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Ras de hierba de la primera jornada del PGA Championship

Koepka enseña el camino a los rezagados

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Brooks Koepka durante la primera jornada del PGA Championship 2024 en Valhalla Golf Club. © Mateo Villalba/CAPTURASPORT
Brooks Koepka durante la primera jornada del PGA Championship 2024 en Valhalla Golf Club. © Mateo Villalba/CAPTURASPORT

Después de remontar un estremecedor parcial de cuatro arriba en los seis primeros hoyos, para firmar al final una tarjeta de 70 golpes, uno bajo par, Jon Rahm respiraba aliviado. Y el de Barrika se refería a Brooks Koepka, en busca de referencias positivas de cara a las próximas jornadas: “es un maestro en esto de empezar poco a poco y después ir creciendo en el torneo”.

¿Hasta qué punto tiene razón el jugador español? Pues la tiene, la tiene. En concreto, Koepka ha impartido verdaderas lecciones de cómo se remonta después de un arranque discreto precisamente en este torneo, el PGA Championship, que ha ganado tres veces. En dos de sus victorias, la de 2018, en el Bellerive Country Club, y la del año pasado, 2023, en Oak Hill, el de Florida ni siquiera asomaba por la parte caliente de la tabla después de la primera ronda, desafiando a la gran ley de los porcentajes, que prácticamente deja fuera de juego en los majors a todo aquel que esté fuera del top 25 tras la primera ronda.

En 2018 Koepka arrancaba en el puesto 33º, a cinco golpes de la cabeza. Y, aún más peliagudo: en 2023 arrancaba en el puesto 38º, a seis golpes del liderato. En ambo casos, como es bien sabido, terminaría ganando el torneo (en 2019, el de su otro triunfo en el PGA, fue líder en solitario de jueves a domingo).

Eso sí, la fórmula de Brooks para remontar fue la misma en ambos casos y es tan sencilla de exponer como difícil de llevar a la práctica. En 2018, en Bellerive, firmaba el mejor registro de la segunda jornada, un esplendoroso 63 que lo llevaba de golpe hasta la tercera plaza, a dos golpes de la cabeza. Y el año pasado, en Oak Hill, volvía a firmar el mejor registro de la segunda ronda, esta vez un 66 que lo colocaba sexto, a tres golpes de la cabeza.

El asunto no terminaba ahí… También en ambos casos alcanzaba el liderato en la tercera jornada: En Bellerive lo hizo con el segundo mejor registro del sábado; en Oak Hill, con la mejor tarjeta. Después, el domingo, ni siquiera le hizo falta firmar el mejor registro del día para ganar, aunque en ambo casos cerrara rondas muy sólidas de golf.

Jon tenía razón: Koepka ha demostrado dos veces en los últimos seis años, en este mismo torneo, que hay una manera de remontar. Ahora, eso sí, póngase usted a ser sencillamente el mejor jugador sobre el campo el viernes y el sábado…

Por si fuera poco, algo muy similar también ocurría en 2018 en Shinnecock Hills, cuando ganó su segundo US Open. Allí, arrancaba el jueves fuera del top 40 del torneo, a seis golpes de la cabeza… Y una vez más firmaba la mejor tarjeta del día el viernes  y terminaba ganando el torneo.

El golf, a veces, se puede explicar de un modo muy sencillo. Con el mismo juego de tee a green que mostro ayer, exactamente el mismo, si eso fuera posible, Tiger Woods habría firmado en sus años mozos, en los de su tiranía, un 67 con cierta tranquilidad, y no el 72 que campa en su marcador. Por supuesto, igual que hizo ayer, habría ido salvando las situaciones delicadas en el primer tercio de la vuelta; además, sí o sí, habría aprovechado una o incluso las dos opciones que dejó escapar en los pares 5 del 10 y el 18; también habría hecho birdie con toda seguridad en el hoyo 5 (opción de dos metros y medio); y, sobre todo, por encima de todo, no habría tripateado en los dos últimos hoyos de su ronda, 8 y 9… Incluso habría embocado alguno de esos dos puros para rematar la vuelta. ¿Es el cuento de la lechera? Eso es lo que hizo Tiger durante tantos años, durante tantas rondas de golf en las que no estuvo tan brillante: contarnos el cuento de la lechera y cambiarle el final.

Tiger Woods en la primera ronda en el Valhalla Golf Club. © Pedro Salado/CAPTURASPORT
Tiger Woods en la primera ronda en el Valhalla Golf Club. © Pedro Salado/CAPTURASPORT

La cara de Scheffler después de embocarla desde la calle en el hoyo 1, el primero que jugaba esta semana, no era de incredulidad, pero tampoco de infinita alegría o euforia… Hace unos días, en su comparecencia ante los medios, reconocía que había estado reflexionando acerca de lo bien que marchaba todo: se había casado con su novia del instituto, acababa de tener su primer hijo, sano y rechoncho, la chaqueta verde descansaba en el armario… Podemos imaginarlo sentado en el porche de su casa, pensando en estas cosas, y su rostro sería el mismo que el de ayer, en el fairway del hoyo 1: serena satisfacción, alegría desbordante, pero contenida, con los pies bien pegados a la tierra. Y que siga dando vueltas el carrusel en el que anda subido.

Resultados en directo del PGA Championship 2024