La madre de Suzann Pettersen no estaba hoy precisamente de humor para pedirle tabaco. Un pequeño caos esta mañana en las lanzaderas que llevan y traen a los familiares de los hoteles al campo de golf ha impedido que llegue a tiempo al tee del 1 para ver la salida de su hija. Si Suzann no va precisamente regalando sonrisas por la vida, no me quiero ni imaginar como puede ser la madre enfurruñada.
Los Ciganda han tenido el mismo problema. Aunque Carlota no jugaba por la mañana, Jesús, el padre, e Íñigo, el hermano, habían decidido levantarse temprano para seguir a Azahara los 18 hoyos. En vista de que el autobús no llegaba y que no recibían explicación alguna, decidieron cazar al vuelo un taxi para llegar a St. Leon-Rot a tiempo. ¡Ojito al dato! El hotel está en Mannheim, a más de 30 kilómetros de la sede de la Solheim. Es decir, la broma les ha salido por un pico. Doy fe que los taxis en Alemania no son precisamente baratos. Que sí, que son todos Mercedes y están muy bien, pero que yo con un Dacia voy que chuto.
El mundo del desplazamiento al campo de golf está dejando diferentes problemas. Son detalles, pero de los que dejan poso. El parking de prensa, por ejemplo, está inutilizado desde el jueves por la lluvia. Hoy volvían a advertir en la sala de prensa: «el aparcamiento permanecerá cerrado, utilicen también este sábado el alternativo». Y digo yo que a ver si al final va a resultar que el alternativo es el de prensa, porque a este paso sólo se va a poder utilizar el domingo. Una visita a un British Open para la próxima Solheim no les vendría nada mal. No hay mejor master sobre cómo lidiar con aparcamientos embarrados que el Open Championship.
Lo que le ha pasado a la madre de Pettersen hoy no está bien, pero la realidad es que el ambiente del equipo europeo es excepcional. Transmiten con sinceridad la sensación de que están jugando entre amigas. A veces, hasta parece que fuera una pachanga y no la Solheim Cup. Fíjense en la cara de felicidad que muestra todo el tiempo Sandra Gal. En todo esto tienen mucho que ver la capitana y sus ayudantes. Carin Koch y Sophie Gustafson emanan buen rollo. La capitana está siempre sonriendo y Gustafson es como una madre para todas y la primera en las bromas. Su Twitter es una delicia. Hoy, tras el golpazo de Carlota Ciganda en el hoyo 17, escribía: «Yo de mayor quiere jugar al golf como Carlota». Lo dice una jugadora que tiene 28 victorias por todo el mundo y ocho top ten en grandes.



