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Preguntamos a los españoles que han jugado el Masters si haría algún cambio en el Augusta National

Las debilidades de la Bestia

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Vita del hoyo 16 durante la ronda de prácticas del martes en el Masters de Augusta.
Vita del hoyo 16 durante la ronda de prácticas del martes en el Masters de Augusta.

¿Se le puede sacar algún defecto a la obra de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina? Parece imposible. Una boutade que raya el sacrilegio. Sin embargo, seguro que hay expertos capaces de encontrar alguna imperfección, un detalle concreto que podría mejorar la obra en su conjunto. Con el Augusta National ocurre algo parecido. El campo es una joya. Una obra maestra del diseño y el mantenimiento. Ponerle un pero sería como meterse en arenas movedizas. Se corre el riesgo de ser engullido por los puristas. Pese a todo, merece la pena intentarlo. Si se está convencido de que en el golf no existe la perfección, que siempre hay una margen de mejora, lo mismo o más cuando hablamos de un campo. No deja de ser un ser vivo en permanente evolución que, además, debe ir adaptándose continuamente a los cambios de material. La pregunta, por tanto, es: ¿tiene algún punto débil la bestia?

Para responder a esta peliaguda cuestión conviene acudir a los que más saben. Nadie puede tener un mejor criterio que aquellos que han jugado alguna vez el Masters de Augusta. Vaya por delante que todos coinciden en que se trata de una obra maestra, la Capilla Sixtina del golf, pero siempre hay algún detalle que se puede hacer aún mejor. Obviamente, son opiniones muy particulares, pero muy respetuosas y con mucho fundamento.

«Uffff, no es fácil, ¿eh? Hay que mirarlo con lupa para encontrar algún punto débil. Partiendo de que para mí es uno de los mejores campos de golf que he jugado en mi vida, si no el mejor, por buscar algo, apretando, diría que la calle del hoyo 7 se podría mejorar. Tal y como es ese hoyo, me parece exagerado el peralte que tiene de izquierda a derecha. Es verdad que no se tiene que pegar necesariamente el driver, pero me parece una caída demasiado pronunciada. Y algo parecido por podría decir de la calle del 14», apunta Álvaro Quirós, autor de la vuelta más baja de un jugador español en la historia del Masters empatado con Jon Rahm. 65 golpes. Álvaro jugó cuatro Masters.

Gonzalo Fernández Castaño, presente en tres ediciones en Augusta, entiende lo que dice Quirós de la calle del 7, pero aporta contexto. «Probablemente ese peralte tenía más sentido en los primeros años, cuando la calle era más ancha y había más margen por la izquierda. Con los años se ha ido estrechando y seguramente es lo que ha hecho que ahora sea tan exagerado y entre tanto en juego», explica.

(Vean ese gráfico con la evolución del hoyo 7 para comprender mejor lo que explica el madrileño)

A Fernández Castaño tampoco le resulta fácil encontrar grietas en Augusta. Sin embargo, tiene claro que a su juicio la principal debilidad de la bestia es el segundo tiro del hoyo 18. «En general no me parece un gran hoyo para acabar un campo tan maravilloso como Augusta, pero la salida está bien. Es sobre todo el segundo golpe, un tiro ciego, muy cuesta arriba. Creo que se podría haber mejorado no yendo tan hacia arriba, girando quizá a la izquierda, a uno de los valles, aunque entonces no terminaría en la casa club. No es fácil, pero a mí ese segundo tiro me parece flojito», asegura. Y añade, esencia Gonzalo: «además, nunca me fue muy bien ese hoyo, así que a mí como si lo dinamitan», dice entre risas.

Su fiel compañero en Golf sin Etiquetas, Alex Larrazábal apoya la moción y la amplia. Jugó una vez en Augusta como amateur y asegura que, siendo una auténtica joya, si tuviera que decir algo mejorable sería el final, especialmente los últimos dos hoyos. «El 17 me parece el hoyo más soso del campo y el 18 va demasiado cuesta arriba. Es un golpe ciego y sólo sabes lo que ha pasado por la reacción del público. Para una obra maestra como Augusta no me parece la guinda del pastel apropiada. Añadiría que le falta un poco de tensión en algunos tiros desde el tee y no ha conseguido envejecer muy bien con los cambios de material, algo que por otro lado le pasa a muchos campos. Más corto, con los greenes duros y las bolas balata, creo que era mejor», resalta.

