Van tener razón quienes aseguran que el Masters de verdad comienza en los nueve segundos hoyos del domingo. Escuchas esas cosas y piensas que no son más que frases hechas más o menos ingeniosas, pero se ve que tiene mucho de cierto. Cuando vi pasar a Spieth por el 9, tal y como venía, di por hecha su victoria y hasta desconecté un poco… Y la que se lió.
Resulta muy sencillo para un profesional de golf empatizar con Jordan Spieth, aunque sea a ocho mil kilómetros en el salón de tu casa. No descubro nada, pero hay que repetirlo las veces que hagan falta: lo que le pasó a Spieth es golf, puro golf. Muy cruel, sí, pero supongo que esto forma parte del atractivo de este deporte. Te quedas sin palabras viendo a Jordan Spieth pasar ese calvario y sabes cómo lo está pasando porque a ti te ha ocurrido otras veces, aunque no sea en un domingo jugándote el liderato del Masters. Eso sí, mejor que te pase al menos por tener una oportunidad de ganar.
Willett siempre me ha gustado. Es eléctrico, hiperactivo. Muy dicharachero, dentro y fuera del campo. Y no se arruga, como se ha podido comprobar: le abrieron la puerta y jugó de libro.
Para acabar, yo lo que veo es que Rafa Cabrera Bello se acaba de meter entre los grandes de la historia del golf español. Hace unos años le preguntó a Ernie Els qué le faltaba para dar el salto… Y ya véis, aquella semillita ya está dando sus frutos. Vaya torneo que ha hecho. Vaya año que lleva. Chapeau, Rafa.



