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Alejandro Cañizares y Javier Ballesteros recuerdan el influjo de sus padres en sus inicios

Charlie Woods y el síndrome del padre megacrack

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Tiger Woods - Charlie Woods
Tiger Woods y Charlie Woods leen una caída en el PNC Championship de 2022.

«Una vez fui como tú y sé que no es fácil; estar tranquilo cuando has encontrado que algo está pasando; pero tómate tu tiempo, piensa mucho; pienso en todo lo que tienes porque todavía estarás aquí mañana, pero puede que tus sueños no». Father and son, la bella canción de Cat Stevens (https://www.youtube.com/watch?v=P6zaCV4niKk), aborda una temática universal, la relación de un padre y un hijo, los consejos vitales que el primero ofrece al segundo porque más sabe el diablo por viejo… ¿Y quién no ha soñado con quijotadas siendo un crío o ha sufrido por un amor adolescente o no ha querido subir a la Luna o se ha creído un sabelotodo sin saber de nada? Al progenitor le avala la experiencia y eso, casi siempre, es sagrado.

Sirva este párrafo inicial, un tributo a la figura paterna, para introducir este tema con la familia Woods como eje central, junto a la saga Ballesteros y la Cañizares como grandes actores de reparto de esta película que trata sobre Tiger y Charlie, sobre el mejor o uno de los mejores golfistas (y deportistas) de todos los tiempos y el joven zagal de 14 años que aspira a seguir sus pasos o, al menos a intentarlo. El síndrome del padre megacrack se cierne sobre el chiquillo, que promete mucho a tan tierna edad, pero a quien le queda una larga travesía no ya para igualar a don Eldrick, siquiera para lograr una décima parte, por decir algo, de sus triunfos. El crío ya está haciendo un hombrecito y ha conseguido varias victorias en categorías inferiores, aunque le queda tanto camino por recorrer…

Javier Ballesteros - Seve Ballesteros
Javier Ballesteros hace de caddie a Seve en un Open Championship.

Conversamos con dos golfistas que vivieron situaciones paralelas a los Woods, que afrontan de viernes a domingo una nueva edición del PNC Championship, en el caso de ellos dos juntos será la cuarta. Javier Ballesteros y Alejandro Cañizares son hijos de dos estrellas del golf. Ambos siguieron los pasos del genio Seve y del gran José María. Javier lo intentó todo pero se quedó en el camino y Alejandro ha tenido una larga carrera, con dos trofeos del Circuito Europeo en sus vitrinas (Open de Rusia 2006 y Trophée Hassan II 2014). Uno y otro eligieron el mismo camino que sus progenitores. ¿Cómo lo vivieron? ¿Cómo lidiaron con la presión por ser el hijo de? ¿Sufrieron muchas frustraciones? ¿Qué consejo le darían a Charlie Woods si charlaran con él?

«Creo que me benefició venir de donde venía porque si no, no creo que hubiera jugado al golf como lo he hecho. Mi padre es el que me enseñó a jugar y es el que me motivó. De niño quería ser mejor que él, una lucha interna simbólica que yo tenía de pequeño, pero era mi motivación y siempre he estado muy orgulloso de él. Está claro que cuando te dicen que hagas el swing como tu padre, a ver si eres mejor que él… cuando te intentan comparar es duro para un niño. Y no creo que sea positivo. No nos damos cuenta muchas veces de lo que les decimos a los niños y que les afecta más de lo que pensamos», explica Alejandro mientras prepara la temporada del Challenge Tour.

Alejandro Cañizares: «De niño quería ser mejor que mi padre, era una lucha interna simbólica que yo tenía de pequeño»

Javier no lo duda: «Ser hijo de Seve siempre lo he visto como algo positivo. Tuve claro desde pequeño que quería ser jugador profesional, mi padre siempre me dijo que era un mundo difícil. Desde muy pequeño aprendí que hay que trabajar mucho, que sólo con el talento no vale y siempre lo he visto como algo positivo porque nunca he intentado ser él o compararme con él. Mi padre fue alguien único en el mundo del golf. Y nunca me supuso ningún tipo de presión ni nada. Una cosa son las expectativas de la gente sobre mí y otra las mías, que eran altas, porque mi objetivo era llegar al Circuito Europeo, que por lo que sea no lo he conseguido, partiendo de la base de que es muy difícil, pero analizándolo ahora con más perspectiva siempre lo he visto como una ventaja», comenta el mayor de la saga Ballesteros, que abunda en que «jamás» ha tenido el mínimo recuerdo de «sentirme presionado o diferente a los demás por ser hijo de, principalmente porque nunca me presionaron en casa; me dijeron que había que entrenar y sacrificarse mucho, y eso hice, y que había que divertirse».

Alejandro Cañizares - Pablo Mansilla - José María Cañizares
Alejandro Cañizares y José María Cañizares, junto a Pablo Mansilla, presidente de la Federación Andaluza.

