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El problema de tener taras

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Los tenía en la mano. Prometo que los tenía en la mano. ¿Los meto o no los meto? Mmmm… No los meto. Decisión tomada. Error manifiesto.

Es el problema de hacer la maleta con varias taras en la cabeza. La primera es esa estupidez supina de no darte cuenta de que estás haciendo el equipaje en la soleada España. Y que claro, estás haciendo una maleta, ergo, lo normal es que no vayas a España. ¿Tanto cuesta mirar la previsión del tiempo en Internet? Tanto Twitter y tanto whatssapp y ni una mísera aplicación en el móvil que me diga si va a llover, si hará frío, calor… ¿A qué no es tan difícil?

La otra tara es mi espantosa tendencia al minimalismo cuando se trata de equipaje. ¿De verdad tanto ocupa un insignificante pantalón de agua? Cabía, pues claro que cabía. Pero no, el muchacho a Alemania no se trae el pantalón de agua. Y por supuesto cae todo el agua del mundo y más. Conclusión: calado hasta los huesos y calcetines húmedos. ¿Existe alguna sensación más desagradable que los calcetines húmedos?

Tampoco ayuda el campo. Sí, señores, el St. Leon-Rot es un campazo y su preparación es exquisita, pero las distancias son kilométricas. Incómodo. Además, está mal señalizado. Encontrar el tee del hoyo 1 desde el centro de prensa ha sido poco menos que una odisea. Un chaparrón en cualquiera de estos paseos era devastador para los incautos con taras haciendo equipajes.

A pocas horas de que arranque la Solheim toca meter el bisturí a las españolas. Azahara Muñoz no se separa de Marcelo Prieto, su entrenador. La malagueña no está cómoda. El final del Evian le dejó mal cuerpo y una cierta desconfianza que está tratando de quitarse a contrarreloj. No ha jugado bien en ninguna de las rondas de prácticas. Ha alternado golpes buenos y malos. Sin embargo, quienes la conocen y más saben de esto sonríen cuando se les pregunta sobre el asunto. «¿Azahara? Tranquilos, estará bien cuando empiece la Solheim. Tiene esa capacidad. Es muy autoexigente en el entrenamiento, pero cuando llega la competición siempre está preparada». No seremos nosotros quienes lo pongamos en duda.

Vaya por delante que sí, que hay cierto chovinismo en el comentario, pero es una pena que Carlota Ciganda no esté en los foursomes de mañana. La navarra ha dado un recital en las rondas de prácticas. Ha pegado golpes extraordinarios. Su madera 3 para eagle en el 2 ha sido espectacular y su golpe desde la calle en el 4, magistral. Está muy fina y lo podremos comprobar en los fourballs. Porque no lo duden, jugará por la tarde.

Juli Inkster y Carin Koch son polos opuestos. A la norteamericana no se le ha visto sonreír en tres días. Es consciente de la responsabilidad que tiene. Está puesta en el cargo de capitana con el único objetivo de ganar la Solheim. Koch, por contra, transmite relajación y siempre tiene una buena cara. Me recuerda Inkster en cierto modo a Tom Watson. Es autoritaria y sus decisiones van a misa. «Se nota que escucha, pero después la que decide es ella y solo ella», reconocía ayer Angela Stanford.

¿Ustedes creen que la próxima vez meteré en la maleta el traje de agua? Mmmm…