo. Me encuentro a pocos metros. Suzann se acerca, se hacen a un lado y se funde en un abrazo con la irlandesa mientras le dice algo al oído. Un abrazo emocionado y prolongado. Cuando se separan apenas continúan hablando pero, a cierta distancia, entre varias cosas que le dice, sí se logra entender: «Leona, I trust you (confío en ti)». La irlandesa no logra aguantarle la mirada a la capitana, agacha la cabeza y saca el teléfono móvil. Sinceramente, al ver esa escena, he pensado que le había comunicado el partido de tarde que iba a jugar y que le estaba motivando para sacar su mejor nivel.
Menos de una hora después ese abrazo alcanza otra dimensión. Leona no va a jugar tampoco en la sesión de la tarde y todo apunta a que se lo estaba comunicando en ese instante. Suzann le recuerda que confía que en ella, de hecho jugó los cinco puntos en Finca Cortesín, pero entiende que hay cuatro parejas más preparadas que ella en estos momentos. Cuestión de sensaciones, de feeling y de decisiones que tiene que tomar una capitana. Nadie podría haber vislumbrado una Solheim con tan solo dos presencias de Maguire, nadie. El que diga lo contrario que vaya comunicando el número de la lotería de Navidad, se lo ruego. Suzann toma una difícil decisión, pero la afronta cara a cara y animando a su jugadora a pesar del trago amargo para ambas.
El segundo momento se da tan sólo veinte minutos después en el green del hoyo 18. A Carlota se le ha escapado la victoria y está esperando junto a sus compañeras a que termine, en ese mismo green, el partido de Charley Hull y Esther Henseleit. Las cámaras se centran en la competición cuando, de repente, la española se derrumba. Se emociona. Sabe que han tenido cerca la victoria y que ese punto era clave para las aspiraciones europeas de remontada. Durante dos horas el bando norteamericano ha abierto la puerta y no han sabido aprovecharlo. A Carlota se le cae encima la frustración y la impotencia. La responsabilidad de las grandes.
Europa es un equipo y saltan como un resorte a apoyar a la heroína de 2023. Apenas puede aguantar a que termine el partido que viene y Carlota sale como un rayo. Necesita intimidad y desahogarse a gusto.
La Solheim en dos trazos. La cara amarga de una derrota parcial y de una dura decisión. Así es también la competición.



