El viento ha aparecido con autoridad en Bay Hill y el torneo se ha puesto al rojo vivo. Viktor Hovland (-9) domina la situación después de entregar por la mañana el mejor resultado del día, un 66 de valor incalculable. Por la tarde, en condiciones bastante más complicadas, el auténtico titán ha sido Talor Gooch (-7), que con su registro de 68 se ha metido en el penúltimo partido del sábado, junto a un Rory McIlroy (-7) que ha lidiado como ha podido la situación para firmar unas tablas más que dignas con Bay Hill.
Había que jugar de cine al golf para hacer un 68 por la tarde: si la media de golpes en el turno matutino ya se había ido a 73,40, por la tarde alcanzaba los 75,28, una cifra ya casi escandalosa. Así que hay que seguir creyendo en Talor Gooch (Midwest City, Oklahoma, 1991), jugador que matemáticamente ha ido mejorando cada año (afronta en la actualidad su quinta temporada consecutiva en el PGA Tour), al trote, sin prisas ni irrupciones salvajes, que hace unos meses se estrenaba como ganador en el mejor circuito del mundo y que hoy llama a la puerta del top 25 mundial, o ya veremos si no llama a la de algún piso superior. Un jugador que todavía no ha aparecido demasiado en los Grandes, pero que el año pasado avisaba con un notable quinto puesto en el THE PLAYERS. Un golfista sólido por encima de todo, que no necesita descoserla desde el tee para llamar la atención (tampoco va corto el muchacho) y al que no es sencillo encontrarle fisuras.
Mientras Gooch jugaba a otra cosa (y eso que terminaba la vuelta con bogey en el 9, el único de su tarjeta) y Rory luchaba a brazo partido, otros candidatos iban resbalando hacia abajo en la clasificación. Hoyo a hoyo. Rough a rough. Zalatoris (+1) o Im (+1) entregaban un abultado 77, por ejemplo. Si Woo Kim (+1), Adam Scott (PAR), McDowell (PAR) o Kirk (+1) firmaban un 76… Pues bien, ni siquiera ellos están descartados para el triunfo final, tal y como andan de enredadas las cosas. Como no lo está Sergio García (+1), cuyo 70 matutino lo disparaba en la tabla (casi sesenta puestos ha ganado el español).
El torneo, por tanto, no puede estar más apasionante una vez alcanzado el meridiano. Por algún lado andará el Rey, Palmer, observando con atención y sonriendo pícaramente. Mucho más si tenemos en cuenta que mañana se espera viento a espuertas y por momentos muy fuerte, con rachas que podrán rondar los 40 kilómetros por hora. No hace falta ser un lince para entender que el hambriento y fornido rough de Bay Hill entrará aún más en juego y sólo resta por ver si los greenes se siguen poniendo cada vez más firmes (pardos ya, incluso a las ocho de la mañana), tal y como se prevé. No da la sensación de que los rectores de Bay Hill y del PGA Tour vayan a levantar la mano en este sentido con la preparación del campo.
Por todo esto, precisamente por todo esto, no hay que descartar todavía a nadie: no sería la primera vez que en encrucijadas de este tipo el liderato cae bruscamente y, sin embargo, algún iluminado es capaz de doblegar claramente al campo y de meterse en la lucha, viniendo desde las profundidades de la clasificación. No exageramos por tanto si incluimos en la ecuación a unos cincuenta aspirantes. Jon Rahm, por tanto, acampado a las puertas del top ten con su acumulado de -2, es uno de los principales. Suenan trompetas en Bay Hill que llaman a la épica. Y a la resistencia.



