Borja Virto es un jugador con carácter y muy competitivo. Llegó a Omán casi en chanclas, con la idea de que la temporada estaba hecha, consciente de que sería muy difícil desbancar a Ricardo Gouveia del Número Uno y, sobre todo, con la batería al límite tras una temporada muy larga. Pues bien, el jugador de Gorráiz tardó un suspiro en ponerse los zapatos y enchufarse al torneo como si no hubiera mañana. Al paso por el hoyo 9 el primer día ya se lo llevaban los demonios porque entendía que se le estaban escapando unos birdies muy ricos para pelear por el triunfo. De vacaciones, nada.
Virto lleva la competición en las venas y se muestra siempre muy ambicioso. Valora, pero no se emociona con un top ten. Quiere ganar. Quizá por ese instinto suyo tiene ya cuatro victorias en su zurrón, dos en el Alps y dos en el Challenge. Hoy mismo reconocía que se desconectó un poco cuando vio que se esfumaban las opciones de ganar. También hay que domar es espíritu encomiable para que, además de lanzarse a la yugular del torneo, virtud extraordinaria, sepa apreciar y valorar en su justa medida un buen resultado.
Virto comienza su tercera temporada como profesional y en dos de ellas ha tenido la tarjeta del European Tour. No hay muchos jugadores que puedan presumir de un balance similar. Necesita un descanso para recargar pilas, pero la mitad de su cabeza está ya ubicada en el próximo año.
Sólo basta escuchar a Virto hablar de objetivos para detectar de un plumazo su enorme ambición. Una ambición deportiva. Ni siquiera recordaba hoy tras firmar su tarjeta que el tercer clasificado del ranking del Challenge percibía un bonus de 10.000 euros. La guerra de Virto va por otro lado. El navarro mirar alto. ¿Objetivos para el próximos año? «Quiero meterme en la Final de Dubai. Obviamente, lo primero es mantener la tarjeta, pero lo que realmente me coloco como objetivo es acabar entre los sesenta primeros. Sería bonito, mucho más que estar peleando por mantener los derechos de juego», asegura. Y lo dice sin titubear. Con la normalidad y confianza de quien está convencido de sus posibilidades.



