Carlota Ciganda lanzaba la advertencia antes de que ningún periodista del mundo terminara de escribir la crónica de los fourballs del sábado de esta 19ª edición de la Solheim Cup: “Medinah is coming”, decía la española inmediatamente después de ganar su punto por 2y1 junto a la danesa Emily Pedersen ante la pareja estadounidense formada por Lexi Thompson y Ally Ewing.
En aquel momento, cuando la navarra hablaba y dictaba sentencia, el marcador reflejaba un 10-5 aterrador a favor de las chicas de Stacy Lewis, pero todavía quedaba en el campo un partido, el cuarto, en ventaja para las europeas, así que era lógico que las cuentas de Carlota se fueran a ese 10-6 final con el que efectivamente se ha cerrado la segunda jornada y la cuarta sesión y que, por supuesto, era el que reflejaba el marcador a estas alturas en la Ryder de 2012, a favor del equipo local, el de las barras y estrellas, igual que ocurre ahora mismo en Gainesville…
Medinah is coming. Casi ni se había quitado el guante y la navarra señalaba ya la estrella a seguir en este firmamento gris marengo en el que navega el equipo continental después de la disputa de los dieciséis primeros puntos. Van a necesitar algo así como un milagro las de Suzann Pettersen, es cierto, uno como el de Medinah. Porque, igual que ocurriera hace doce años en aquella Ryder, no es sólo que la escuadra norteamericana domine con claridad el marcador, es que además ha ido anotándose los puntos con enorme autoridad y son mayoría las jugadoras estadounidenses que muestran un perfil más afilado.
En los dos primeros partidos de la sesión sabatina de fourballs la superioridad local ha terminado por ser aplastante, y todo ello sin el concurso de Nelly Korda y Lauren Coughlin, seguramente las dos mejores jugadoras de las 24 presentes en las tres primeras sesiones de la Solheim, cada una con tres puntos ya sumados en el zurrón, a las que Lewis dejaba en el banquillo. Megan Khang y Alison Lee apenas daban opciones a las suecas Anna Nordqvist y Madelene Sagstrom (victoria de las americanas por 4y3), situadas en la primera línea de la batalla por Pettersen como el auténtico muro de contención europeo. Y Rose Zhang y Andrea Lee sencillamente se llevaban por delante a Linn Grant y Celine Boutier, con un esprint final apoteósico de Zhang, que encadenaba cuatro birdies y un eagle para cerrar el duelo en el hoyo 14 por un aplastante 6y4.
Sin embargo, igual que ocurriera en Medinah, las dos últimas parejas europeas de los fourballs del sábado aguantaban el tipo y mantenían las espadas en alto. Maltrechas, pero en alto. Hace doce años, en la Ryder de Olazábal, eran Sergio y Donald, primero, quienes arrancaban un sufrido punto ante Tiger y Stricker, y a continuación Rory y Poulter hacían lo propio ante Dufner y Zach Johnson. En esta ocasión, en la versión femenina, han sido primero Ciganda y Pedersen las que entreabrían la puerta de atrás de la esperanza y Hull y Hall las que la abrían de par en par, confirmando en el hoyo 18 del Robert Trent Jones Golf Club una victoria por dos arriba
¿Hemos dicho o escrito que Hull y Hall abrían las puertas de la remontada de par en par? Quizá eso sea mucho decir. No olvidemos que a Europa le hará falta un milagro mañana.
Pero ha sido Carlota Ciganda, una de la protagonistas, la española que esta tarde de sábado ha ganado su primer punto en la presente edición, quien ha puesto el foco en aquella jornada dominical de vino y rosas, quien se ha teletransportado 950 kilómetros en línea recta al noroeste y doce años atrás en el tiempo, desde el Robert Trent Jones Golf Club de 2024 al Medinah Country Club de 2012, desde Gainesville a Medinah, desde Virginia a Illinois, para echarle pimienta a una Solheim Cup que de momento gobiernan con mano firme, frescura y múltiples recursos las chicas de Stacy Lewis. Ha sido Carlota quien ha señalado la dirección, el núcleo de la inspiración, y no un periodista insensato, el iluminado de turno.



