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El análisis del PGA Championship 2020 de Óscar Díaz

Cluedo en Harding Park

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Collin Morikawa examina el trofeo Wanamaker tras ganar el PGA Championship 2020. (© Golffile | Ken Murray)

No es la primera vez que utilizo el símil, pero me perdonarán ustedes la reiteración: los desenlaces de los torneos importantes me recuerdan a aquellas tramas detectivescas que tanto hemos disfrutado en el campo de la literatura y en el cine. Los sospechosos van cayendo de uno en uno y finalmente el detective averigua, tirando de ciencia e intuición, la identidad del culpable. En Harding Park la señorita Escarlata no asesinó a nadie con el candelabro en la biblioteca, pero podríamos decir que Collin Morikawa remató el torneo en el hoyo 16 con el driver, un golpe con el que alcanzó el green y se procuró un eagle que sería decisivo.

Es imposible que Morikawa sepa de verdad lo que está haciendo…

Aun así, seríamos injustos al reducir su victoria a un golpe magistral, por importante que fuera en el tramo final del torneo, ya que esta estrella de 23 años deslumbró en el recorrido californiano en casi todos los aspectos del juego. Fue el más preciso desde el tee, quien dejó más cerca sus tiros a green y quien estuvo más atinado con el putt, la santísima trinidad de las victorias inapelables.

En un deporte en el que es difícil establecer barreras generacionales, Morikawa es mucho más que el sabor del mes. De la ultimísima hornada de profesionales del PGA Tour, y con tres victorias en su carrera profesional y los mismos majors que cortes fallados en el palmarés, Morikawa va un paso por delante de Matthew Wolff, Cameron Champ, Viktor Hovland o Scottie Scheffler, los últimos aspirantes al estrellato golfístico. El estadounidense sorprende por su aplomo y desarma con su concentración en el campo, pero su sonrisa franca deja traslucir que su eficiencia tiene poco de robótico. Eso sí, con los hierros en la mano hay pocos jugadores que le hagan sombra, y hasta cierto punto resulta refrescante que haya escapado al estereotipo de bombardero (está más allá del puesto 100 en media de distancia con el driver) cuando la conversación la monopolizaban otros jugadores de otra constitución.

El golpe icónico del PGA fue una genialidad que no estaba en el guión

Había hambre de golf de primer nivel y el primer grande de la temporada, este PGA Championship recién resuelto, ha respondido a las expectativas. El campo, un gran juez; el plantel, a la altura, con representantes de todos los estamentos punteros: la “vieja guardia” internacional (Casey, Rose y Day), el futuro europeo (Rahm y Fleetwood), los jóvenes astros anteriormente mencionados (a los que habría que sumar al chino Li, y los veinteañeros Schauffele y DeChambeau), los treintañeros cualificados (Johnson, Finau, Koepka)… Ante rivales de tanta calidad y de tal variedad, el triunfo de Morikawa se revaloriza.

Por cierto, y hablando de whodunnits (las ficciones policiacas con las que empezaba la columna), en Harding Park también tuvimos nuestra particular versión de Puñales por la espalda. Parece que Brooks Koepka le está cogiendo el gustillo a soltar dardos aquí y allá, aunque en esta ocasión el intento de desestabilización a su amigo-enemigo Dustin Johnson no le terminó de salir bien. En estos tiempos que corren, en una de las épocas más competidas e igualadas de la historia del golf, Koepka haría bien en ampliar el foco y fijarse en muchos otros rivales que pueden mojarle la oreja en su territorio de caza preferido, los majors.

Rahm recupera el Número Uno con un gran sprint final en Harding Park

No me puedo olvidar de Jon Rahm, DE NUEVO NÚMERO UNO DEL MUNDO (perdonen el grito), en el cierre de esta columna. El español se marchó del TPC Harding Park satisfecho y con una idea clara en su mente: para ganar un major tiene que ir a lo suyo. En este PGA Championship no estuvo tan lejos del triunfo, pese a los golpes que lo separaron de Morikawa, y cabe recordar que los dos primeros días tuvo que vérselas con el turno antipático de juego. No quiero poner la tirita donde no había herida porque Rahm no es de mirar atrás o lamentarse por cuestiones que escapan a su control, pero no viene mal mencionarlo para contextualizar (y valorar) el esfuerzo y el resultado del jugador de Barrika.

Los próximos meses van a ser una montaña rusa repleta de torneos punteros con planteles estelares y defender ese número uno resultará complicado, pero dicha posición no es el objetivo, sino una consecuencia natural de sus triunfos y sus buenas clasificaciones (en los dos últimos años, no lo olvidemos, ya que el ranking mundial pondera los resultados de ese periodo). No sé ustedes, pero yo me relamo ante los futuros desafíos que afronta el español… y estoy convencido de que él anda igual de anhelante y de que más temprano que tarde le veremos como protagonista de algún Cluedo en un major.

El límite del mundo