Inicio US Open US Open 2024 McIlroy ya estaba volando cuando DeChambeau habló con los medios
El norirlandés se marchó rápido de Pinehurst sin atender a los periodistas

McIlroy ya estaba volando cuando DeChambeau habló con los medios

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Rory McIlroy se lleva las manos a la cabeza con el putt fallado en el hoyo 18.
Rory McIlroy se lleva las manos a la cabeza con el putt fallado en el hoyo 18. (Jeff Haynes/USGA)

Veinte minutos después de la tremenda y definitiva sacada de búnker de Bryson DeChambeau, el aparcamiento reservado para Rory McIlroy en Pinehurst como campeón del US Open en 2011 estaba vacío. Aún no había empezado la ceremonia de entrega del trofeo y ya no había rastro del norirlandés ni nadie de su equipo en la gigantesca propiedad de Carolina del Norte. Es más, según una aplicación que monitoriza los vuelos de los aviones privados de Estados Unidos, el jet de Rory ya estaba en el aire cuando Bryson aún atendía a los medios de comunicación tras su victoria.

McIlroy se fue de Pinehurst como alma que lleva al diablo. Vivió con angustia la sacada y putt de DeChambeau sin moverse de la sala de entrega de tarjetas, con la gorra desencajada, medio polo por fuera y su cabeza bullendo a mil por hora. No daba crédito a sus errores en los greenes del 16 y el 18. Estaba mirando a la televisión, pero realmente no veía. No se concentraba. Ni un gesto. Mirada perdida. Estaba en shock. Como si hubiera visto un fantasma. Como si hubiera fallado dos putts de 70 centímetros para ganar un US Open.

McIlroy se despidió a la francesa de Pinehurst, rodeado de su círculo más íntimo y sin cruzar palabra con nadie. Tampoco habló con los medios de comunicación. Un buen puñado de periodistas aguardaba en la zona de entrevistas situada frente al vestuario, pero no tuvieron sus valoraciones. Hay que ser de piedra para no ponerse en su piel y entender la situación. A todos nos hubiera gustado escuchar sus sensaciones, obviamente devastadoras, pero hay que tener la mínima empatía para comprender que no era fácil exponerse públicamente tras lo que había sucedido.

No es precisamente McIlroy un golfista sospechoso de escurrir el bulto, más bien al contrario. Suele dar la cara, responde a todo lo que se le pregunta, a veces incluso demasiado, y hasta en sus momentos más bajo ha dado explicaciones. Es recordada su amplia comparecencia ante los medios en Augusta después de perder en los últimos nueve hoyos del domingo en 2011 una amplia ventaja a favor.

Tampoco es la primera vez que McIlroy se marcha de un campo de golf sin atender a los periodistas, y seguramente no será la última. Rory ha vivido momentos muy duros en su carrera, se le han escapado Grandes en los últimos hoyos, ha perdido torneos que tenía ganados (sin ir más lejos este año en el Dubai Invitational, antes de mandar al agua su bola de salida en el hoyo 18), pero esta ha sido sin duda la derrota más dura de su vida, por cómo se ha producido y por el contexto, con diez años a sus espaldas sin ganar.