Manolo Piñero también lo jugó en una sola edición y señala un punto interesante. El extremeño afincado en Marbella lo califica como el mejor reflejo que existe del golf estadounidense. Es Disneyworld en un campo de golf. A lo grande. A lo bestia. Considera que es una maravilla y destaca sobre todo el diseño alrededor de los greenes. «Me encanta que sea zonas de escape peladas, las llamadas run-offs. El rough iguala más a todos, pero los approach desde esas escapatorias distingue mejor a los buenos de los muy buenos, ya que hay muchas maneras de hacerlo», describe.

Para encontrar el punto de débil, aprovecha su experiencia personal. «Cuando yo lo disputé en el 78 recuerdo que después de un mal primer día, jugué muy bien el segundo. Iba bajo par y con opciones de pasar el corte. Sin embargo, en el hoyo 17 mi golpe de salida se estrelló contra el famoso árbol de Eisenhower, que salía desde la izquierda y se metía en la calle. Hice doble bogey y no pasé el corte por una. Creo que ese árbol, pese a que me perjudicó, le daba mucho a esa salida. Una vez se cayó por la tormenta yo pondría un par de búnkers en mitad de la calle, como a 275-280 yardas desde el tee, para que quien quiera pasarlos por arriba tenga que arriesgar y quien prefiera jugar corto, tenga después un golpe más largo a green. Creo que eso mejoraría un poco el hoyo», afirma con su habitual y extraordinaria lucidez.

Precisamente, respecto a cómo ha envejecido el campo, Miguel Ángel Jiménez, uno de los más expertos en Augustología, con 16 participaciones, la primera en 1995 y la última en 2015, cree que se podría haber hecho de otra manera. «Lo que han hecho es alargar, alargar y alargar. Además, con el paso de los años la hierba en las calles se empezó a cortar en contra de los tees. De este modo, se beneficia sólo a los que pegan más largo y con bolas que caen a plomo. Prácticamente todas las calles en Augusta tienen una loma que si no pegas muy largo, si eres medio o corto, la salida pega contra la loma y con la hierba en contra, pues casi no avanzas, mientras que los pegadores más largos superan esa loma y encima botan en plano y pueden rodar. Creo que los pegadores cortos y medios no tienen opciones de ganar», señala.

En una línea parecida se expresa Nacho Garrido, que jugó el Masters en 1998. «No es nada fácil decir que se puede mejorar en Augusta, pero sí creo que es un campo que se hizo para jugarlo con el material de antes y las bolas balata. A mí me encantaría poder ver de nuevo un Masters con drives de 250 metros y no 300. Creo que esa es su esencia, las pendientes de las calles, el movimiento, y eso se ha perdido un poco con los cambios y los tees atrás», señala.

Volviendo a lo concreto, pero también relacionado con el hecho de ganar distancia en todos los hoyos con el paso de los años, Jon Rahm, campeón en 2023 y que este año jugará su noveno Masters, habla del 15, par 5. «Yo lo jugaría un poco más corto. Con la distancia actual, si sopla viento en contra, no te planteas tirar a green, y es una pena porque es un tiro muy espectacular. Yo lo pondría para que siempre hubiera una opción de tirar de dos», explica. Por decir algo, porque también coincide con el resto que es uno de los mejores campos del mundo, una auténtica joya.

Por último, Sergio García, campeón en 2017 y el español que más veces ha jugado este campo después de José María Olazábal, nada menos que en 25 ocasiones, no termina de encontrarle debilidades, al menos en lo que se refiere a un hoyo completo. «Diría que cada hoyo tiene su cosita. Hay algunas salidas que sí, quizá no tienen mucho, pero después el segundo tiro es muy interesante, o los greenes. Siempre te encuentras con algo que lo hace interesante», resume.

No es fácil ponerle la lupa a la Capilla Sixtina y sacarle algún defecto, pero siempre se puede mejorar y los primeros que cada año están manos a la obra en ello son precisamente los propios responsables de Augusta. Rara es la edición en la que no hay algo nuevo en el campo. Este año, por ejemplo, más allá de los árboles caídos, la salida del 10 que ya hemos comentado en Ten Golf, hay modificaciones en algunos greenes. Una de la más llamativa la explica José María Olazábal, doble campeón del Masters y con 35 ediciones a sus espaldas: «Se nota el cambio en el nuevo green del hoyo 16. Las caídas son un poco diferentes, especialmente en la parte trasera y en la parte derecha corta, la caída no es tan pronunciada como antes», destaca.

En Augusta, como en el golf, siempre hay margen de mejor, aunque parezca imposible.