Ahora que Tiger va a cumplir cuarenta años, sin duda una fecha redonda e importante, me apetece recordar una de las pocas anécdotas que yo he podido vivir con este gran campeón del golf.
Tenemos que situarnos en el PGA de 2009, el que ganó Y. E. Yang en Hazeltine. Los dos primeros días yo iba en el partido que marchaba justo detrás de Tiger. Él iba jugando junto a Padraig Harrington, defensor del título que había ganado en 2008, y Rich Beem, ganador del PGA de 2002, que se había disputado en este mismo campo. El primer día, en el hoyo 11, un largo par 5, no se llegaba de dos a green ni de broma. Yo iba pegar mi segundo tiro desde la calle mientras Tiger, Harrington y Beem estaban en el green y mi caddie y yo nos dábamos cuenta de que no se podía llegar de dos, así que el plan era dejarla a unos veinte o treinta metros del green, más o menos. Pero me salió un disparo fortísimo y de repente pude ver desde la lejanía como Harrington miraba una bola que rodaba por el green…
Aún peor que eso fue el alboroto que se organizó con el público celebrándolo en el green. Así que, inmediatamente, mientras mis compañeros de partido iban a jugar su tercer tiro, yo me acerqué al siguiente tee para disculparme. Beem me dijo casi entre risas que no me preocupara; Harrington también me dijo que no pasaba nada… ¿Y Tiger? Él casi ni me miró y, además, no me dijo absolutamente nada. Al acabar la vuelta Woods salía de entregar y firmar su tarjeta y yo iba a entregar la mía, así que nos cruzamos en una pasarela que había de acceso… Tiger se paró, me felicitó por el golpe del hoyo 11 y me dijo: «me tienes que contar cómo lo has hecho». Entre risas le dije que por supuesto se lo contaría.
Mi conclusión acerca de este curioso suceso es que Tiger casi ni me miró cuando fui disculparme en el tee del 12 porque él no permite que nada ni nadie lo saque de su estado de concentración, y mucho menos en un Grande.
Por situar aún más aquella semana, aunque sea doloroso: cuando me puse en el tee del hoyo 71 del torneo tenía incluso buenas opciones de acabar entre los cinco primeros… Pero terminé con triple bogey y bogey y perdí casi veinte posiciones. Una autentica lástima.
NOTA DE TENGOLF: Seguro que a Rich Beem le trajo grandes recuerdos aquella anécdota con Álvaro Quirós. En el año 2002 apuntaló su triunfo en el PGA precisamente en ese hoyo 11 de Hazeltine, donde firmó un eagle en la cuarta ronda tras pegar un drive larguísimo y una madera 3 tan perfecta como majestuosa que dejó la bola a dos metros del hoyo. Aquel eagle estratosférico de Beem fue el único que se hizo en toda la semana en el 11 de Hazeltine, mientras que en la edición de 2009 no se hizo ni uno solo. De hecho, se firmaron entonces 73 birdies y 89 bogeys a lo largo y ancho de las cuatro rondas…



