El deporte es un estado de ánimo. Si antes de salir a jugar este jueves en Valhalla le dicen a Jon Rahm (-1) que va a firmar una tarjeta de 70 golpes, lo mínimo habría sido jurar en arameo y sin duda habría tirado la propuesta al cubo de la basura. No entraba en los planes del golfista Barrika acabar la primera jornada más allá del puesto 40 de la clasificación y a ocho golpes del líder Xander Schauffele (-9).
Pero claro, si ese mismo señor se le aparece a Jon una hora y media más tarde, en el tee del hoyo 7, cuando marchaba con un demoledor cuatro sobre par, y le presenta el mismo papel, con la tarjeta de 70 golpes asegurada, no duden que el morrosko la habría firmado con sangre. Sí, el deporte es un estado de ánimo.
Rahm parecía muerto tras un inicio de vuelta tan extraño como sorprendente. Iba encadenando errores y así se marcaba un parcial de cuatro sobre par en seis hoyos. Repasen: mal segundo tiro en el 1, salvando un buen par; mal segundo tiro en el 2, según Jon por un mal enjuiciamiento del viento; tres putts en el 4; mala salida en el 5 y mal segundo tiro en el 6. Uno detrás de otro. Era el túnel del dolor. El PGA Championship se escapaba entre los dedos.
«Digamos que era un momento en el que no salía nada. He cometido algunos errores mentales que no me debería permitir y no he terminado de estar a gusto con el swing. He estado luchando con eso. He pegado golpes muy malos, con el del 11, la salida del 15 o el 16… Lo bueno es que he aprendido de ellos y me ha servido, por ejemplo, en el 10», explicaba Jon al acabar la ronda.
El vizcaíno se refiere a que se tendría que haber quitado de la bola antes de pegar, sobre todo en los hoyos 5 y 6. Sí lo hizo en el 10 y acabó con un gran birdie para relanzar de nuevo la vuelta.
Rahm parecía muerto, pero en realidad estaba de parranda. Sin su mejor golf, con malas sensaciones y desconexiones mentales, sólo le quedaba aferrarse a lo único que nunca le falla: su espíritu indomable. «Eso siempre, pelear, siempre», aseguraba orgulloso después de firmar un parcial espléndido de cinco bajo par en los últimos doce hoyos, con dos birdies finales fantásticos en el 17 y 18. No les podemos culpar desde Kentucky de haberse ido a la cama en España antes de tiempo. No estaba el día para mucho trasnoche. Pero aquellos que lo hicieron ya tienen tarea para hoy. Escriban en la pizarra 100 veces: nunca daré por muerto a Jon Rahm.
El deporte es un estado de ánimo. Cualquier otro comienzo de torneo con -1, a ocho golpes del liderato, sería sinónimo de haberse casi despedido del PGA. Sin embargo, al hacerlo de esta manera, remontando un inicio terrorífico, da la sensación de que está incluso más cerca de lo que parece. «No me voy a comparar con Tiger Woods, se me entienda, pero cuántas veces ha empezado él con uno o dos bajo par un torneo y ha terminado ganando… O el mismo Brooks Koepka, que es un maestro en esto de empezar poco a poco y después ir creciendo en el torneo. En todos los Grandes vas a tener una vuelta medio mala. Espero que la mía haya sido esta», afirma convencido.
Jon no ha ganado el PGA, ni siquiera se ha acercado, pero al menos ha conseguido no perderlo, y se marcha de Valhalla esta noche con la moral arriba y pensando que la remontada es posible. No es el inicio soñado, por detrás de Schauffele, McIlroy, Morikawa, Koepka, Scheffler, Smith o Hovland, pero al menos hay esperanza. Eso sí, para ello deberá eliminar esos errores mentales, reforzar la concentración y permitir que su swing vuelva a fluir como sabe.



