El público norteamericano no ha tardado en darse cuenta de que seguir a Alejandro del Rey (-2) una vuelta de golf es como introducirse en un parque temático. Es lo más parecido a Disneyworld. Ves de todo y te lo pasas en grande. Ya en el hoyo 1 metí un putt de birdie de 18 metros. Así, fácil, para empezar. Primer US Open. Primer Grande. Un bautizo genial.
«Yo firmaba los dos putts y sufriendo…», aseguraba después Borja, gran amigo de Alex y su fiel y prudente escudero en la bolsa. Alex lo ratifica. «Cuidado que era cuesta abajo y con viento a favor… si se nos va la olla nos podíamos haber salido de green». Pero no, entró por todo el centro. No está a la altura del estreno de Eduard Rousaud en 2020, que la metió desde la calle en su primer hoyo, pero coincidirán con nosotros en que no está nada mal.
Ese putt de 18 metros sólo fue el principio. En el hoyo 6 llegó el golpe del día, con permiso de los dos hoyos en uno que se han visto en el 15, por obra y gracia de Matthieu Pavon y Sam Burns. De acuerdo, un hoyo en uno es casi imbatible, pero la realidad es que Del Rey ha estado a un par de palmos de hacer otro hoyo en uno… pero en un par 4. Así se las gasta el muchacho.
«Hemos llegado al tee y tenía bastante claro pegar la madera 3. Teníamos la distancia perfecta (254 metros) si conseguía enroscar el golpe, que es como nosotros le decimos cuando le quiero pegar fuerte. Por un momento hemos valorado jugar corto y no tirar a green, pero nada, ha sido medio segundo y siempre con la madera 3 en la mano. En cuanto ha salido del palo la he visto muy buena. De hecho, le he dicho a Borja, ojo que va fuerte y directa al hoyo. Sólo le he dicho bota fuerte para darle el impulso y después hemos visto que ha estado muy cerca de entrar. No había que decirle nada más», cuenta Alejandro. Realmente, desde el tee no se ve el final del golpe porque es un tiro ciego. «Me he llevado una gran alegría cuando he visto que no tenía que patear. Ha salido como tenía que ser: fuerte, seca y a la pepa», confiesa a Ten Golf con una sonrisa. Wilco Nienaber, su compañero de partido junto a Luke List, alucinaba. Nienaber, que no es precisamente manco en cuanto a pegada.
Pero ahí no queda la cosa. Del Rey ha dejado otro golpe para la galería en el hoyo 5. Desde el rough y debajo de los árboles ha conseguido llevarla a green. Además, en el 7 ha metido otro putt de 12 metros para par y en el 14 se ha soltado con el drive y le ha enseñado matrícula a Nienaber. Palabras mayores. Aunque matiza: «no ha sido la única vez. Si vamos los dos a morir en el campo de prácticas no tengo opciones de ganarle, pero en el campo, que yo voy más suelto le piso muchas. Con driver, eh, que con los hierros no tengo ninguna chance«, señala.
Del Rey se ha dejado alguna opción buena de birdie por el camino en los segundos nueve y el bogey del 14, tras el salidón, ha dolido. «Le ha faltado un metro al wedge para dejarme una buena opción de birdie, me ha dado rabia», apunta. Sin embargo, lo ha compensado rápido con un birdie de manual en el 15, embocando un putt de cuatro metros y medio. Eso sí, una cruel corbata en el 18 le negó la posibilidad de acabar como empezó, con otro birdie.
Ha sido un debut para enmarcar: 68 golpes y dos bajo par. «Lo he disfrutado y he tenido menos nervios de lo que pensaba. Me he encontrado cómodo y me lo he pasado muy bien con el público, es espectacular cómo jalean los buenos golpes sin importarles quién seas», asegura. Del Rey, desde luego, ha hecho que al menos hoy el dinero de la entrada les merezca la pena. Como para no jalear.
Por cierto, sus 68 golpes son el mejor debut de un golfista español en la historia del US Open. En relación al par iguala a Adri Arnaus, que firmó dos bajo en Pebble Beach en 2019 (un 69 porque era par 71). Un total de 18 españoles han jugado el US Open desde que Ángel de la Torre debutó en 1925. No es moco de pavo haberse estrenado mejor que nombres como Seve Ballesteros, José María Olazábal, Miguel Ángel Jiménez, Sergio García o Jon Rahm, por citar sólo algunos.



