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Está buscando la cabeza de driver perfecta para Augusta y pegó más bolas que nadie este martes

El laboratorio del Dr. DeChambeau echa humo

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Bryson DeChambeau pega su segundo golpe en el hoyo 15 de Augusta durante su ronda de prácticas.
Bryson DeChambeau pega su segundo golpe en el hoyo 15 de Augusta durante su ronda de prácticas.

Su nombre aparece en muchas quinielas como gran favorito a la victoria. Carla Bernat, que de Augusta National sabe un rato (todo el mundo en pie y a cuadrarse), aseguraba este martes en la Bola Provisional de Ten Golf que era su caballo ganador. Lo que digan unos u otros, para bien o para mal, nunca le quitó el sueño a Bryson DeChambeau. Tampoco lo va a hacer ahora. Más bien al contrario, el doble campeón del US Open admite con humildad que aún no ha conseguido desenmascarar del todo al Augusta National. Si lo hubiera hecho, ya tendría una Chaqueta Verde en el armario. Así piensan los científicos. El factor suerte prácticamente no lo contemplan. Si no ha ganado es porque no ha hecho bien todas las cosas que hacen falta para ganar el Masters. Esa es su conclusión.

Quizá por ello, el martes fue el jugador que más bolas pegó en el campo de prácticas del Augusta National. Quizá por eso o simplemente porque siempre es así. En cualquier caso, lo que está claro es que Bryson sigue buscando algo. El Masters puso en marcha este año una curiosa novedad en su web oficial. Está al alcance de todos los públicos. Se pueden ver todos los golpes de todos los jugadores en la cancha de prácticas. Por eso, sabemos que DeChambeau pegó más bolas que nadie. De lejos. Concretamente fueron 393, de las que el cuarenta por ciento fueron drives. Sólo dos jugadores más pasaron de dos bolas en la cancha de prácticas. Uno es Max Homa, que pegó 247, y el otro es, cómo no, seguro que nos les sorprende, José María Olazábal Manterola. El de Fuenterrabía dio 236. Una cuenta fácil: si cada cubo de bolas en su club trae unas 25 bolas, resulta que Olazábal pegó ayer, sólo ayer, casi diez cubos. Tiene 59 años.

Volvamos a DeChambeau que nos perdemos. Siempre pega muchas bolas, pero además confirmó que esta vez no era por puro divertimento, sino porque está buscando algo. El laboratorio del Dr. Bryson echa humo. El proceso siempre era el mismo. Pega un driver, sacaba un rotulador de color rojo y marcaba algo en la cabeza del palo. Así una y otra vez. «Estaba buscando la cabeza perfecta. He estado trabajando mucho en eso. A mis velocidades, todo tiene que estar medido con mucha precisión. Las fabrico de forma muy específica y por eso pruebo distintas para ver cuál me da la mejor sensación. Marco si lleva muchas revoluciones, si se van a la izquierda, a la derecha…», asegura.

Así las cosas, DeChambeau está buscando la cabeza de driver que mejor le viene para jugar en Augusta esta semana. Algo tan específico como eso. Algo, por cierto, que ya hizo también en Pinehurst antes de ganar el US Open. Cuando decimos que el laboratorio echa humo es porque no sólo está buscando esa cabeza de driver idónea, sino que se encuentra en el momento de ensayo y error con muchas cosas. «Estamos investigando cómo hacer el equipo más preciso aún. No sabemos exactamente qué ocurre a velocidades altísimas y quiero descubrirlo este año. Lo estamos probando todo: driver, maderas, hierros, bolas, varillas… Estoy emocionado por eso», afirma. No sólo es el que más trabaja, seguramente es también el jugador al que más le apasiona esta parte del golf. Ahí radica su éxito.

La naturaleza de DeChambeau es probar cosas, aunque con el paso del tiempo se ha ido puliendo. Así lo admite él mismo. «Antes probaba extremos. Ahora estoy centrado en lo que me funciona y en optimizarlo. Ya experimenté con ganar mucha masa muscular, ser muy delgado, varios swings… Ahora me concentro en pequeños ajustes. Busco precisión hasta la micronésima. Y luego simplemente salir a jugar y disfrutar», señala.

DeChambeau funciona siempre por descarte. Lo hizo y lo hace con las bolas de golf y también con los palos. Empieza por los extremos para ir apartando cosas hasta llegar a lo que realmente le funciona. Es puro empirismo. Por eso, aunque no quiere, tampoco le preocupa que acaben limitando la distancia de la bola. «Espero que no ocurra. Pero si pasa, lo probaremos durante seis meses y veremos cómo optimizarla. Cambiará una variable y veremos cómo afecta. Luego ajustaremos todo en base a eso», explica. Y sí, todo lo hace él. Es el científico jefe.

Por cierto, ¿saben quién es el jugador que menos bolas pegó el martes?

Josele Ballester. Dio 14 bolas. Lo que viene siendo un calentamiento rápido para salir a jugar 18 hoyos.