Más que presión, Cañi se desilusionó durante una etapa. «De crío era muy competitivo y mi padre era mi ídolo, pero luego tuve un parón con 9 años porque con hándicap 8 me ponían de amarillas cuando yo jugaba de blancas, en los pares 4 no llegaba de dos, perdí interés y dejé un poco de jugar hasta los 12-13 años. Y con 15 le hice de caddie en el Champions Tour un agosto entero y me impresionó tanto cómo jugaba con 51 años que me volvió a enganchar la competitividad y el ansia por el golf. Verlo era un espectáculo, fue un cambio para mí y empecé con el mono otra vez. Quería estar ahí, ser profesional». ¿Y has cumplido tus propias expectativas? «No, gracias a Dios porque tengo ansias de seguir. Mi padre de momento me va ganando por mucho, me está pegando una paliza que flipas, jajaja. Ahora mi motivación es aprender a disfrutar del golf, que es lo que me ha faltado estos años. Estos años ha sido una obligación y me ha creado mucha ansiedad y muchos problemas físicos. Y ahora mi meta es estar a gusto conmigo mismo en el campo porque sé que la competitividad con mi padre ya no es real, aunque nunca lo fue del todo, pero ya no es ni una imagen en mi cabeza. Él es un crack, jugó cuatro Ryder Cup, Copas del Mundo, ha ganado no sé cuántos torneos, mucho dinero en el Champions Tour… Una carrera increíble, pero yo no la necesito para sentirme satisfecho conmigo mismo, aunque eso no signifique que no sueñe con tener grandes éxitos, pero eso es cosa mía, no por mi padre», subraya el malagueño.

Javier admite los lamentos en su día por no obtener los objetivos pretendidos de ser un profesional del Tour, pero tampoco se fustiga: «Sí, en casa nunca nos impusieron jugar al golf, nos decían que había que hacer deporte, pero elegimos nosotros y yo me decanté por el golf y, sí, viéndolo ahora es frustrante no llegar donde quieres, pero es parte del deporte; mi padre siempre me lo dijo desde pequeño, que no es fácil llegar, y yo la verdad no me reprocho nada porque trabajé mucho, busqué soluciones para el swing o en el trabajo físico, y no pude, pero es cierto que es frustrante porque cuando te gusta el golf como me gusta a mí, lo bonito es poder dedicarte a ello y triunfar. Pero nunca fue una barrera el hecho de saber que era complicado».

Javier Ballesteros: «El trabajo no es negociable. Eso me lo dijo mi padre siempre desde pequeño y ese consejo se lo aplicaba a él mismo»

Desde luego, el espíritu del esfuerzo lo llevaba en los genes y fue el principal consejo que le dio Seve: «El trabajo no es negociable. Eso me lo dijo siempre desde pequeño y doy fe por entre 2000 y 2002, cuando yo tenía 10-12 años, muchos días a las seis de la mañana bajaba al gimnasio con mi padre, él hacía su rutina y yo enredaba por ahí, yo lo veía como algo divertido, pasar un tiempo con él. Luego, con el paso del tiempo, lo vi de otra manera, precisamente la que él me inculcaba, que el trabajo no es negociable y sólo había que ver que él al final llevaba cinco o siete años jugando bastante mal al golf, había ganado Majors, había sido número uno del mundo y seguía todas las mañanas currando mucho. Hay mucha gente que te da consejos pero no los aplica, pero mi padre sí que lo hacía», expone el hijo de Seve, ganador de cinco Majors y de 50 trofeos en el European Tour y el auténtico líder de la revolución del Circuito Europeo y de la Ryder Cup.

Javier piensa que le habría ido igual si hubiera sido una persona anónima en lugar de ser el primogénito de una leyenda y reconoce facilidades en sus inicios respecto a otros jugadores: «Tuve la suerte de jugar ciertos torneos del Circuito Europeo y del Challenge que por mi nivel no hubiese entrado. Como ya he comentado, ser hijo de, aplicado a mi caso, siempre lo he visto como algo positivo». Alejandro, que ha sido padre recientemente de su segunda niña, no cree que de niño se le abrieran muchas puertas por ser hijo de Jose María Cañizares porque ganaba torneos por Andalucía e iba convocado con la selección regional y luego en los equipos nacionales, aunque «sí es verdad que a través de mi padre, que llevaba el nombre del Club Valderrama en el Champions Tour y no cobraba por ellos, pude entrenar gratis allí desde los 15 años, junto a mi hermano Gabriel, porque es el acuerdo al que llegó con el señor Patiño, y para mí fue increíble practicar en uno de los mejores campos del mundo, era un privilegio».

Y llegamos a Tiger y Charlie. ¿Qué recomendaciones, sugerencias, consejos, advertencias le darían al jovencito aspirante a golfista profesional? «Es muy difícil porque él tiene una vida que ni me la puedo imaginar yo», matiza Cañizares. «Llegar donde su padre es muy difícil porque sólo ha habido uno o dos como Tiger en la historia. Le diría que juegue al golf por sí mismo y que encuentre la felicidad dentro del golf para él mismo, no para nadie, ni para justificar nada, ni para cumplir las expectativas de nadie. Que se centre, eso es muy difícil y para él más aún, que no le afecten las opiniones ni los ojos de los demás y que piense más en sí mismo y en lo que a él le hace feliz y le llena como Charlie Woods, no como hijo de», explica Alejandro Cañizares. Javier Ballesteros agrega: «Charlie tiene todas las herramientas para llegar a ser un gran jugador. Su padre y su entorno saben lo que es soportar la presión y las expectativas, e imagino que le estarán dando todas las herramientas para que pueda jugar bien. Evidentemente, el destino no está escrito y no se sabe si este chico llegará alto o no. Por lo poco que lo he visto por la tele, me parece que reúne todas las condiciones, tanto físicas como de swing, y mentalmente seguro que es muy bueno porque su padre se habrá encargado de ello. Sólo le diría que entrene mucho, que el trabajo no es negociable…».

Volviendo a otra estrofa de Cat Stevens: «No es hora de hacer un cambio; sólo siéntate y tómalo con calma; todavía eres joven, ése es tu defecto; hay tanto por lo que debes pasar; encontrar una chica, establecerte; si quieres, puedes casarte; mírame, soy viejo pero soy feliz». Father and son. Padre e hijo.