Scottie Scheffler (-8) ha ganado el Memorial Tournament después de firmar un apurado 74 final en un Muirfield Village (Dublin, Ohio) inclemente, durísimo de pelar. Es su quinta victoria de la temporada, sí, pero quizá apabulle más todavía el dato viéndolo de esta otra manera: en los últimos ocho torneos que ha disputado ha ganado cinco, ha quedado segundo en otros dos y, vaya desastre, quedó octavo en otro más…
Al texano le ha tocado hoy sufrir, igual que al resto, en un campo que no dejaba absolutamente ningún margen al error, por pequeño que fuera, con los greenes más firmes. El desafío técnico y mental era mayúsculo, como lo será seguramente esta semana que viene en Pinehurst. Sólo once jugadores han ganado al campo en el acumulado de las cuatro rondas y tan sólo seis han entregado este domingo tarjetas por debajo del par… Pues eso: registros de un US Open a la vieja usanza.
Uno de estos seis valientes, además, marchaba en el partido estelar y se las arreglaba para llevar al límite al Número Uno del mundo, hasta el punto de decidirse el torneo en el hoyo 72 y en el último putt. Collin Morikawa (-7, vuelta de 71 golpes), que de él se trata, puede sentirse más que satisfecho, pues no son muchos los que pueden mirar a la cara a Scheffler hasta el mismo pitido final. Que Scheffler llegue al US Open como principal favorito al triunfo no es ninguna novedad, pero desde ahora mismo debería añadirse el nombre de Morikawa a la lista y reservarle un lugar privilegiado, porque el californiano, ya lo señalábamos ayer mismo, no dejar de emitir fantásticas señales. Es tiempo de Scheffler, es la era de Scheffler, pero ambos, Scottie y Collin, no lo olvidemos, saldrán el próximo jueves en busca de su tercer Grande.
La pregunta que todavía no tiene respuesta no es, por obvia, menos interesante: ¿hasta cuándo va a ser capaz Scheffler de ejercer semejante dominio? Sencillamente parece improbable que la racha triunfal se vaya mucho más lejos, pero por otro lado se hace imposible descartar a este jugador mientras su rendimiento no arroje claras muestras de decaimiento. Ahora mismo no es el caso, desde luego. Hoy ha firmado un 74, es verdad, pero también lo es que se le ha visto en un control razonable de la situación, a pesar de los apuros. Se ha dejado alguna buena ocasión por el camino, pero también ha embocado putts de par decisivos y delicados. El último, sin ir más lejos, desde algo más de un metro y cuesta abajo en el 18 de Muirfield Village, poco antes de estrechar la mano de un Jack Nicklaus encantado de incluir en el palmarés el nombre de este jugador de leyenda.



