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Scottie Scheffler ofrece un magnífico tratado psicológico a unas horas del inicio del US Open

El mejor consejo que vas a leer hoy y te lo da el Número Uno del mundo

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Scottie Scheffler sonríe en su comparecencia ante los medios previa al US Open.
Scottie Scheffler sonríe en una comparecencia ante los medios. (James Nix/USGA)

Una de las grandes virtudes de Scottie Scheffler es simplificar las cosas. Lo hace diario. En el campo de golf y fuera de él. Aplica sentido común, no se mete en berenjenales y huye de las complicaciones. Nadie pone en duda que es el mejor golfista del mundo en la actualidad. De largo. Una bestia. Pues bien, a este señor le han pedido que ofrezca gratuitamente el mejor consejo que pase por su cabeza para un jugador amateur. Si son del club de Ponga un Scottie Scheffler en su vida, ya lo intuían, pero les adelantamos que no defrauda. Simple, pero definitivo. Vean.

«Creo que el golf en gran parte se trata de ensayo y error, de aprender qué golpes funcionan y cuáles no. Gran parte de ello se debe a la práctica y la preparación. Así las cosas, cuando doy un golpe en un torneo, no es un golpe que no haya dado antes. Cuando estoy en el campo de golf, nunca intento hacer algo que no haya hecho antes. Siempre echo la vista atrás y recuerdo cómo practiqué ese golpe y me sale porque es algo que ya he hecho antes. Nunca hago nada que se salga de lo normal para mí», asegura el Número Uno del mundo.

Seguro, querido amateur, que se ve reflejado en este comentario. Cuántos de nosotros intentamos un golpe que jamás hemos practicado y, además, nos frustramos porque no nos sale. Es obvio que un golfista amateur no va a practicar las mismas horas que el Número Uno del mundo, pero la vida en los campos de golf nos iría mucho mejor que consiguiéramos simplificar las cosas como hace Scheffler. (Aclaración para los más atrevidos: no es lo mismo haber practicado un golpe en la cancha que verlo en un torneo de golf profesional). En el fondo se trata de conocer tus propias limitaciones.

Siguiendo en esta línea, la mentalidad de Scheffler es un ejemplo, un buen camino a seguir, también para los golfistas de máximo nivel. ¿Por qué no pierde nunca los papeles o al menos consigue que no se le note? «Siempre intento recordarme a mí mismo que debo comprometerme con lo que puedo controlar y no me preocupan los resultados. Intento hacerlo lo mejor posible para ejecutar el tiro. Sé y asumo que en el transcurso de un torneo de 72 hoyos, voy a tener muchos golpes buenos y malos», señala.

Pero claro, esto no significa que se conforme. Al contrario. La ambición le corre desatada por las venas. Aquí Scottie ofrece otro tratado de cómo acometer los desafíos. «Ya no pienso en mis victorias. Sólo pienso en esta semana y en prepararme para jugar. El hecho de haber ganado la semana anterior no me da ninguna ventaja sobre el resto esta semana. Todos empezamos al mismo nivel y el campo se iguala de nuevo a partir del jueves. La semana pasada no importa. Cuando estoy en casa intento ser el mejor marido y padre que puedo y cuando estoy aquí fuera, intento ser el mejor golfista que puedo ser. Intento dar lo mejor de mí en cada cosa que hago, ya sea entrenar en el gimnasio, practicar aquí para prepararme para un torneo, practicar en casa o pasar tiempo en casa con mis amigos y mi familia. Intento no pensar demasiado en las cosas, vivir el momento y absorberlo todo, porque nunca se sabe cuánto va a durar. Intento disfrutar de los buenos momentos y luchar contra los malos», sentencia.

Scheffler, más locuaz de lo que acostumbra, seguramente porque el periodismo norteamericano ha empezado a cogerle el punto con las preguntas, rompía una bonita lanza sobre su entrenador, alguien que está más a la sombra de lo que suele ser habitual en deportistas de este nivel. «Creo que Randy es muy bueno dándome la información adecuada. Recuerdo que después de la primera ronda en el Masters, no me sentía bien con mi swing. Tenía la impresión de que estaba usando todas las manos y… tuve suerte de hacer el resultado que hice en la primera ronda basándome en cómo sentía mi swing. Llegué a la cancha y Randy estaba como, gran trabajo, gran ronda, bla, bla, bla… Yo estaba como, escucha, mi swing estaba mal hoy. Tenemos que resolver esto. Unos cinco minutos después me dio un pequeño consejo con el grip. Pegué un par de golpes y sentí exactamente lo que necesitaba, lo que buscaba. A partir de ahí, se acabó todo en mi cabeza. Sentí lo que tenía que sentir, golpeé cinco bolas más y seguí jugando. Randy siempre ha sido muy bueno no dándole demasiadas vueltas a las cosas y dándome un pequeño consejo. Me meto mucho con él, pero realmente es una especie de sabio en lo que se refiere al swing. Entiende muy bien mi swing y dónde tengo que estar. Siempre que tengo una pregunta, suele ser capaz de darme una respuesta bastante buena y, si no, recurrimos al método de ensayo y error».

En cuanto al campo, Scheffler está expectante e ilusionado. Le gusta Pinehurst. La clave, a su juicio, tan fácil como él lo ve y tan difícil para el resto del planeta, es ser agresivo cuando toca y paciente cuando no quede más remedio. Se siente a gusto con las escapatorias. «Con rough tienes siempre menos margen, pero con estas zonas peladas, aunque son muy difíciles, siempre tienes más posibilidades de recuperar. No es que falles y acabes en el agua o en una zona injugable. Te permite ser más creativo y eso me gusta. La clave está semana será la paciencia, sin olvidar que hay veces en las que simplemente tienes que pegar el golpe que toca, un buen tiro, no te puedes escapar. Es un campo muy divertido», afirma.

Por último, en cuanto a lo que ha cambiado en el putt, que estuvo trabajando ayer durante más de una hora con Phil Kenyon, Scheffler lo tiene claro: «estoy tratando de ser lo más visual posible. Antes usaba una línea en mi bola, así que a veces intentaba hacer coincidir la línea de la parte trasera del putter con la línea de la bola. A veces me confundía un poco. Hoy en día siento que soy mucho más visual con lo que estoy tratando de hacer, viendo lo que quiero que el putt haga en lugar de jugar a adivinar. Pongo la bola en el suelo y la alineo donde creo que debería estar alineada y luego golpeo el putt», resalta.